La Beatriz Ovalle (Jorge Marchant Lazcano)

La Beatriz Ovalle (2017)

Jorge Marchant Lazcano (1950)

Tajamar Editores

ISBN 978-956-9043-45-1

178 páginas

 

La Beatriz Ovalle, relanzada ahora por Tajamar Editores, fue la primera novela publicada de Jorge Marchant Lazcano. Originalmente editada en Buenos Aires, en el año 1977, llegó a Chile recién en 1980, luego de las muy buenas críticas que tuvo al otro lado de la cordillera, en una editorial y suceso que el autor califica como “sello menor, sin ninguna continuidad con otras obras literarias, desclasada y paria, casi como una jugarreta semejante a la de Buenos Aires” (página 12, prólogo del autor a esta edición), precariedad que seguramente jugó en contra de la sobrevida de esta novela que, en su momento, agotó y agotó reimpresiones en Chile, a pesar del escenario cultural casi inexistente y activamente reprimido; éxito que no deja de ser curioso, justamente el de esta obra mordaz, inteligente, e incluso algo puntuda con cierto sector de la sociedad chilena, justo aquel que en época de dictadura acentuaba como nunca su imperio.

La Beatriz Ovalle es una novela que, si bien podría enmarcarse en aquellas que se dicen de formación, fácilmente escapa de ese molde. Es un libro narrado de una manera que incluso al día de hoy puede entenderse como poco tradicional: a la manera de un collage donde varios momentos cronológicos se entrecruzan dándole al lector múltiple información sobre el proceso de Beatriz Ovalle, su protagonista. La novela entra en materia con un anuncio supuestamente publicado en el diario El Mercurio, en octubre de 1970:

Recientemente se efectuó, en casa de

la novia, el matrimonio de la señorita

Beatriz Ovalle con el señor Andrés

Munita. No se enviaron partes. (pág. 35)

 

Beatriz Ovalle se casa, en privado, sin invitaciones, «y sin que El mercurio dijera: “se ruega a los parientes y amigos a darse por invitados a la ceremonia religiosa”» (pág. 37). Luego de los preparativos de la boda la historia retrocede al presentarnos de forma alternada tanto cartas de la protagonista a su amigo Max como fragmentos de su diario de vida, con lo que el autor va urdiendo una trama que nos muestra el tiempo presente, mientras paralelamente muestra cómo hizo Beatriz Ovalle para llegar a él, provocando dinamismo en el relato.

Este matrimonio es un pequeño escándalo para las familias bien del sector social al que pertenece la Beatriz Ovalle de finales de los sesenta, ya que el marido es un hombre separado en un contexto de extremo conservadurismo, antes de la llegada de la Unidad Popular pero mientras esta se estaba cuajando. Es una época extraña la que representa la novela en un principio, donde los privilegiados siguen viviendo su acomodado aislamiento mientras el resto de la sociedad carece de importancia para este submundo burgués, más allá de ser un murmullo de amenazas que otros deben combatir, simplemente para mantener su posición de privilegio.

«y la tonta de la Carolina Zegers creyó que la Rut era tía de Cristo, que esa tonta cree que todo el mundo es pariente todo porque ella tiene parientes importantes, lo que me da más rabia es que cuando yo dije que mi abuelito era embajador ella no me creyó, y dijo que nosotros éramos Ovalle por chiripazo. Yo no le he dicho nada de esto a mi papá porque se puede enojar. Un día la Carolina va a llegar diciendo que es pariente del Tatita Dios. » (pág. 41)

Es así como Marchant Lazcano va desmadejando una trama de clase, en el que expone brillantemente no solo ciertas taras, sino que incluso consigue reproducir convincentemente un habla fijada en una época—el de nuestras clases altas de finales de los sesenta— que aunque ha mutado, todavía puede oírse sus resabios, así como ese conservadurismo inmoderado del que la protagonista y su círculo hacen ostentación.

Es así como presenciamos, en esta estructura no lineal, el desarrollo y caída de Beatriz Ovalle, esta mujer que pretendiendo ser «mujer de futuro» lo único que consigue es apartarse de los cánones de su clase social, algo que en el momento debió leerse como la mentada caída, pero que hoy suena más a liberarse, aunque lo haga escapando.

«Le escribo porque, a pesar de que me la imagino delgada, falda escocesa, collar de perlas, recatada, fina, discreta, silenciosa, suave, la considero una mujer vulgar. Vulgar como yo, o como sus amigas, no se ofenda, una más. Seguramente en su cada debe existir una empleada doméstica con los mismos problemas suyos, carabineros casados, jardineros que la encatran sin pedirles el sí, en fin… Por eso le digo vulgar. Sus problemas así solitos, así desligados de la grandilocuencia existencialista (mi linda, tan pasada de moda) no tienen ningún valor. Usted podrá ser regia, virgen, reina y mártir, pero tan corriente como una de sus empleadas.” (pág. 177)

Jorge Marchant Lazcano, en su prólogo a esta edición, se hace la pregunta tal vez más importante respecto a esta y a cualquier reedición «¿Qué queda a mi juicio hoy de La Beatriz Ovalle para volver a las librerías?», que es exactamente igual a preguntarse cuál es el valor de esta obra que ha conseguido sobrevivir a la bagatela de más de treinta años. Él postula que queda en ella «un Chile que ya no existe», «un lenguaje de un tiempo se deja oír en sus páginas», «los intentos por construir una literatura que marcó un tiempo pero que no prosperó» y «el humor». Sí, todo lo que dice el autor es cierto, pero creo se excede en humildad: este libro es mejor de lo que él mismo parece creer, se deja leer perfectamente más de treinta años después de su publicación —algo que se puede decir de poquísimos libros— circunstancia que es doblemente valiosa en este libro que retrata una época, que captura brillantemente un habla, que en su estructura que tiende al collage se emparenta de forma directa con cualquier intento actual —tan típico en las primeras novelas de nuestros escritores jóvenes— de jugar con la memoria, de reconstruir una historia personal, y su humor, cosa extrañísima, no ha caducado, siendo el humor siempre de tan corta data, tan contingente; en cambio el humor inteligente de esta novela, este humor mordaz, irónico, burlesco, aún funciona y me atrevería decir que seguirá funcionando por muchísimos años más. Cuando llegue la hora de hacer los recuentos de lo poco que podemos rescatar de nuestra producción nacional en época de dictadura, esta novela debería tener un lugar de privilegio.

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