Chilena o cueca tradicional. De acuerdo a las enseñanzas de don Fernando González Marabolí (Samuel Claro)

Chilena o cueca tradicional. De acuerdo a las enseñanzas de don Fernando González Marabolí (1994)
Samuel Claro
Ediciones UC
ISBN 978-956-14-1221-7
543 páginas
Precio referencial: $15.000
(Decarga desde www.memoriachilena.cl) 

“No cambio la cueca ni por la presidencia de la República”
Diego Portales
      En Chile existe actualmente (y hace un buen puñado de años), un renacimiento de la cueca como manifestación popular no solo dechilenidad, si no que de fiesta, de alegría; una apropiación de lo que nunca debió dejar de ser del pueblo, porque así nació y así fue concebido. Han sido muchos los factores que se han conjugado para que esto suceda, y uno de los principales es la existencia de este libro. En adelante, cuando me refiera a la cueca, entiéndase que lo hago particularmente a la forma musical.
      Fernando González Marabolí fue un matarife del Matadero de Santiago. Fue, además, un cultor y estudioso de la cueca, un hombre autodidacta, que vivió sumergido en la cueca que se bailaba en la urbe, la alguna vez llamada cueca centrina o simplemente chilena (o chilenera) hoy conocida ampliamente como cueca brava o también cueca urbana. Este hombre, inserto en el mundo donde “se cantaba a la rueda” y donde “la salida era por mano”, hijo de otro cultor, fue capaz de acometer el acto visionario de percibir que lo que pasaba en su entorno, que lo que veía en su día a día era un pequeño milagro, era algo que no tenía parangón y que, una vez notó que comenzó a extinguirse, se abocó a recopilar todo el conocimiento que hizo posible que este fuera salvado. Es, entonces, quien tiene el mérito de haber transformado en palabra escrita todo aquello que no era más que parte de una oralidad popular que se iba perdiendo, arriesgando desaparecer por completo.

Cuando Diego Portales dijo “no cambio la cueca ni por la presidencia de la República” se refiere a las cuecas de las fondas de la Independencia. Estas no tienen relación con esa parodia circense que hoy difunden los conjuntos folklóricos, porque esta deformación colonialista no es ni la más mínima sombra de lo que fue el canto de la chingana.

      ¿Qué contiene este libro exactamente? Las conversaciones que tuviera Fernando González Marabolí con Samuel Claro (musicólogo de amplío reconocimiento, hasta el punto que un prestigioso premio lleva su nombre al día de hoy). Esto fue la unión de dos mundos completamente distintos, pero no opuestos: por una parte el de la Academia, el de la cultura de los salones, universidades, de quien tiene los conocimientos suficientes como para justipreciar críticamente los valores musicales a los que es expuesto y, por otro lado, su perfecto contrario: el hombre popular, que hizo su vida rodeado de bulla, inmerso en una tradición ancestral a la que entregó su vida, dueño del conocimiento interminable que una oralidad riquísima le proporcionó.
La verdadera poesía es la que nace de la música cantada. A pesar de que los sonidos también son voces, la abundancia de belleza está en la poesía, que es un arte que cubre todos los siglos y llena todas las épocas, porque desde el lejano día que cambiaron el sonido en sílaba le dieron nacimiento a la poesía, la cual no es mas que música que habla. (pág.108)

 

      En esta mancomunión de dos mundos se logró que aquel hombre sencillo pudiera desarrollar toda su visión, su cosmovisión acerca de la cueca chilena en un documento bien estructurado, donde hace un rastreo de los orígenes de la cueca, sus influencias, estructura, la forma en la que debe cantarse y abordarse. Es, para él, lo más cercano a la religión, pero no a una religión evocativa, si no a una altiva, guerrera, que debe respetarse profundamente. Nada más alejado del folclor en el desarrollo que hace González Marabolí; en él la cueca es la vida misma.

Yo he escuchado cantar desde cabro chico y siempre estuve observando que por qué entraban así la segunda y tercera voz, por qué el que hace tercera no hace segunda voz, no anima, no sabe cantar. Pero cuando me puse a leer ahí empecé a entender más la cuestión. Por qué tanta complicación y por qué él que no lo hace así no sabe. Y cuando ya entendí la música de 16 metros, ahí se aclaró todo y empezó la relación. Descubrí la música de 16 metros porque los árabes entonan igual la daira antes de cantar. (pág. 113)

 

     En la segunda parte de este libro, tanto o más extensa que la primera, se encuentra el trabajo de decenas de años de Fernando González Marabolí, ese que haría que a cualquier persona se le reconociera en la historia cultural de un país (y es por eso que repito tanto su nombre, para que no se le olvide ni valore en menos de lo que corresponde), que fue el de recopilación de cuecas que se tocaban y cantaban en Chile, todas aquellas que él conoció y oyó cantar, siendo en total más de mi, y de las más diferentes temáticas. Esa sola labor es de por sí titánica, y de ella echan mano nuevos grupos cuequeros al día de hoy para reflotar una tradición que alguna vez amenazara de apagarse.
 
      Hay muchos “pequeños” temas a los cuales valdría bien la pena dedicarles un espacio en esta brevísima reseña. Solo por dar algunos ejemplos: la forma de cantar a la rueda, donde los cantores se ubicaban en círculo y los diferentes grupos iban entonando una y otra cueca, en turnos, donde el último le lanzaba una “entonación” al siguiente, quien debía “sacar una cueca” conforme a esa “daira”. Aquí se producián reales encuentros entre diferentes grupos rivales, una encarnada lucha a través del canto, desde donde los grupos o “lotes” iban afiebrándose entre el trago y el palabreo de la cueca, resultando no pocas veces en peleas a muerte a cuchillazos. Y las mismas temáticas de las letras de estas cuecas recopiladas, perfecto lugar donde estudiar sociologicamente a sus antiguos cultores, así como sus letras, parte de una tradición añosay por lo mismo casi imposible de rastrear en su origen seguramente colonial.
      Es un trabajo tan cabal, desmesurado, hermoso al mismo tiempo que apasionado, que es muy difícil que en tan pocas palabras se pueda aglutinar. Es por una parte probablemente el más importante cancionero dela tradición y, por otra, el estudio más acabado de esta forma de la cueca, desde su historia y su estructura a su forma de ejecutarse. Es, como decía, toda una cosmovisión.
     Es el grial para cualquiera que quiera penetrar seriamente en el entendimiento de esta forma de cueca y, a la vez, documento y rescate primordial de toda una forma de expresión oral y sociabilidad.
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