Los detectives salvajes (Roberto Bolaño)

Reseña remitida por: 
Jonnathan Opazo Hernández
 
Los detectives salvajes (1998)
Roberto Bolaño (1956 – 2003)
Anagrama
ISBN: 9788433966636
609 páginas
Precio referencial: $15.000
 
Déjenlo todo
Láncense a los caminos
 
      La literatura latinoamericana es diversa y variopinta en sus ofertas. No peca para nada de exigua ni menos de aburrida. Como quien diría, hay para todos los gustos. Y en este carril, quizás sentada ahí al lado de Rayuela, o bien al lado de los Cien años de soledad de García Márquez, nos encontramos a este pequeño bastardo-cosmopolita de una América Latina convulsionada pero creativa. Por sobre todo creativa.
      Y es que quizás Los detectives salvajes no sea más que un retrato muy pormenorizado del ciudadano chileno-argentino-nicaragüense-Mexicano-etc., angustiado y creador en su máxima expresión. No es casualidad que la gama de personajes con los que nos vamos encontrando a lo largo de los distintos escenarios geográficos como Barcelona o México D.F. estén de alguna manera ligados al mundo de la literatura, la fotografía o la poesía. Desde destacados vates como Octavio Paz hasta jóvenes poetas mexicanos que tratan de hacerse un puesto en revistas literarias y de todo tipo para poder ganarse el pan. En estos términos no es arriesgado apostar que esta novela es un verdadero manifiesto político y estético, una forma de pararse frente a una realidad vertiginosa y cambiante, cruenta a ratos, hambrienta también.
 
          Dividida en tres episodios —”Mexicanos perdidos en México”, “Los detectives salvajes” y “Los desiertos de Sonora”la historia gira en torno a los dos creadores del movimiento real visceralista, Arturo Belano y Ulises Lima, alter-ego literario de Roberto Bolaño y de su amigo, el poeta mexicano Mario Santiago Papasquiaro, narrada desde siempre desde afuera, desde distintas perspectivas, cada una con sus peculiares características. En ningún momento toma la palabra Belano ni Lima. Son siempre retratados desde una óptica distante, que solo es capaz de velar aquello que ella misma posee —¿no es acaso lo que pasa en toda relación humana posible?— dejando entrever una campo cuya sombra siempre pareciese ser más profunda que el territorio que se nos presenta. ¿No es acaso la profundización de esa sombra lo que logra esta escueta reseña? Esperemos que así sea para que ustedes mismos logren internarse en un diálogo personal con el texto, un texto que, a mi parecer, tiene esa cualidad de seguir siempre en movimiento a pesar de los límites que la narración impone, al igual que Rayuela, en donde no importan tanto el final como el proceso mismo de la lectura y el involucramiento en la misma.
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