Piel verano (Soledad Fariña)

Piel verano Cecilia Gajardo

Por: Soledad Fariña

Piel verano (2017)
Cecilia Gajardo (1985)
La Calabaza de Diablo
ISBN: 9789569400421
35 páginas

Eso soy

Un texto pequeño, de apariencia liviana puede esconder secretos, aventar sorpresas. Instantáneas, descripción de escenas de color y formas íntimas, ¿quién habla aquí?, ¿y a quién?, ¿qué son estos pequeños o largos instantes que van de salto en salto?

La voz de la hablante —a veces alegre, a veces maliciosa— va descubriéndonos momentos gozosos, momentos extraños anclados a la memoria de la piel, sentido esencial de este libro-poema que se inicia con la proclamación de “lo que soy”, provocación en rojo, piernas cruzadas, hombres de ceño tenso, adrenalina, madre odiosa, lejana.

El placer aparece como un elemento natural, y no hay extrañeza al describirlo en aromas de hospital, dolores sin lamento, intento de ser atenuadora de las desdichas de un cuerpo ajeno, sangre, soplo, ritmo.

…mi cuerpo se extiende sobre tu espalda/ y te hablo al oído a los dos / a cualquiera que me escuche. Puedo ser el color que me pidas mientras te paso la lengua/hembra para limpiar tu suciedad / tus molestias tu cansancio / puedo llamarme como quieras mientras reviento las espinillas / y te saco el fluido de tus verdades puedo pesar los kilos que quieras mientras con mis uñas / te saco las inseguridades de las orejas puedo ser el número que quieras / mientras sacudo las caspas de tus malos pensamientos.

En este juego amoroso, una hipotética separación o “divorcio” es descrita como un juego de infancia

Si te quieres ir de mí / deseo repartir nuestro mundo    tuyo es: / mi colección de cartas el mate mendocino / los campos de mi herencia el rock y la cerveza / “Las flores del mal” (…) / mi apertura de piernas el secreto del fin / la enajenación colectiva y / nuestra casa. / Pero yo me quedo contigo. (¿constatación del amor, la elección?)

¿Dónde podemos situar este campo amoroso? ¿En los ojos acalambrados y abiertos que “lloran por dentro”? ¿En la constatación del silencio, cuando se apaga la luz (-una ilusión que se apaga-)? Pero también hay baile, hay fiesta: morder, oler, gritar, hay saxo (¿sexo?), oleaje, lengua, ojos. Hay una lengua hembra, hay nombres, saliva, notas que caen.

Un salto en la memoria de esta piel y el deseo se abre ahora como una sonrisa: vuelta al gozo, “al deseo virtuoso”,

mientras hago que veo la película / mi ojo izquierdo / se dirige a tu culito parado y blanco / (…) te sientas a mi lado / y la pretina de tu calzón me saluda… /

También el embarazo puede ser razón de otra sonrisa: hay una mujer que corre, hay una sonrisa en su abdomen -guata-  abdomen burlón, saquito risueño, segundo corazón… bola de duda

Y todos le ceden el puesto pero ella no acepta / entonces /le cuenta un secreto a su vientre feliz / y ambas ríen en el / último puesto de una fila bancaria.

Empapada de “su risa monstruosa de cuento infantil”, el recuerdo retrocede a la infancia: la niña, el padre y el verano.

Soñé con mi padre / me decía “upa la la” tomándome en sus brazos / mis pies topaban sus rodillas / y mi peso superaba el pasado.

Y el calor… / La transpiración se juntaba en medio de mi cuerpo, justo en medio

y el olor a piel de caballo de los asientos con el de mis axilas sin vellos aumentaba

mirando mis rodillas mis lunares / mis manchas de nacimiento / mis pies sobre el manubrio como si fueran manos.

Pero también evocación de otra niña, una no de verano ni de calor, sino de encierro, violación y congoja. El padre amoroso es reemplazado por la bestia, el tono no es lúdico, no hay ironía.

Sentada en la cama / sus pies no alcanzan el suelo siente un vacío al no tocar piso mueve sus pupilas para tratar de mirar sus ojos mueve las pupilas todos los días hasta que comienza la migraña

La niña tiene una leve una leve taquicardia escucha ronquidos del hombre/bestia la niña toma su muñeca y la mira fijamente / caen lágrimas frías de sus ojos, pero no los cierra. / La bestia y sus ronquidos se mueven a su entrepierna circunferencia circular más ancha que sus caderas barba de dos días irritan sus muslitos / un calambre en todo el cuerpo la deja sin respirar.

Finalmente, en otro salto, la hablante-niña se retira del recuerdo y enumera desafiante sus acciones negligentes:

Me cepillo los dientes que se ven cuando me río   Me saco los pelos

Desde donde termina una pollera hasta donde empieza mi bota

Me lavo el poto con un jarrito sentada en el bidé

Sin sacarme los calzones de los tobillos

(…)

 

Cuando duele la espalda, me estiro    Cuando se trata de ti

No sé dónde tocar o qué mover /

Pero tampoco sé qué escribir ni a quién/ soy negligente.

Y así, desde su negligencia, parece contestar nuestra pregunta ¿quién escribe?, ¿y a quién? La hablante-niña, provocadora y negligente, a través de su piel parece haber llegado a la verdad. Entonces ¿en estos destellos de deseo-amor-placer-displacer buscaba la verdad? Y finalmente ésta ¿no es más que el sol quemante sobre su piel?

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