La literatura nazi en América (Roberto Bolaño)

Literatura nazi en AméricaPor: Pablo Cabaña Vargas

La literatura nazi en América (1996)

Roberto Bolaño

Anagrama

ISBN: 9788433977700

244 páginas

Los personajes y la estructura de la La literatura nazi en América, tienen como antecedente los caracteres infames y eruditos de Jorge Luis Borges, los protagonistas de las Vidas imaginarias de Marcel Schwob, y los personajes grandilocuentes y obsesivos de La sinagoga de los iconoclastas, de Juan Rodolfo Wilcock.

¿Dónde radica entonces la particularidad de esta obra? En que los rasgos que convierten a este grupo de escritores nazis en caricaturas enajenadas y dignas de compasión, se acentúan a causa del origen latinoamericano de la mayoría de ellos, otorgándole un ethos desmesurado, trágico y florido a sus vidas, las que son retratadas en capítulos breves y compactos que condensan lo mejor de sus biografías, siendo cada uno de ellas verdaderos gérmenes de novelas de los cuales se puede extraer distintas hebras que podrían configurar un relato mayor, definitivo, como lo fueron Los detectives salvajes y 2666, océanos que fueron alimentados por las novelas menores de Bolaño.

Cada uno de los poetas que protagonizan esta narración, tiene un proyecto literario ambicioso y excesivo, una visión del arte trascendente y destinada, en su alucinada proyección mental, a dejar una huella en la historia; sin embargo, tales empresas van acompañadas de una concepción de la sociedad excluyente y restrictiva, que dirige su odio visceral disfrazado de ideología hacia los países limítrofes, negros, judíos y cualquier esbozo de librepensamiento, enarbolando las banderas de la raza aria, la pureza de la sangre y el origen mitológico de sus creencias.

Entre todos ellos, cómo olvidar al humilde profesor sureño Pedro González, autor de poemas que reivindicaban la supremacía aria; al escritor chileno-alemán Willy Schurholz, nacido en Colonia Dignidad y autor de planos en tamaño real de campos de exterminio nazi; al piloto de la FACH Ramírez Hoffmann, quien mediante acrobacias aéreas dejaba en el cielo frases que aspiraban a la inmortalidad, mientras, a ras de suelo, se dedicaba a torturar y asesinar compatriotas; y los inolvidables hermanos Ítalo y Argentino Schiaffino, hinchas de Boca Juniors, hooligans latinos, enigmáticos y fundadores incansables de revistas de divulgación poética.

Dicho esto, ¿cómo explicar esa aparente y paradójica contradicción entre la búsqueda de la belleza y la perfección, y una visión del mundo en que solo algunos tenían derecho a habitarlo?

La respuesta se encuentra en Bolaño y su obra, la que en términos generales reflexiona acerca de la relación dialéctica entre cultura-civilización y barbarie, o en torno a la errada creencia según la cual la primera puede contrarrestar a la segunda, pues sus narraciones dejan de manifiesto que los ejecutores o promotores de las formas más excelsas de arte, pueden ser, a su vez, los autores de los actos de brutalidad más infundados, demostrando, con tozudo escepticismo, que el arte es absolutamente inútil como antídoto contra la violencia y la reacción, y que en cada uno de nosotros conviven la pulsión creativa y el germen de nuestra propia destrucción.

¿Qué rol juega entonces la cultura y el arte en todo eso, si las miserias de la naturaleza humana están democráticamente repartidas entre todos los pueblos, sin importar su grado de civilización o bienestar? ¿Qué puede hacer la cultura y al arte frente a los miles de cadáveres producidos por la Segunda Guerra Mundial o ante los cuerpos de mujeres mutilados en el desierto mexicano, para seguir caminando por los terrenos del autor?

La literatura de Bolaño es, también, un entramado conspirativo policial y literario, en que la sombra de Jorge Luis Borges y Ricardo Piglia se asoma a cada momento, pues en sus páginas se vinculan fluidamente la belleza, la corrupción, la alta cultura y el lumpen, a través del desfile de prostitutas, hampones, asesinos, eruditos y juntacadáveres, que van en busca de algo que nunca queda muy claro qué es, un objetivo que los impulsa a estar en permanente y desesperado movimiento, en pos de la belleza, del verso definitivo y la trascendencia literaria.

De igual forma, un aura de tragicomedia y de hilarante pesimismo circunda a estos personajes, a modo de compensación frente a sus vidas truncas, marcadas por caídas estrepitosas, derrotas permanentes y afanes inútiles, y por el inevitable tránsito entre la soberbia inicial y la decadencia final de cada uno de los personajes de esta novela, a quienes, pese a todo, Bolaño trata con afecto y ternura, y con el matiz siempre refrescante del humor y la ironía, herencias de uno de los héroes reconocidos del autor, Nicanor Parra.

A mediados del año 2003, Bolaño devino en leyenda. Sería ingenuo pensar que ello ocurrió por casualidad e involuntariamente, ya que si algo tuvo siempre presente nuestro novelista, fue una irreductible autoconciencia respecto a la construcción y proyección del  Bolaño-personaje, convirtiendo su vida en un mito, en una suma de aventuras y experiencias hiperbolizadas con el objeto de darle mayor coherencia a su obra. Así, está el Bolaño poeta maldito y padre de familia, ejemplo de consecuencia y valentía, cuidador de un camping, poeta hiperrealista marcado a fuego con la impronta de los creadores que ya sea por falta de oportunidades o tozudez, aprenden la técnica de un arte sin guía, basándose en el instinto para trascender, influenciar y obsesionar a sus lectores.

Sin embargo, esa misma autoconciencia respecto a que su literatura abría caminos e influía hasta el extremo del plagio, lo hacía sentir amargamente —como buen conocedor de la historia de la literatura—, le hacía pensar que probablemente su lugar sería el olvido o, en el mejor de los casos, el estante de los grandes escritores menores.

El tiempo dirá cuál será su lugar. Cuáles de sus obras trascenderán. Difícil aventurar un destino cuando aún la moda sigue vigente, cuando su rostro melancólico, su cigarro eterno y sus lentes enormes y ciruclares forman parte de la publicidad a la manera de los retratos de Andy Warhol, algo así como una versión rockstar de Bolaño.

Al término de la ambiciosa y monumental 2666, Bolaño —a través de la historia de un personaje menor dentro de la narración— hace una verdadera declaración de principios, ya que el personaje nos dice que pasará a la historia no por sus éxitos literarios o logros estéticos, sino por su historia de vida, plagada de mitos y aventuras, pero consecuente, plenamente vivida, sabiendo que más importante que el resultado y la esquiva inmortalidad, era vencer el miedo y superar los límites autoimpuestos, o, como alguna vez dijo el chileno, tener el valor, sabiendo que vas a ser derrotado, de salir a pelear.

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