Poesía temprana y Poemas bolcheviques (José Ángel Cuevas)

Poesía temprana (2018)

José Ángel Cuevas (1944)

Editorial Montacerdos

118 páginas

 

Poemas bolcheviques (2018)

José Ángel Cuevas (1944)

Biblioteca de Poesía Pablo Neruda

88 páginas

 

A cuarenta años de su primer libro, la prolífica producción de José Ángel Cuevas le ha valido ser uno de los poetas más importantes de los 80. Cuenta con más de tres antologías desde su forzada ópera prima en 1979 (por la persecución de agentes de la DINA), y varias publicaciones en otros países. El Pepe, como es conocido por todos quienes lo han leído, ha sido imparable en su escritura, conservando una voz única que se repite en el sinnúmero de libros que tiene a su haber.

Poesía temprana (Montacerdos, 2018) toma las primeras publicaciones del autor que hasta el momento no habían sido reeditadas, cosa rara pues en ellas se encuentran gran parte de sus hits. El libro en cuestión reúne Efectos personales y dominios públicos (1979), Contravidas (1983) y Poesía retro (compilación que toma poemas dispersos en fanzines publicados en el periodo del 67 al 77). Allí Cuevas ya da cuenta de una voz particular: desde sus primeros poemas consolida a su hablante, definiendo una voz que encarna a toda una generación y es reconocible no solo por ser un testimonio vivo, brutalmente honesto, crítico y nostálgico de los exiliados internos, también por la capacidad que tiene para desplegar una voz coral, eco de las muchedumbres, con una maestría inigualable.

Efectos personales abre con el mítico poema “Mundial del sesentaidós” y se divide en tres apartados, entre los que destaca el tercero, por prefigurar uno de los libros más importantes del autor: Introducción a Santiago. En ese libro Pepe Cuevas demuestra que no solo es el exiliado interno nostálgico y quejumbroso (como se le ha catalogado) que registra la debacle de un Proyecto País (otro de los libros míticos del Pepe), sino que maneja la sintaxis popular, los dichos y costumbres, juegos, deformaciones y piruetas de un lenguaje de factura nacional que fascinó a Raúl Ruiz hasta sus últimos días.

Leemos del poema “Materiales de memoria pública”: “Este largo tiempo de república./ Un costillar con ajo picantísimo./ Unas pantrucas con su huevo caído./ Una cazuela de pavita./ Un vinito con harina tostada./ Todo sucede según el peso de la noche./ Y yo, no sueno ni trueno./ Y yo, no voy ni a cañón./ Señor, usted es un pichiruchi./ ―Y usted es un huasamaco./ ―Y usted anda más perdido que el teniente Bello.”.

En Contravidas se instala con fuerza la voz del ex-poeta, una figura que aúna vida y obra de un autor que escinde su biografía en el antes y después del Golpe. Consciente de ese tránsito de la vida a la poesía, con el ímpetu beat que caracteriza sus textos y libros más rockeros, los poemas del libro se pueden dividir entre las poderosas invocaciones a las alegres muchedumbres en las calles, hasta las imprecaciones al funesto presente que es consumido (valga doble el verbo) poco a poco por la cultura neoliberal.

Leemos de “Un tipo de la época”: “Haré un recuento/ Setenta; una montaña se detiene junto a mi ventana/ Setentaiuno chispazos de alegría colectiva./ Setentaidós, un fantasma recorre el territorio/ gente se congrega en las plazas públicas/ Setentaitrés. La ciudad estalla, no pertenezco/ a mí mismo.”. En Poesía retro la voz de wurlitzer se afianza. Poemas que hablan de la vida cotidiana, de amor, de resistir, de la ciudad despojada, de frustración y pena por el derrumbe paulatino de todo un proceso popular, cultural y político. Pepe reincide en la figura del poeta derrotado, pero nunca baja la mirada ni niega la realidad: como en la saga de Díaz Eterovic, la figura de Heredia semeja a la del ex-poeta porque permanece activo pese a la catástrofe, haciendo lo que sabe hasta las últimas consecuencias.

Poemas bolcheviques (Biblioteca de Poesía Chilena Pablo Neruda, 2018) es parte última de este recorrido. Una poética afianzada en la propia figura, en el hablante como personaje de sí mismo, que ha surfeado los nuevos tiempos. Una voz que ahora vive parodiando el lenguaje del mercado, la alienación progresiva de la población, atacando el reparto de Chile. Cuevas persiste en los cantos del poeta hablándole a una multitud indiferente, nos da pequeñas lecciones de sindicalismo, calle, historia de Chile, exhortándonos a prestarle atención, aunque sea en sordina.

Leemos de la página 30: “Que todos los bares/ detengan su río de alcohol/ para que pueda besarte/ a través de los aparatos de TV en circuito cerrado”, o de la página 44: “Oye/ a ustedes no los conmueve/ un poemita chileno. No, no./ Ustedes quieren cueca, sí. OK./ Se ven cuáticos/ saliendo de oficinas/ donde laboran”.

La mirada de Cuevas sigue siendo tremendamente crítica del proceso chileno post-Golpe, su diagnóstico, pese a los años, no ha cambiado, pero sí su mirada, la forma en que tiene de abordar el presente político y social: con el mismo rechazo que al comienzo, pero con la distancia que le permite apropiar su lenguaje y desajustarlo, poner en ridículo toda su superficialidad. Pepe Cuevas no sigue tocando la misma nota, pero continúa cantando desde su misma vereda, ya más consciente que nunca de su fracaso, de lo limitado de su voz, una más que se ahoga en la multitud de luces.

Leemos en el poema de la página 52: “En los barrios mi alma nómade/ enclavada en el período del vacío nacional/ Porque mi situación actual/ no le interesa a nadie.”.

Poesía temprana y Poemas bolcheviques demuestran la vitalidad y tremenda vigencia que sigue teniendo el expoeta José Ángel Cuevas.

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