Oficinismo (Denisse Valdenegro Durán)

Oficinismo (2019)

Denisse Valdenegro Durán (1986)

Montacerdos ediciones

112 páginas

  

Inaugurando la colección de cómics de la editorial Montacerdos aparece Oficinismo, la compilación de parte del trabajo que Denisse Valdenegro Durán (Buin, 1986) ha venido publicando en internet y fanzines que le han valido, como afirma Jonnathan Opazo en la contratapa, una secta secreta de lectores que siguen y comparten sus viñetas por redes sociales.

El libro abre con un prólogo de Freddy Merkén que marca un poco el tono que atraviesa todas las viñetas: la de un humor cercano a la autoflagelación, el absurdo, la mezquindad y la crítica a la falta de sentido que reina en nuestro cotidiano. Dividido en pequeños apartados, presentando a una serie de personajes que irán siendo regulares en las páginas, Denisse va armando un universo propio muy reconocible. Los primeros en salir son los animales de trazo realista, entre los que destacan los osos hípsters y existencialistas que reflexionan sobre la conciencia, el entretenimiento; se mofan de la petulancia seudointelectual, recreando situaciones jocosas por lo cercanas y absurdas que parecen vistas desde la perspectiva de un animal, como en el caso de la sección “¿Qué hace los caballos cuando no corren?”.

El siguiente apartado, País de poetas, es por lejos la mejor sección de libro: una burla desopilante a la fauna literaria metropolitana. Desde el borracho que quiere parecer profundo y escribe versos atribuyéndose cierta sublimidad, hasta la superficialidad que se respira dentro de las lecturas públicas, donde los autores se ultraadjetivizan. Los dibujos van allí donde el pitutismo, lo chabacano, el lobby y la misoginia se filtra sutilmente en la convivencia de poetas, evidenciando un contraste de superficialidad casi grotesca. Así, los grandes poetas nacionales se convierten casi en un souvenir que los turistas pueden comprar en las ferias artesanales, los libros son un camino para alcanzar el éxito y se habla de todo, menos de literatura. Vemos la farandulización de la poesía en su máximo esplendor.

El libro cierra con la sección que le da nombre al libro, donde aparcan los personajes más reconocibles y constantes del cómic que están en permanente sobrevivencia en el sistema laboral y social. Momentos rata o situaciones en que uno se ha visto apremiado por la precariedad económica. Desprecio por el trabajo y por el abuso. Apremios donde “cualquier micro me sirve”. El ratón Ramón merodeando en el régimen económico nacional, aprovechándose de las circunstancias.

Las caricaturas de Oficinismo no deslumbran por la calidad de su arte gráfico más que por sus ideas, su humor mordaz y paródico. Por el oído privilegiado para captar situaciones y llevarlas a un par de trazos que merodean la miseria de vivir con lo justo, pergeñar del resto. Desmantelar dobles discursos a través del humor, que se toma más en serio las cosas que la seriedad impostada de la actual moralina. Oficinismo es un libro necesario que, en vez de complacer al lector, lo maltrata con su humor lacerante. Pero estamos en confianza y ahí el hueveo se aguanta.

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