La pesadilla del mundo (Simón Soto)

La pesadilla del mundo (2015) La pesadilla del mundo

Simón Soto (1981)

Montacerdos

ISBN 978-956-9398-09-4

164 páginas

 

“Ese es justamente el problema”, dice la protagonista del relato “Las flores del espacio”, “que estoy en la cumbre, y las cumbres, si no sabes manejarlas, pueden llevarte al abismo”. Esa misma idea podría aplicarse a la construcción de cualquier texto literario que busque, de forma premeditada, elaborar narraciones llenas de contrapuntos, tensiones que estallan y giros radicales. Los siete relatos que componen La pesadilla del mundo, del escritor y guionista Simón Soto, recientemente publicado por Montacerdos, transitan en torno a personajes con vidas torcidas, en donde la ambición, la mentira o el delirio actúan como móviles que los trascienden. De ahí que, actuando como telón de fondo de una cotidianeidad enrarecida, súbitamente rota, esté la pesadilla o el horror, la impotencia o la locura.

El volumen abre con “Madre”, donde un joven comunicador audiovisual narra las vicisitudes a las que se enfrenta al entrar al mundo de la televisión, mientras en la intimidad de su hogar mantiene una sórdida relación con una madre que, desde la penumbra, manipula al personaje de cuestionable madurez, bordeando lo pusilánime. Inevitable no recordar —ya que lo cinematográfico se nos ofrece implícitamente como un campo con el cual es susceptible establecer un diálogo— a figuras emblemáticas como la madre muerta del hotel Bates, o a la anciana decadente de “La pianista” en la versión de Haneke. El panorama que Soto va creando responde a esos núcleos familiares en donde las relaciones simbióticas bordean lo patológico. A pesar de que el final resulta un poco infantil, la atmósfera de opresión enfermiza funciona. Tono similar al que se utiliza para el segundo relato, “Felicidad conyugal”, en donde es nuevamente el espacio de lo privado el que se va destruyendo paulatinamente a base de omisiones, desconfianzas o excesiva seguridad. El universo de estos cuentos es, digámoslo así, un terreno en donde todas las certezas son desarticuladas dejando a los personajes sin otra opción que el pasmo y la resignación.

Mención aparte merecen “La hoguera”, “Flores del espacio” y “La pesadilla del mundo”, relato que da nombre al libro. En el primero, que es en cierta medida una relectura de la figura del forastero rural en clave conflicto medioambiental, Soto crea una atmósfera interesante, en donde una pequeña comunidad intenta hacerle frente a un proyecto que busca la explotación de recursos naturales en una especie de locación perfecta para un western. En este caso, el fundo La Hoguera, que el protagonista recibe como inesperada herencia. Lo que importa, sin embargo, es esa tenue frontera entre civilización y barbarie, propia de los relatos de las llanuras, en donde la violencia comienza a carcomer cualquier posibilidad de diálogo. En “Flores del espacio”, en cambio, una chica obsesionada con la magia y el escapismo intenta un arriesgado truco en donde el vértigo aparecerá como una especie de droga que aplasta el tedio de la urbe. “¿Y yo? ¿Qué era? ¿Cómo me asomaría al abismo? ¿Cómo regresaría?” (121), se pregunta la protagonista, mientras atisba que “el futuro (…) es una pastilla o un sicario esperándonos a la vuelta de la esquina”. Finalmente, “La pesadilla del mundo”, a mi juicio uno de los cuentos mejor logrados del conjunto, se plantea un diálogo abierto con Moby Dick y El corazón de las tinieblas: un ex soldado del ejército, recluido en una localidad costera, es de pronto solicitado para una extraña misión: encontrar al coronel Fernando Cáceres, extraviado desde los 80 en los mares australes. Soto crea su propio Kurtz y Marlow, y hace del horror de la dictadura el telón de fondo para una narración que roza con el género fantástico. “Pero el mundo ejerce su boicot y destruye nuestros planes. ¿No te parece que a veces el mundo quisiera sólo reírse de nosotros?” (136), anota en un momento el narrador, mientras la expedición va tornándose cada vez más pesadillesca.

Las cumbres de estos siete relatos son más bien oscuras, llenas de nubarrones y un rumor constante de tormenta. “La pesadilla del mundo” logra una coherencia temática y no cede un ápice en construir personajes que están siempre en disputa con un mundo hostil y unas circunstancias en donde las posibilidades de perder(se) siempre son mayores que las de triunfar.

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