Nascimento. El editor de los chilenos (Felipe Reyes)

Nascimento. El editor de los chilenos (2014)
Felipe Reyes (1977 – )
Mínimo común ediciones (2014)
ISBN 978-956-9129-09-4
300 páginas
Precio referencial $12.000
Mis esfuerzos han sido compensados porque he logrado que el libro chileno se imponga. Nuestros autores son grandes escritores en cualquier punto del país. Tienen una materia prima que permite esperar grandes valores para el futuro. (pág. 20)
Chile es un país que no posee una gran industria editorial. Históricamente tampoco ha sido muy distinto. El nuestro es un país muy poco lector en el que —a pesar de los discursos públicos y declaraciones de buenas intenciones— más bien parece que la literatura y los libros pierden cada vez más terreno en vez de recobrarlo. Es así como cualquier intento editorial de conformar un catálogo del cual enorgullecerse comparte espacio con el de las quijotadas. Y así como nuestra historia literaria da cuenta de pocos proyectos editoriales de envergadura, nuestra literatura tampoco se ha abocado con demasiado interés a estudiar qué ha pasado con nuestra producción del libro; de tiempos recientes solo se me viene a la mente Editado en Chile, de Paula Espinoza y este, por lo que ambos se sitúan en la posición de dar cuenta del desarrollo en nuestra nación de esta sensible función cultural.
Nos gustaba nuestro trabajo, lo cual es una buena explicación de porqué lo hicimos. La decisión de mi padre de editar principalmente autores chilenos fue un reflejo genuino de su amor por este país. Su obra y la de Empresa Nascimento fue una obra de amor, hecha con amor. (pág. 281)

Carlos George-Nascimento, el hombre y personaje, fue un portugués que se avecindó en Chile en el año 1905. Sin conocimientos del oficio, pero con una inmensa vocación de la que el tiempo daría cuenta, luego de años de su llegada a Chile se hizo cargo de la librería Nascimento, ubicada en calle Ahumada 265, la que crecería bajo su dirección, sumando una editorial e imprenta propia, hasta conformar uno de los catálogos más impresionantes de escritores chilenos —si no el que más— que editorial ninguna ha conseguido hasta ahora en Chile. Entre sus nombres se reúnen gran parte de los premios nacionales de literatura (Manuel Rojas, Eduardo Barrios, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Huidobro, Parra, etc.) y en sus prensas se imprimió, muchas veces por primera vez, a autores que desde ahí lograron la difusión y reconocimiento que el tiempo les daría.
Nascimento, el editor de los chilenos, da cuenta justamente de la historia de aquel hombre y de la editorial que fundó. A través de un relato ameno se va construyendo la vida de Carlos George-Nascimento, que durante decenas de años entroncó y caminó de la mano con la historia de nuestra literatura.
Es así como, sin restringirse a una relación cronológica, sino que subyugando el desarrollo del libro a temas y personajes, el autor Felipe Reyes va historiando la narración de la vida de Nascimento, repletándola de imágenes y descripciones tomadas de libros y novelas de la época en que se ocupa, buscando con esto que nos pongamos tras la óptica del personaje retratado. De la misma manera, y en  este abandono de las cronologías, Reyes impone un relato que aprovecha el eje que significaron muchos de los autores más importantes editados por Nascimento, el aporte de Eduardo Barrios, Marta Brunet, Gabriela Mistral, Luis Durand, María Luisa Bombal.
Amigos míos, no les parecerá bien a ustedes que yo hable sobre eso terrible y rápido que ocurrió en la ciudad hace un año exacto. Tal vez a ustedes no les parezca bien, pero yo solo deseo que no les parezca mal, demasiado mal. A mí, que nunca hablo demasiado, bien pueden dejarme que hable un poco ahora: a nadie en la vida molesté bastante. Ustedes, eternos bondadosos, dicen que el olvido es bueno, pero yo les repito —ya se lo dije el otro día cuando hablamos— que recordemos mucho, demasiado, rabiosamente, antes de olvidar un poco. (pág. 230)
Resulta evidente que la intención del autor no es totalizadora: no pareciera querer ni abarcarlo todo ni tener siquiera la pretensión de agotar el tema, más bien, con la óptica y punto de vista que ha tomado, ha dado un buen pie de inicio para que, ojalá en futuras investigaciones, se profundice y avance.


El libro cierra con una cuota de nostalgia y hasta un tono apesadumbrado ante la extinción de este gigante editorial (gigante no en el sentido mercantil, sino que por su relevancia literaria). Este libro es un bello análisis de los puntos más altos de la historia de un hombre y la editorial que llevó su nombre, bajo la cual se aunaron y materializaron los mayores esfuerzos por destacar nuestra literatura nacional y sin la cual, seguramente, se habrían perdido grandes nombres de nuestras letras. Se trata de una publicación que busca y consigue hacer justicia a nombres, esfuerzos y momentos sin los cuales decir nosotros no tendría el mismo significado que si esos nombres, esfuerzos y momentos no hubiesen existido.
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