Papel (Shin Dal-ja)

traducción Kim Un-kyungPapel (2012)

Shin Dal-ja (1943)

Editorial Bajo La Luna

Traducción de Kim Un-kyung

 

“Si quieres cortar un árbol, mátame a mí primero”, les gritó Julia Butterfly Hill a las compañías madereras que en las costas del norte de California intentaban talar un bosque de secoyas, especie única de cedro japonés. El bosque de Headwater en el que Julia subió a un árbol de más de mil años de vida (y que valía cerca de cien mil dólares para los usureros) es el único lugar que queda como hábitat de esa especie. La historia de la activista aparece en un poema que se titula “Mujer Mariposa” y es parte del libro Papel de la surcoreana Shin Dal-ja (1943). La cita inicial puede leerse como el gesto que cruza el libro: la defensa radical del papel como soporte vital de la práctica de la escritura.

Shin Dal-ja se propuso en algún momento escribir una serie de poemas sobre su relación escritura-papel. Así lo declara en la presentación de su libro, un prólogo corto en que menciona las atribuciones que para ella tiene este material omnipresente en las antiguas civilizaciones. Todas las metáforas posibles caben en una hoja. De allí que sus poemas, nacidos de una intención determinada, refieran a muchas cosas al mismo tiempo. En tiempos en que la tecnología invade y se apropia de las formas de expresión y creación artística, Dal-ja se atrinchera en el papel como una forma de habitar su poesía.

En los primeros poemas del libro la hablante mira a este material como un espejo, tantea así su cuerpo como sus emociones, encontrando similitudes de mujer como se lee en el poema “Pechos”: “¿Hay pechos en el papel?/ ¿Tiene dos grandes pechos?/ ¿Hay leche de pecho de la madre/ que cría a los insensatos y a los malnacidos?”. Así estos poemas aluden al cuerpo de la mujer, atribuyéndole incluso la fertilidad propia de parir, de la tierra y de la mente como un campo de siembra. Dal-ja juega a un origami de posibilidades en que la materialidad de la hoja, folio, lámina, papiro, pliego o superficie trazable por un lápiz son el vientre de incubación y vagido de una manifestación.

En el poema “Papel blanco I”, la visión de este material toma tintes románticos. Se le concibe como un lugar sin dimensiones. Las medidas de ese espacio (como un templo sagrado) serán las medidas del cuerpo y el espíritu del intruso que las pise, como se lee en la página 19: “La eternidad es aplastada por la primera pisada/ Con la segunda pisada el pasado y el presente se juntan abriendo un único camino”. Del tono de canto ceremonioso pasa a lo prosaico y biográfico al contar su primera experiencia que enlaza papel, el ser niña y mujer, de manera permanente: “Echando llave a la puerta, me froté con el papel/ No era pellejo roja sangre/ ni mucho menos flores/ Ofreciendo al papel la primera devoción caída,/ ofreciendo al papel la primera vez que fui mujer/ La relación con el papel/ no se pudo cortar ni con la muerte” (pág. 20).

Más adelante alude al origen material de algunos libros, mostrando también la crueldad humana que los fabricó de las maneras más violentas imaginables: “En holanda en el siglo XVI/ desollaban cadáveres de esclavos o prisioneros/ para elaborar hojas con las que se hacían los libros/ la piel humana de 0.41 milímetros es aterciopelada/ y resultaba agradable pasar las páginas del libro” (pág. 31). La brutalidad y la sutileza aparecen en el mismo ademán. El estupor invade al lector a través del detalle técnico casi de forense, de las características del papel humano donde el grosor y su textura son características elogiables. Por otro lado, en el poema El camino del papel se traza una pequeña historiografía de su origen, diferentes usos, sustancias, conflictos y necesidades que cubría. El libro intenta dar cuenta que, pese a todas las vicisitudes de la historia y las culturas, los seres humanos nunca dejaron de producir este invaluable material.

El deseo de saber, de evadir, de replicarse en ese otro constructo que encarna el papel. Shin Dal-ja pone entre paréntesis y exalta ese idealizado fondo de la página en blanco, pero también se atreve a mancharlo, cambiar su trasfondo, regar sus matices. Puede mostrarlo como una superficie negra imposible de penetrar por los poetas, pero también como el baño donde las gaviotas cagan, el vehículo de la civilización o la amenaza de deforestación.

Papel es un libro de pliegues, visiones frontales y reversos de la expresión humana sobreviviendo a los tiempos de las pantallas, tal como dice Dal-ja en su poema Vida: “No digas que las anotaciones exageradas son solo para probar/ No intentes cubrir las faltas con el término experiencia/ No digas que es arte la falta de comunicación recíproca// Ese folio ya no lo puedes usar”. Tan convencida como la Mujer Mariposa, se encarama al papel para protegerlo de los que vaticinaban la extinción de los libros.

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