Historia de una hiedra (Luis Chaves)

Reseña enviada por:

Roberto Parra Ponce

 

Historia de una hiedra (2017)

Luis Chaves (Costa Rica, 1969)

Overol

ISBN 978-956-9667-18-3          

125 páginas

 

El primer brote en una foto mal centrada, desenfocada a ciertos rasgos, pero que sirve como base para desentrañar la memoria, resulta una operación ingeniosa pero bastante arriesgada si no se trabaja de buena manera. La conspiración perfecta entre la poesía de Luis Chaves, las imágenes de Daniela Escobar y la faena minuciosa de Overol nos dice que lo han hecho bien. Historia de una hiedra se visualiza como un libro de proporciones, doloroso en ciertos momentos, pero necesario para cualquier entusiasta que aún no logra dar forma a sus hojas en la pared.

Primero la composición. Tanto la portada, el diseño interior y los detalles fotográficos llenan de una atmósfera magnética a la obra. Estos se desenvuelven naturalmente a través del color verde, elemento que logramos disociar casi como un observador más a la palabra de Chaves. Un acierto que ya veníamos celebrando en otros títulos anteriores del catalogo Overol.

La selección de los poemas presentados es formidable. Podemos distinguir distintos territorios, todos compartiendo la consigna de la catástrofe anunciando un abismo narrativo. La hiedra, como esqueleto transversal al tiempo, define la naturaleza del autor, y a la vez, devela sus más íntimos miedos y alegrías: “Sabías de esta ciudad de tullidos/ obesos y descompensados/ condenada a la pequeñez./ La hiedra nada sabía de eso/ pero crecía detrás tuyo/ en la misma foto/ donde aún tenés dieciséis.”

Algunos textos parecieran moverse en cámara lenta, repartiendo brotes entre varios poemas que descubren la textura de las hojas, y definen las ramas bajo variadas perspectivas: “La maleza crece/ cuando dejamos de mirar./ Los años se acumulan/ mientras nos ocupamos de la maleza. /Aprender esto nos tomó/ más tiempo del que hubiéramos querido.”

Otros cuadros, casi al final del libro, cambian radicalmente de dirección y comienzan a moverse, escapar quizás a una pared más limpia y sin tantas cicatrices por donde puedan salir nuevos elementos. Chaves prefiere participar del silencio y la observación, recursos que ocupa de manera extraordinaria a lo largo de sus escritos, entre objetos mundanos y conversaciones cotidianas que parecieran colgarse de nuestra propia voz. Nos hace partícipe de sus memorias a tal punto en que nos convertimos en el brote en la pared, la hiedra familiar y el hueco por el que avanzan los poemas: “Quienes creen que es música/ el sonido del viento entre las ramas./ Y no que el sonido del viento entre las ramas/ no es otra cosa que el sonido del viento entre las ramas.”

Historia de una hiedra es un libro auténtico y espontáneo. Juega con sus defectos y no solo intenta acortar distancias con el pasado, sino que se atreve a darle una nueva forma y propósito a aquellas heridas en forma de hojas. Cualquier otra señal se podría sintetizar a través del primer poema del libro:”Los bajos no podemos ver lo que viene/ pero de lo que quedó atrás soy un experto:/ un incendio forestal/ y ese metal donde no pegan los imanes.”

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