Ciudad berraca (Rodrigo Ramos Bañados)

Ciudad berraca (2018)

Rodrigo Ramos Bañados (1973)

Alfaguara

ISBN 9789563840674

146 páginas

 

Ciudad berraca de Rodrigo Ramos es una novela que trata un tema muy poco abordado en nuestras letras nacionales: la inmigración. Pero esta novela no se queda ahí, sino que  precisamente  trata  sobre la migración de colombianos a Antofagasta, una de las que más conflictos crea en Chile en estos momentos.

«Uno de esos días de finales de verano le llegó el carnet de identidad chileno, con un número que partía en veinticuatro millones. El joven se sintió feliz como un antofalombiano. Con eso podía trabajar.» (página 82)

Jean es un muchacho colombiano que junto a su familia llega a Chile por tierra, haciendo un largo y peligroso viaje que incluye pasar la cordillera como coyote, a pie y de noche, salvando de morir congelados gracias a un camionero boliviano que decide apiadarse de ellos y transportarlos, solo porque el padre lleva a la pequeña hermana de Jean en brazos. Escapan de Tumaco, su ciudad de origen, amenazados de muerte por unos narcotraficantes. Se avecindan en Antofagasta ante la promesa de seguridad, orden, mejores expectativas de vida, acceso a la salud, educación, etcétera. Sin embargo, como otros tantos colombianos terminan viviendo fuera del anillo de construcción oficial antofagastino: en un campamento que encaramado sobre los cerros se inclina sobre la ciudad o, visto desde esa ciudad, sobre los cerros que con sus inmigrantes amenazan con caerle encima a Antofagasta y a sus ciudadanos chilenos. Porque cualquier relato de la migración está teñido de una doble lectura: la del nacional que se siente amenazado por el extranjero y sus costumbres distintas y la del extranjero con sus múltiples necesidades que, como cualquier ser humano, necesita satisfacer.

«¿Sabes cuál es la diferencia entre un inmigrante y un extranjero en este país? Los dos hombres negaron con la cabeza. Continuó: Para estos chilenos que se creen lo mejor de Sudamérica, siempre seré un extranjero como todos los gringos rubios de los Estados Unidos de América y podré conseguir cosas solo con mi nacionalidad, a pesar de que viva en la basura; en cambio a ustedes siempre los llamarán los inmigrantes negritos de Colombia, pasarán generaciones y generaciones siendo los inmigrantes negritos de Colombia. » (página 111)

Ciudad berraca da cuenta de esa relación peliaguda, sin hacerle el quiete en ningún momento. Narrado desde una tercera persona que se sitúa en el punto de vista de los colombianos y especialmente en el de Jean, uno de los tres hijos de la pareja, va relatando las dificultades a las que los inmigrantes deben enfrentarse, la oposición que sufren, la discriminación, y a cómo son relegados no solo a ciertos sectores de la ciudad sino que también de esa sociedad, que a duras penas consigue adaptarse a las oleadas migratorias que afronta. La novela, por ende, no solo trata sobre Jean y su familia y sus dificultades para adaptarse a esa ciudad que los rechaza, sino que también y tal vez por sobre todo, a cuáles son los medios hostiles con los que, día a día, esa ciudad rechaza a los inmigrantes.

«Don Lino, en su relato, recordaba que lo sorprendió el sol brillante que no dejaba sombras, el mismo de todo el norte de Chile, en esa ciudad tranquila, Pozo Almonte, de casas bajas y gigantes banderas chilenas como diciéndote, una y otra vez, estás en Chile, pequeño extranjero, y ahora estás en este país nacionalista que te perseguirá si eres extranjero, pobre y negro. » (página 62)

Al día de hoy existen pocas novelas que hayan afrontado tan decididamente el tema de la migración en Chile. Sí hay algunas que han hecho una primera exploración, de forma tangencial como en Charapo de Pablo D. Sheng o no situada en Chile, como Migrantes de Felipe Reyes. También está el caso del bellísimo conjunto de relatos Lugar de María José Navia, que tiene como protagonistas a mujeres que han emigrado de Chile, sin embargo, es difícil encontrar una novela que tenga la valentía de situarse de lleno no solo en el hoy —cosa de suyo compleja—, sino que en una de las ciudades de Chile donde la migración es vista con mayor aversión y se la considera un problema importante, puesto que ha conseguido alterar radicalmente la forma de vivir de los antofagastinos. Es esa valentía, sin lugar a dudas, la principal virtud de Ciudad berraca de Rodrigo Ramos, aquel empuje con la que va tirando de esta narración para enfrentar los aspectos más visibles y problemáticos de la migración, en una de las ciudades insignias de la materia, exponiendo las luchas, enfrentamientos, la rabia y desolación de esas personas que tienen, como mejor opción, confrontar esa lucha diaria. De ese mismo empuje provienen sus principales bemoles, como lo son cierta tendencia a caer en los estereotipos para conformar los caracteres y al manejo que el autor hace de la historia, echando mano a un narrador casi decimonónico, que incluso se dirige directamente al lector y posee un habla o registro propio, que de cierta forma lo sitúa, interfiriendo con su voz en el relato. No obstante, Ciudad berraca de Rodrigo Ramos consigue zafar a cualquier reparo que pueda hacerse sobre la forma en que está construida, tanto por la urgencia de su temática, como por el arrojo del autor al dar voz a un nuevo sector de nuestra sociedad.

Ciudad berraca  logra convertirse en un acontecimiento en nuestras letras; esta novela echa a andar al lector por las calles de Antofagasta y abre los ojos al entorno, donde la provincia ya no es la apacible provincia, ni el lugar mustio y de noticias tardías, sino que es un lugar de conflicto y cambio social.

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