El Reino (Emmanuel Carrère)

Reseña enviada por:

Pablo Cabaña Vargas

 

El Reino (2015)

Emmanuel Carrère (1957)

Anagrama (2015)

ISBN:978-84339-7932-2

520 páginas

El impulso que tuvo Emamnuel Carrère para llevar a cabo la investigación que desembocó en este libro, fue intentar responder a la siguiente interrogante: ¿Qué ha llevado a que una creencia basada en un conjunto de sucesos a primera vista inverosímiles que el hijo del Hombre naciera de una virgen, que resucitara al tercer día y tuviera la facultad de hacer ver a los ciegos y caminar a los tullidos, se haya convertido, una vez institucionalizada como religión, en la construcción cultural más influyente y poderosa de la humanidad, tanto así que 2017 años después, su vigencia y proyección no aparece realmente amenazada ni por las ideologías, otras creencias, el materialismo o el nihilismo?

Carrère, experto en elaborar relatos sobre la base de hechos reales que lo obsesionan el médico falso que mata a toda su familia una vez que se descubre su embuste en El adversario, y la agitada y multifacética vida del entrañable Edward Limónov, símbolo de la Rusia brutal y eterna, en esta oportunidad intenta responder dicha pregunta a partir de su experiencia personal como adolescente escéptico, luego como adulto católico, para retornar al agnosticismo mientras escribía este libro; y, además, como lector, intérprete, traductor y comentarista de los cuatro evangelistas: Mateos, Marco, Lucas y Juan.

Todo partió con una crisis existencial, en este caso la de un profesional culto, refinado, de clase acomodada, racionalista y tolerante, recién separado y proclive al alcohol, al que la fama no le ha llegado como debería, pues su talento tantas veces anunciado no ha pasado de ser el balbuceo de una eterna promesa. En ese momento de vulnerabilidad, reaparece el recuerdo de una mujer que le abrió las puertas de la meditación y la religión, un amigo al que pinta como un sabio tranquilo y silencioso que sentencia con la misma eficacia y poder que Jesús, todo lo cual desemboca, como es previsible, un una adhesión desmedida al cristianismo, casándose por la Iglesia con su nueva mujer y bautizando a uno de sus hijos como Juan Bautista.

De la mano de esas anécdotas, el autor nos pasea por los orígenes históricos de los textos bíblicos y la apasionante búsqueda por desentrañar su autenticidad, distinguiendo entre fuentes directas, de oídas, documentos sin origen conocido o rescatados luego de mucho tiempo, tradiciones orales, aportes propios del respectivo evangelista y, en especial, deteniéndose en el talento de los dos personajes esenciales de esta historia: Pablo y Lucas.

El primero, orador aguerrido, evangelizador austero y ascético, que con su ejemplo de insobornabilidad y de aguante físico y moral, terminó inventando y dando forma al cristianismo, instalando sus ritos, símbolos y configurando la imagen de un Jesús al que, vaya paradoja, nunca conoció. El segundo, que tampoco conoció al profeta, fue un médico culto y helenizado, que vió en esta facción del judaísmo que adoraba a un galileo que hacía milagros y resucitó después de ser crucificado, una visión del mundo que valía la pena seguir y difundir mediante la palabra, apelando a un talento narrativo que logra dar vida al personaje literario Jesús, con sus actuaciones y frases para la posteridad, las que leídas hoy y en cualquier momento, denotan una inteligencia superior y un carisma atribuible ya sea el verdadero Jesús-personaje histórico, o a la pluma excelsa de este tal Lucas o de sea quien sea quien plasmó sus enseñanzas.

Vale decir que la admiración del autor hacia Lucas es profesional, de escritor a escritor, por la forma en que este último narra la infancia de Jesús, sus prédicas, las parábolas y la aparición del profeta una vez resucitado, pues no se limita a contar los hechos con frialdad o afán propagandístico, sino que a escenificar cada momento, para generar en el lector un efecto de recogimiento, impacto y reflexión.

Las posibles respuestas a la pregunta inicial son diversas: la inédita inversión de valores y paradigmas que plantea el cristianismo (no hacer al otro lo que no quieres que te hagan, amar al prójimo como a ti mismo y ante una agresión poner la otra mejilla); apelar especialmente a los desvalidos como destinatarios del mensaje (ya que esta nueva idea no era ni para los inteligentes ni los ricos); apuntar a lo emocional y afectivo por sobre lo preceptivo y racional (mi reino no es de este mundo); el afán de trascendencia y el miedo a un final definitivo e irreversible (en eso las religiones no juegan muy limpio), o y ésta es mi propia interpretación, a la fuerza de los escritos en que se basa dicha religión, complementados por diversos teólogos e intelectuales, generando una crónica y una poética que repetidas como mantra en los templos del mundo, han logrado configurar y definir la existencia de personas de distintos lugares, orígenes sociales, ideologías, cultura y grados de riqueza.
En ese sentido, nos dice el autor “En aquel tiempo quería impregnarme de una verdad, de la VERDAD, y hoy intento desmontar los engranajes de una obra literaria”.

Como sustento a esa cita, Carrère nos entrega su propia traducción de los siguientes pasajes atribuidos a Jesús…sólo les pido que lean desprejuiciadamente:

“¿A qué es semejante el reino de Dios? A un minúsculo grano de mostaza que un hombre ha arrojado en su jardín. Germina sin ruido, sin que nadie lo vea, y después crece, un día se convierte en un árbol grande y las aves del cielo anidan en sus ramas”

“Los últimos serán los primeros, los primero serán los últimos”

“Escuchar mis palabras y ponerlas en práctica es construir sobre piedra: si sopla el viento y cae la lluvia, la casa resistirá. Escucharlas y no ponerlas en práctica es edificar sobre arena: cae la lluvia, los torrentes se desbordan, el viento sopla, todo se desploma”

“Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen. No juzguéis y no seréis juzgado. Porque con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? Saca primero la viga de tu ojo”

En esa aparente simpleza, extraordinario poder de metáfora y de síntesis, está el germen de muchos procesos de conversión, los que si bien tienen el carácter de personalísimos e inaccesibles, encuentran su origen o punto de apoyo en el verbo, en un pasaje del texto revelado o en una oración repetida con disciplina, hipótesis que entiende a la perfección Carrère, convenciéndonos que aquellas fuentes de conocimiento y de sentido gozan de una presunción de buena literatura, si consideramos que para millones de personas lo que ellas cuentan y sobre todo cómo lo cuentan, tiene un enorme valor trascendente, y para los que se aproximan a esos textos en términos laicos, éstos poseen un invaluable valor humanista y estético, que son, al parecer, los mayores elogios que puede recibir cualquier narración.

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