El adversario (Emmanuel Carrère)

El adversario (1999)

Emmanuel Carrère (1957)

Anagrama (2000)

ISBN 978-84-339-7715-1

176 páginas

 

El adversario de Emmanuel Carrère en estricto rigor no es una novela, tampoco una crónica ni un ensayo periodístico; es, más bien, un relato que se queda en el camino intermedio entre una y otra cosa, tal como en Limónov (publicación cronológicamente posterior).

Jean-Claude Roman, el protagonista de esta historia, es un hombre real, un francés que efectivamente existe. Es conocido por un atroz hecho criminal: en el año 1993 mató a sus dos padres, a sus hijos y a su mujer, prendió fuego a su casa y luego intentó suicidarse. Peor aún, ni siquiera se trató de hechos temporalmente sucesivos, sino que se tomó su tiempo entre un asesinato y otro, se mantuvo por horas viendo televisión en la casa donde arriba permanecían los cuerpos sin vida de su mujer e hijos, viajó hasta el domicilio de sus padres para terminar el crimen, volvió y quemó la casa intentado hacer parecer todo un accidente. Luego de pasar una semana en coma lo negó todo, trató de inculpar a un desconocido de aquelos crímenes y cuando la investigación se concentró en él comenzó a cambiar de historias, incluso de formas ridículas, hasta finalmente confesar su completa culpabilidad.

Pero aquel hecho sanguinario, por sí mismo, no reviste mayor particularidad (a riesgo de sonar cruel, lo cierto es que escenas similares, diferentes solo en el grado de crudeza, aunque siempre dolorosas para quienes las sufren, pueden verse semana a semana en los noticiarios). Lo realmente especial de este caso es que este hombre cometió todos esos crímenes al darse cuenta que su mentira sería o estaba siendo descubierta, de forma inminente e inevitable ¿cuál mentira? Toda. Toda su vida era una mentira. Su familia (padres, mujer, hijos), amigos y conocidos pensaban que era un reputado médico que trabajaba para la OMS dedicado a la investigación, cuando lo cierto es que jamás llegó a pasar el segundo año de medicina, simplemente porque no se presentó a rendir los exámenes finales. Tenía un tren de vida —hacia la parte final— más bien suntuoso, pero no tenía ningún tipo de ingreso fijo. Por el contrario, pasó años y años de su vida gastando el tiempo, las horas supuestamente laborales, estacionado en aparcaderos o caminando por algunos senderos de un bosque. Sus economías se sustentaban en fuertes sumas que logró obtener, en diferentes momentos, de su familia o amigos, bajo promesa de depositarlos a un excelente interés en su propia cuenta bancaria en Suiza, cosa que también era mentira o, dicho de otro modo, de sucesivas estafas a personas de su círculo de confianza.

El verdadero Jean-Claude Romand

 

En suma, lo curioso del caso, lo realmente particular es que este hombre logró desarrollar toda una existencia simulada, una vida suntuosa, engañando incluso a su mujer e hijos (mujer que, además, era farmacéutica, cosa que hace todavía más particular que haya logrado engañarla respecto a su profesión), sobre absolutamente todos los aspectos de su vida. Este hombre fue el que, acorralado en sus engaños, decidió poner fin a las vidas de todos aquellos a quienes había engañado de forma directa, solo porque sabía que nadie aceptaría la verdad: que él no era nadie, nada de lo que ellos pensaba que era.

El adversario es una especie de investigación periodística y una muestra curiosa de nuestra vida moderna. Carrère aparece en el libro, él lo relata, va contando cómo se enteró del caso y cómo se puso en contacto con Jean-Claude Roman. A la manera de Truman Capote en A sangre fría, va relatando no solo los hechos y el proceso judicial, sino que también la forma en que fue construyendo una relación con Roman con el fin de escribir precisamente este libro, incluso hay extractos de las cartas que le llegaban desde la cárcel. Pero no es una crónica del crimen ya que, otra vez, Carrère no pretende ninguna objetividad, no se limita a constatar los hechos, sino que se inmiscuye en la subjetividad de Jean-Claude Roman, reconstruye algunos de sus supuestos pensamientos y emociones y desde ahí logra entrar en el terreno de la ficción.

Emmanuel Carrère
Emmanuel Carrère

 

Carrère es un autor francés que, gracias a esta “novela” junto a Limónov, ha conseguido una cierta reputación. No obstante los aplausos que ha recibido, queda la impresión que la suya es una literatura que descansa su peso casi totalmente en la historia que relata más que en la conformación de un texto literario, es decir, importa mucho más lo curioso o particular de su personaje histórico, lo violento de su vida (acá Jean-Claude Roman, antes Edward Limónov) que lo que Carrère logra hacer con él, porque lo cierto es que no los lleva mucho más lejos de lo que son o han sido, no construye mucho más allá, sino que son esos personajes en bruto quienes dan empuje al relato. Cierto es que mientras siga encontrando personajes así de potentes en la vida real, de forma tal que golpeen más inmediatamente al lector al considerar que se trata de alguien que existe efectivamente, seguirá teniendo lectores, pero es mi impresión de que se trata de una fórmula que puede agotarse rápidamente, y que Truman Capote lo supo mucho antes que él, y que por eso no se dedicó a seguir a criminales en la cárcel una y otra vez.

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