Un reflejo en el agua movido por el viento (Felipe Reyes)

Felipe Reyes (1977)

Un reflejo en el agua movido por el viento (2019)

Lumen

162 páginas

ISBN 978-956-8856-93-9

 

Parece una ironía que a los escritores se les ocupe para ficcionar. Que sus vidas sean un relato posible. O que, dentro de esas vidas excesivamente biografiadas, autobiografiadas y hasta hiper fotografiadas, se les filtren anécdotas, eventos o sucesos registrados lateralmente en esos libro oficiales y no oficiales. Un reflejo en el agua movido por el viento, nueva publicación de Felipe Reyes, lo hace. Siguiendo su línea de trabajo más investigativa de la cual han surgido libros descollantes como la biografía Nascimento, el editor de los chilenos (Premio Escrituras de la Memoria, 2013) y Walsh, reportero en Chile 1970-1971 (Ventana Abierta, 2018), pero añadiendo más de su propia cosecha.

El libro comienza con dos epígrafes, ambos claves para entender el libro, cito el segundo: “Entrar en el autor, instalarse en él, reproducirlo en sus diversos aspectos, hacerlo vivir, moverse y hablar como él lo hacía; seguirlo en su interior y en sus costumbres domésticas lo más adelante que se pueda, atarle por todos lados a la tierra, a su existencia real, a sus hábitos de cada día”. Charles Sainte-Beuve, de Los cuadernos de Sainte-Beuve. Acá es importante mencionar a qué autores elige Reyes: son tanto narradores nacionales de la talla de Manuel Rojas, González Vera, Nicomedes Guzmán, Marta Brunet, Poli Délano; poetas como De Rokha, Neruda, Rosamel del Valle, Díaz-Casanueva. Latinoamérica, Estados Unidos, Europa. Todos autores legendarios, por decir lo menos. Todos autores muertos, al menos los protagonistas.

La naturaleza híbrida del libro permite que la reconstrucción de los relatos se mueva con fluidez. Se destaca sobre todo el cruce de autores o celebridades (de ahí el subtítulo del conjunto: Encuentros y desencuentros literarios), como en el texto que abre el libro: una competencia de tejos por una garrafa de chicha entre el equipo Rojas-González Vera y De Rokha-Neruda; Nemesio Antúnez topándose en un campus universitario con, en ese momento, la mente más brillante de la humanidad; una joven Elizabeth Bishop reuniéndose por gracia de su bibliotecaria con una extravagante Marianne Moore. El libro incluye archivos e imágenes referenciales para muchos de los textos incluidos en el conjunto, no obstante, no cita fuentes. Reyes esconde las referencias para evitar ese bibliografismo academicista y dotar de rapidez y autonomía sus relatos.

En defensa de los profesores, El señor Cäsar, Lowell sin pantalones, Las cadenas del amor, Maestro conciso, y Un padre comprensivo son algunos de los textos destacados del conjunto. La mayoría son semblanzas breves de estos autores, que no alcanzan a funcionar como mini biografías. Sin embargo, nos revelan a sujetos convertidos casi en personajes de sí mismos. Quizá haya que decir que las elecciones de Reyes están influenciadas por autores que lograron cruzar una línea para convertirse en personajes, en una época donde la vida de los escritores era tan admirable como muchos de sus libros. Un Chéjov preocupado por los profesores de la Rusia zarista, un Robert Walser burlándose de sí mismo, un Lowell patético y descontrolado, un Roberto Artl enamorado e intenso, un Juan Rulfo que nunca salió de sí mismo, un tierno Nicomedes Guzmán cuyo amor por su hijo era tan conmovedor como cualquiera de sus novelas.

Un reflejo en el agua movido por el viento de Felipe Reyes es un hermoso y breve paseo por esos escritores y escritoras que admiramos, sin morbo, sin romanticismos, sin excesos.

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