Arresten al santiaguino! (Mario Verdugo)

Reseña remitida por:

Pablo Cabaña Vargas

 

Arresten al santiaguino!

Biblioteca de autores regionales (2018)

Mario Verdugo (1975)

Overol

ISBN: 978-956-39667-21-3

170 Páginas

 

Si bien la estructura y temática de este libro no son novedosas —la descripción concisa de una galería de escritores entre reales y ficticios ya estaba en Borges, Schwob, Wilcock y Bolaño—, su originalidad radica en que estos personajes efectivamente existieron y son chilenos (y provincianos, que es más o menos lo mismo).

El gesto de sorpresa que proporciona Arresten al santiaguino! cuando buscamos en Google los nombres que lo componen, al constatar que son de carne y hueso y tienen biografía oficial, y la prosa amena y llena de referencias cultas y pop que enhebra cada una de las anécdotas, lo convierten en una fuente de placer que logra mantener durante su lectura una mueca de sonrisa y de conocimiento.

Esto porque  ratifica que más allá de la falsa estabilidad emocional y política que nos han querido vender los humanistas oficiales, Chile es un país que se niega a reconocer su respetable cuota de desquiciamiento, además del hecho de estar habitado por excéntricos anónimos que viven en los suburbios de un territorio barnizado de taciturnidad y amargura.

El margen de libertad que se concede el autor para complementar literariamente cada biografía sin perder verosimilitud y naturalidad es el elemento personal que distingue su obra, la que si fuera una mera transcripción de datos biográficos o una completa fabulación carecería de esa cualidad enriquecedora consistente en mantener difuso el límite entre realidad y ficción.

Sin embargo, mirados en su conjunto, estos literatos amateurs y diletantes no configuran un bestiario que podemos observar en un zoológico o un museo, sino que son el producto del paisaje en que se desenvolvieron, lo que permite aventurar que sin la provincia como concepto territorial y simbólico, y como elemento a ensalzar o terruño insuficiente y agobiante, no puede entenderse la vida ni el proceso creativo de cada uno ellos. Lo anterior porque aquel ámbito espacial generó la incomodidad y el desasosiego que actuaron como mecanismos de activación de una creatividad que Arresten al santiaguino! rescata y reivindica.

Así, no nos sorprende que el chileno de origen japonés Yosuke Kuramochi le dedicara haikus a los mapuches, como una suerte de Ercilla del lejano oriente; o que Jenaro Gajardo Vera —compatriota que inscribió la luna a su nombre luego de ser expulsado del Club Talca por carecer de bienes raíces—, haya formado parte del grupo artístico performático Coalma; o que un exfutbolista de Ñublense, llamado Edilberto Domarchi, empleara su retiro elaborando versos modernistas y regalando sus medallas deportivas a las nuevas promesas de la poesía sureña.

Enseguida, y sin perder la capacidad de asombro, este libro nos permite conocer la azarosa vida de Julio Asmussen, quien buscó la emancipación territorial de Antofagasta en la década del 30, cuando en Chile se sucedían sin orden alguno los gobiernos, elaborando manifiestos y destituyendo al Intendente, a la vez que intentaba que su terruño natal se convirtiera en el Hollywood de la pampa

También nos sumerge en el paso de las poetas Teresa Hamel y María Isabel Peralta, la primera una rebelde cuyo sueño de niñez era ser divorciada cuando grande (anhelo que cumplió, por cierto), y la segunda, amiga de Gabriela Mistral, enferma crónica y dueña de una belleza propia de los estados de languidez.

Vemos también las elucubraciones jurídico-lascivas de los abogados Héctor Carreño Latorre y Antonio Vodanovic Haklicka, que crearon obras a partir de sus experiencias y conocimientos forenses, con el secreto afán de dar rienda suelta a sus sutiles perversiones y liberar a nuestra sociedad del yugo moralista disfrazado de higiene y decoro.

Esta extraña pero notable galería de chilenos que Mario Verdugo exhibe en este texto, y que se convirtió en una de las buenas noticias del año recién pasado, no constituye una pieza única e irrepetible debido a la singularidad de sus involucrados. Si los lectores contemporáneos se decidieran a mirar de manera aguda y perceptiva su entorno, se percatarían de que hay más de un personaje digno de ser reseñado en una eventual continuación o actualización de este libro, tarea a la que podríamos aportar con más de un perdido familiar, amigo entrañable o conocido de oídas.

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