Texto de presentación de “Polvo de ladrillo” de Andrés Urzúa de la Sotta, por Luz María Astudillo

El siguiente es el texto de presentación del poemario Polvo de ladrillo de Andrés Urzúa de la Sotta, que preparó y leyó la también escritora Luz María Astudillo

 

La celebración de la derrota: tres notas sobre Polvo de ladrillo, de Andrés Urzúa de la Sotta

Uno: 0/15

“Lo intentaste. Fracasaste. No importa. Sigue intentándolo. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.” Samuel Beckett

 

Esta cita del autor irlandés no es casual. Son palabras que lleva tatuadas en su antebrazo el tenista suizo Stanislas Wawrinka desde la primavera del 2013, momento que algo gatilló en su carrera. Desde 2008 que Wawrinka se dedicaba profesionalmente al tenis y hasta ese 2013 se sentía estancado en los top 10 del ranking ATP, su nombre era símil al tipo de jugador que siempre estaba a punto del éxito, sin embargo, cualquier detalle arruinaba todo.

Es en ese momento cuando toma decisiones drásticas: cambia de entrenador, deja su casa para irse a vivir a un hotel e incluso cambia su nombre en el circuito: pide que lo llamen Stan y se tatúa la cita de Beckett. Después de todo esto gana el Abierto de Australia en el 2014 y en el 2015 se corona como el mejor en Roland Garros. ¿Por qué el tenista suizo, siempre a la sombra de su compatriota Roger Federer, ve en ese tatuaje un mensaje esperanzador? Quizás por la misma razón que Andrés Urzúa, en su libro Polvo de ladrillo, reconoce en la derrota el origen y fin de toda nuestra vida. Puede sonar pesimista, pero podría apuntar a la redención del fracaso. Un estado necesario para en algún momento, aunque sea breve, alcanzar el triunfo: “No juegas para ganar, sino para aprender a persistir”, dice uno de estos poemas que hablan de la derrota como un habitual. Porque el éxito suele no ser de este mundo. Y eso, en este libro, es algo que está bien. Lo que no deja de ser extraño, ya que el objetivo de un deporte, y en este caso del tenis, es ganar. Pero en Polvo de ladrillo el triunfo siempre es sospechoso.

 

Dos: 0/30

Este libro está dividido en cinco sets, como el tipo de partidos tenísticos más complejos, no solo por el desgaste físico sino por el desgaste emocional que significa estar centrado en una sola cosa por tanto tiempo. Ese desgaste emocional es el que recorre todo el libro, que se inicia con la evocación de la peor tragedia ferroviaria ocurrida en nuestro país: Queronque, en febrero de 1986, donde fallecieron más de cincuenta personas. Una pelota de tenis abandonada entre los fierros da paso a poemas que son testimonios de las voces de algunas víctimas del accidente. Estas son voces que reflexionan sobre el deporte blanco, como fantasmas encargados de hacernos recordar que la vida es un juego en el que siempre estamos destinados a perder.

Al mismo tiempo, este texto también es capaz de invocar anécdotas de algunos tenistas que conocemos o que deberíamos conocer: el slice de Sergio Cortés; la gran Anita Lizana celebrando en La Moneda, cuando fue número uno del mundo, sin saber todo lo que vendría después; la agresión, en pleno partido, a Mónica Seles en el Torneo de Hamburgo en el año 1993, suceso que eventualmente truncaría su exitosa carrera. Fragmentos que nos recuerdan siempre que el triunfo es solo una palabra de siete letras.

Andrés Urzúa, con la precisión de la mejor derecha del circuito, describe su infancia en el Club de Tenis de Limache. La historia de muchos que estuvieron ahí y ya no están, de los que perdieron aún en el triunfo. Habla el espacio, que en un momento contuvo un centenar de historias y termina siendo un lugar que quedó atrás, aplastado por la modernidad y la privatización: “Hasta que un día llegué con mi raqueta de madera y me detuvo un guardia en seco, apuntando a un letrero metálico con el índice de su mano derecha: propiedad privada / prohibido el paso”.

 

Tres: 0/40

“Al entrar /a la ducha //después /del partido //la arcilla /desciende //como sangre /entre las piernas”, dice el poema Toma 2. Este libro tiene la facultad de ser más que un anecdotario sobre el tenis chileno. Se encarga de tomar una historia individual y sumergirla en la historia nacional. Chile es un país de derrotas y catástrofes, en el que a veces se respira un aire denso. Pero también hay momentos en que pareciera estar tocado por una luz majestuosa. Así también es el deporte, que pareciera ser un termómetro de lo que nos sucede. Y que a veces parece adelantarse, como la arcilla que se asemeja a la sangre, a todas las derrotas por venir.

Luz María Astudillo es licenciada en literatura por la Universidad Diego Portales. Ha trabajado como editora en la revista literaria Grifo y en Cuadro de Tiza Ediciones. Ha publicado, como poeta, Cajita americana (Cuneta, 2012) y Litoral (Cuadro de Tiza, 2014). Como traductora ha publicado Últimos poemas de Anne Sexton (Cuadro de Tiza, 2014) y La guerra de los zorros de Richard Siken (Cuadro de Tiza, 2017). Es coautora del libro Estrellas Rojas: vidas extraordinarias de deportistas chilenas (Planeta, 2019).

 

 

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