Cynthia Rimsky: “Cada día me interesa menos el campo de la literatura y más lo que esa literatura permite”

El lunes 20 de abril de 2015 11:08, Cynthia Rimsky escribió:

Estimado Nicolás, lamento no haber contestado de otra forma las preguntas de tu cuestionario, este año cumpliré 53 y, tal vez por eso, cada día me interesa menos el campo de la literatura y más lo que esa literatura permite; leer el mundo.
Te mando entonces mis respuestas, eres totalmente libre de no publicarlo pues mis respuestas no contestan directamente ninguna de tus preguntas aunque a mi modo de ver las contestan todas. No tengo energías en este momento para ponerme a pensar en tus preguntas, en realidad, ya las he contestado muchas veces y ahora me interesan otras cosas de la literatura y no su parte “gremial”, me interesa mucho la escritura políticamente pero en otro sentido. Cariños,

Cynthia.


Autora de las novelas Poste restante (2001), La novela del otro (2004), Los perplejos (2009), todas editadas por Sangría Editora, y de Ramal (2011), editada por el FCE, Cynthia Rimsky hace eco de su propia literatura, de su propuesta literaria, para recorrer caminos aledaños y llegar al mismo fin, como si se tratase de un ramal de una línea principal por la que se niega a transitar, recordándonos cuán importante es el concepto de viaje en su obra. En esta ocasión, nuestra entrevistada nos contesta de una manera peculiar, metaforizando sus respuestas, ficcionalizando, como si fuera inevitable, cada una de nuestras curiosidades.

Hemos decidido publicarla porque es justamente ese escape de la convencionalidad el que nos cautivó. Con esto queremos dar a conocer su obra, así, en bruto.

 

Por: Nicolás Campos

 

1.- Una banda, una película u otra obra (que no sea un libro) que haya tenido un impacto decisivo en lo que escribes.

Creímos que la cabaña quedaba a 7 cuadras del río de la Plata por la costa uruguaya pero eran 7 kilómetros, así que nos encontramos con que no teníamos dónde ir salvo esa única calle que terminaba en otra que llegaba al río, pero antes estaba la escuela y la escuela tenía la puerta abierta. En los pastelones de la entrada, dibujadas con tiza tres rayuelas, una conducía al cielo, otra al paraíso y la tercera eran números.

2.- ¿Qué piensas de la categoría “escritor joven”?

María se acercó en silencio a la ventana de una sala de clases con su cámara de fotos para grabar el sonido de la clase. Una escuela sin rejas y con la puerta abierta me pareció un sitio arqueológico, y entré como se entra a las ruinas, con reverencia y sospecha. En ambas paredes del hall había un fichero con un organigrama subrayado con regla y, del otro lado, el retrato —pintado por un ex alumno— de un profesor atormentado; me sorprendió que el paso de los pequeños hacia el saber estuviera contenido por esa delirante intensidad.

3. Una breve descripción de cómo son tus jornadas de escritura y lectura.

La galería daba por un lado a las aulas y por el otro, al ventanal que miraba al patio. En la primera sala una profesora hacía dictado; los alumnos estaban con la cabeza gacha sobre sus lápices detenidos, pensando cómo se escribía aquella palabra y,  al buscar inspiración en la ventana, me pillaron. Avergonzada por mi intromisión, pensé en huir, pero la profesora salió presurosa a presentarme a la directora, quien dejó a sus propios alumnos para llevarme a recorrer, como en un museo, las salas. En ningún momento me preguntó qué hacía ahí adentro, y, avergonzada por haber transgredido la entrada, le expliqué que era escritora. La mujer encontró natural que, siendo escritora, me interesara saber cómo es una escuela rural y me contó con orgullo que la semana anterior los había visitado una delegación de fotógrafos norteamericanos.

4.-  ¿La envidia y el resentimiento juegan algún papel en tu trabajo? ¿Cuál?

Las salas de clases estaban alineadas de mayor a menor grado. A medida que descendía hacia el primero básico, el picante olor al cloro con el que la mujer fregaba y refregaba los baños que estaban al final, me llenó las narices. Por un fenómeno difícil de comprender, pues las ventanas de todas las salas tenían el mismo tamaño, del cuarto a tercer grado y de este al primero disminuía drásticamente la luz que venía del exterior; y cuando llegamos a la sala de los más pequeños, solo se distinguían sus siluetas, no sus rostros.

Escuela en Riachuelo Foto: María Aramburú
Escuela en Riachuelo
Foto: María Aramburú

5.- ¿Cómo ves el estado de la crítica literaria en Chile? ¿Lees crítica literaria?

La última sala que me mostró —omitió la cocina y los baños— fue el comedor. Consistía en varias hileras con largos mesones que corrían a lo ancho del cuarto donde comían juntos, como en un regimiento o  en una cárcel, todos los estudiantes. Pero lo más sorprendente y que me llenó de emoción, fue que estaban cubiertos por manteles, manteles de algodón. Esos chicos iban a una escuela pública y almorzaban sobre un mantel igual al que la madre ponía en sus casas.  ¡Y esa delicadeza salía del presupuesto nacional!

6.- Háblanos de algunos lineamientos de tu —permítenos llamarla así— poética. ¿Qué imágenes o preguntas o temas se reiteran en tus libros? 

Cuando regresamos por el pasillo, en la sala donde la profesora hacía el dictado, los chicos guardaban ya sus cuadernos con el aprendizaje del día. En el pizarrón estaba escrito con plumón una larga lista de palabras: eran los nombres de todas las cosas que los niños veían en el camino de su casa a la escuela, y que ahora estaban aprendiendo a escribir.

7.- ¿En qué clase de escritor rehusarías convertirte? ¿Hay alguna forma de aproximación a la literatura que veas en nuestro mundo literario que te provoque rechazo?

Junto a la pintura del profesor atormentado había un papel con la historia. En ella se contaba que era su esposa, directora de la misma escuela, quien hizo grandes aportes a la educación, sin embargo, él obtuvo el reconocimiento. Le dije a la directora que me parecía un acto de machismo. Ella me contestó que eran situaciones de la época, y aunque insistí, ese nombre no estaba entre las cosas que veía en el camino de su casa a la escuela o no sabía cómo escribirlo.

8.- La distribución de los libros ha cambiado: aumentó el influjo de las editoriales llamadas independientes. ¿Qué ves de bueno y malo en este escenario? 

Dejamos atrás la escuela para seguir por el camino de tierra que conducía al río. En lo alto de una loma había una cancha de fútbol profesional muy bien mantenida. María me mostró dos casetas de concreto, exactamente iguales, ubicadas simétricamente a un costado de la cancha, y dentro de las que había una hilera de asientos para que los ocuparan el entrenador y los jugadores de reemplazo de ambos equipos. Me resultó increíble que en ese lugar apartado hubiese tanto respeto por dos equipos aficionados.

Escuela en Riachuelo Foto: María Aramburú
Escuela en Riachuelo
Foto: María Aramburú

9.- Algunas editoriales cuyos catálogos te llamen la atención. 

En vez de acercarnos a la cancha, subimos un par de peldaños; a la izquierda, junto a la reja perimetral, había una caseta de vigilancia abandonada, en la ventanilla quedaba una calcomanía con el nombre del club propietario de la cancha: Huracán. María, que es argentina, me contó que Huracán es un nombre común en los clubes populares de su país y de Uruguay.

10.- Se suele hablar del pésimo hábito lector del chileno como un correlato del alto precio de los libros: ¿cuál es tu posición al respecto? 

Pero lo que más nos llamó la atención fueron unos juegos infantiles en ruinas desde los que se podía seguir el partido de fútbol. El avance de la naturaleza sugería que hacía años que nadie se preocupaba de advertirle que ese espacio estaba habitado.

11.- ¿Qué estás leyendo ahora?

En primera fila quedaban las ruinas de una hilera de columpios para niños de corta edad y, un poco más atrás, los columpios para jóvenes y adultos. Sentimos un escalofrío ante el espectáculo de la catástrofe. Nos preguntamos qué habría pasado. No había sido enterrada junto a la gente como en Pompeya, no los había destruido la civilización para construir juegos modernos. ¿Qué les había ocurrido a quienes disfrutaban de ir allí los domingos a ver jugar fútbol mientras se columpiaban?, ¿por qué habían dejado que el tiempo les cayera encima?, ¿dónde estaban ahora?

12.- Parece haber cierto consenso generalizado en torno a ciertas obras decisivas en la formación literaria en general (los clásicos de siempre: Cervantes, Homero, Borges, etc.): ¿podrías nombrar cinco títulos que no entren en esta categoría y que hayan sido fundamentales para ti?

Mientras María filmaba el vaivén del único columpio que permanecía entero, yo me preguntaba cómo había ocurrido aquel abandono paulatino en manos del tiempo. ¿Por qué a un columpio se le cayó inmediatamente el asiento y otro lo conservó pendiendo de un tornillo? ¿Por qué otro perdió una de las cadenas que lo sujetaba al caño y otro solo contaba con las dos cadenas?, ¿y el que tenía todavía uno de los triángulos que sujetaban la tabla a la cadena? Todos los columpios habían envejecido distinto, me pregunté si acaso el tiempo no hacía lo mismo con nuestros cuerpos y hasta con nuestras obras.

Escuela en Riachuelo Foto: María Aramburú
Escuela en Riachuelo
Foto: María Aramburú

13.- Un autor o libro clásico que te pareció decepcionante. 

Encontramos uno de los asientos entre la hierba. Nos preguntamos por los otros. No podían haberse desintegrado. Quizás los usaron para una fogata en la playa del río. Personas que en su niñez o juventud se columpiaron ante un partido de fútbol trascendental de la zona, pasaron por aquí y al ver que podía haber algo para quemar, se los llevaron.

14.- Hay una frase, atribuida a Malraux, que señala que en París había intelectuales que no sabían ni abrir un paraguas. ¿Cuál es tu relación con el trabajo convencional? Si no fueras escritor, ¿qué estarías haciendo hoy?

De tanto escarbar entre los escombros, había olvidado dónde estaba. Me alejé unos pasos para abarcar la cancha de fútbol, las casetas de los jugadores, la escuela, los juegos, la cabina de vigilancia… me encontré con que eran las partes de un relato. En la cancha jugaban los padres, los tíos, los primos de los niños que estudiaban en la escuela. Si trabajaban toda la semana, iban allí los sábados y domingos acompañados por sus familias. Mientras ellos corrían tras la pelota en la cancha, sus esposas columpiaban a los hijos menores, seguramente conversaban entre ellas, mientras más atrás, los mayores vitoreaban a los jugadores de su equipo o se enamoraban en los columpios y los balancines bajo la mirada del vigilante que a todos conocía y cuidaba. Cuando el partido lo ganaba uno de los equipos, se retiraban todos y volvían al pueblo para almorzar. Para mantener el lugar habían organizado un club al que aportaban una cuota mensual y, cuando se necesitaba hacer un arreglo extra, organizaban una kermesse o una fiesta; punto aparte eran las elecciones anuales de la directiva; en la historia de Huracán hubieron presidentes mejores que otros, todavía en algunas casas los viejos recordaban anécdotas memorables.

15.- Para bien o para mal nos estamos quedando sin vates, sin figuras totémicas como lo fueron Lemebel, Bolaño, Millán, etc. ¿A quiénes te imaginas encumbrados en esa posición? 

La destrucción no provenía de un terremoto, de un incendio o de una erupción. Lo que allí se había roto era una visión. Los jugadores habían perdido el interés o estaban tan pauperizados por la economía capitalista que dejaron caer el plano general. O fueron sus esposas las que comenzaron a aburrirse de ir a verlos jugar con los niños y de conversar con las otras mamás, o los jóvenes encontraron otra diversión. Y la mirada que antes alcanzaba para armar un sistema de convivencia, hoy les alcanza únicamente para velar por los 45 metros de ancho y los 90 de largo de la cancha de fútbol.

16.- ¿Qué otros autores te interesan y crees que deberíamos entrevistar aquí?

Betina Keizman, porque escribe tanto en Chile como en Argentina y me parece interesante recibir la influencia de una cultura que todavía mantiene viva las ruinas de un proyecto colectivo.

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