Eduardo Lourenço en inauguración de la Feria del Libro de Madrid: “Estamos obligados a inventar una imagen de nosotros mismos como si nunca la hubiésemos tenido”

Eduardo Lourenço conferencia
Foto: @FLMadrid

“El tiempo de la Humanidad, que no fue tan humano como lo habíamos soñado, ya estaba agotado cuando terminó el siglo XX. Los relojes donde leíamos un destino con rostro aún humano pararon al mismo tiempo en una aldea de Polonia y en una ciudad de Japón. Este acontecimiento no fue como la batalla de Waterloo o la invención de la máquina de vapor, momento de historia e Historia, sino otra especie de tiempo, una eternidad vacía, modelo de todo el tiempo futuro de ojos inútilmente abiertos. El horror puro e invisible”. Estas palabras son del filósofo, ensayista y poeta Eduardo Lourenço, quien la tarde del viernes dictó la conferencia inaugural de la 76ª Feria del Libro de Madrid en el Pabellón Bankia de Actividades Culturales. Lourenço alzó la bandera del entendimiendo humano en unos tiempos en que los valores se difuminan entre las redes sociales y el ego.

“Aceptamos ahora —recordó Lourenço— que no procedemos de ningún paraíso perdido del que hayamos sido expulsados, aceptamos que no estamos destinados a ningún más allá que mágicamente nos lo devuelva. Debemos vivir la leyenda como la verdad y la verdad como un sueño para siempre aplazado. Solo así entraremos en el tiempo donde ya estamos, un tiempo donde el ídolo de la Historia, que durante siglos tomamos por Dios o por su ángel ambiguo, dejó de emitir señales. La inocente fórmula anarquista ni dios ni amo no escandaliza ni sorprende a nadie, es una carta de visita que recibimos en la cuna antes de abrir los ojos en la caverna celeste de la televisión donde noche y día reciclamos éxtasis y terrores virtuales que nos afectan menos que los de la antigua vida inscrita en el círculo de la muerte, infierno e paraíso”.

“Estamos obligados a inventar una imagen de nosotros mismos como si nunca la hubiésemos tenido. Ni bárbaros, ni griegos, ni paganos, ni cristianos, ni hijos de la razón, ni íntimos de las tinieblas, ni vencedores ni vencidos de combates de siglos, nos volvemos, de repente, personajes de juegos de vídeo, ni más ni menos reales que los de las aventuras intergalácticas”, afirmó el portugués. Añadió: “Sin más Dios que su ausencia vivida como una fiesta, no por eso dejamos de ser simulacros, ahora de nosotros mismos. Simulacros virtualmente eternos, clones del dios que no somos, multiplicando sin fin nuestro esplendor de mortales que tanto habíamos anhelado. Sin la ironía bíblica, nos tenemos que habituar a ser como dioses, no por recibir la existencia y el sentido de Otro, nuestro semejante inaccesible, sino por poder reproducir, como andy warhols sarcásticos, nuestra vida reducido a imagen de sí misma”.

“Las propias víctimas sueñan con estas Las Vegas planetaria que las deja menos solas en sus infiernos, sin otros Dante que los fotógrafos”. Y concluyó: “Con el fin de un tiempo como Historia, y memoria, es el sujeto cultural el que desaparece. En este fin de milenio y comienzo de otro, el espíritu del mundo se llama América, que sólo tiene tres siglos de memoria ritualizada. Para ella todo lo demás es fábula, como lo habían sido para nosotros Grecia o Roma, antes de asumirlas como nuestras a través de un viaje voluntario a través de sus libros resucitados”.

También habla de ese final de la Historia recurrente, aquel “fin del paradigma europeo y el inicio de otro indiferente a la historia como construcción intencionadamente universal y concretamente europea”. La situación, según Lourenço, “no debe escandalizarnos (…) Debemos aprender a vivir en este nuevo tiempo donde la voluntad de poderío europeo, en todos los órdenes, no regula todos los relojes del mundo, si alguna vez lo hizo. Pero no debemos olvidar que, en cuanto tal, el tiempo americano es un tiempo de nuevo tipo que desconoce la inquietud que San Agustín comunicó a la temporalidad cristiana. En ese sentido, es un anti-tiempo europeo”.

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