Greta Montero: “Yo tenía que hacerme mi propio camino: un libro me llevaba a otro”

 

La imaginación, la capacidad de delirar que hay en los poemas de Greta Montero (Coronel, 1986) es algo que  impresiona. Sus libros, tanto Dummies (Ed. Inubicalistas, 2013) como Balada del Señor Cuervo (Ed. Overol, 2016) tienen algo de maquinarias, o de maquinaciones. El caso es que funcionan como generadores de poemas, de imágenes y asociaciones sorprendentes. Acá nos habla de su modo de trabajar, de su imaginario y sus influencias, entre otras cosas.

Partamos hablando sobre Dummies, tu primer libro. ¿Cómo surge y cómo fue su escritura?

Yo tenía cierto interés en publicar un libro de poesía desde los 16 años y sentía que se me pasaba el tiempo sin poder hacerlo, ya sea por falta de dinero o por la desilusión tras varios intentos fallidos postulando a las becas de creación literaria del Consejo Nacional del Libro. Finalmente, y ahorrando algunos pesos, logré autopublicar 11 años después, a través de las Ediciones Inubicalistas, el libro Dummies, cuya cobertura espero que me dé algún día para poder hacerle la presentación que nunca he podido hacerle en sociedad en Santiago.

La idea de utilizar como personaje literario a un muñeco, específicamente fabricado para ser destruido, de mucho tiempo atrás hasta ahora, me pareció y me sigue pareciendo muy seductora. Siento que es algo que sitúa a la muerte, sin grandilocuencias filosóficas, en un lugar de privilegio, sin ningún tipo de tabúes, aun cuando la preocupación por fabricar muñecos de prueba obedezca más a la intención de vender una mayor cantidad de automóviles que a la preocupación por la seguridad de las personas.

Sobre cómo se fue haciendo este Dummies, recuerdo que en paralelo con la escritura de algunos de sus textos se me fueron revelando aspectos del libro que fueron definiendo su concepto como tal. La acumulación de poemas sueltos, bien o mal escritos, considero que es una modalidad posible dentro de la intención de construir un libro de poemas. Otra modalidad posible es pretender darle un explícito o virtual sentido de unidad, en el cual cada poema se juega su especificidad como texto, a la vez que se deja abierto, en la mayor cantidad de niveles de lecturas, ojalá reconocibles, procurando darle una significación, ya no como texto individual, sino que en el contexto general del libro.

En paralelo con el concepto del ‘dummy’ (muñeco de prueba que se usa para probar la resistencia y seguridad de los automóviles) incorporé lecturas cinematográficas y algunos elementos de ciencia ficción que siempre me interesaron. En cuanto a la construcción verbal del libro, están presentes los guiños de un texto a otro con la intención de expresarme a través de un lenguaje iterativo y envolvente, utilizado como un recurso que buscaba articular de mejor manera los diversos campos semánticos, entre poema y poema, y las secciones que estructuran el libro. Al menos, esa fue la intención.

De Dummies me impresionó cómo creas, aparentemente, todos sus poemas a partir de un ejercicio de pie forzado. Cuéntanos sobre esa manera de trabajar, sobre esos poemas que brotan como ramas desde otros poemas.

Hay algunos problemas a los que me enfrenté para darle cuerpo al libro que me pareció solucionar buscando salidas lo más prácticas posibles.

Creo que siempre hay un plan de escritura no solo en la narrativa, que privilegia más la horizontalidad sintagmática natural del lenguaje, antes que la elección de las palabras y sus acepciones, en un nivel generalmente connotativo, como lo hace la poesía. Teniendo esto en consideración me aboqué a direccionar el alto contenido de emocionalidad que conlleva la escritura de un poema, a partir del concepto que cada poeta tiene del hecho mismo de escribir y la cultura literaria que ha logrado absorber durante este ejercicio, como un componente absolutamente inherente a su quehacer literario, de leer y escribir.

Estos poemas, según tu comentario, “que brotan como ramas de otros poemas”, obedecen a la constante de concebir a la literatura como un diálogo permanente entre la poeta consigo misma (una suerte de desdoblamiento entre la mujer que escribe y la misma mujer que, a su vez, se lee), un diálogo con la tradición literaria precedente, para escribir o reescribir desde su propio tiempo y, por último, un diálogo intratextual en que se intercambia o desplaza el lenguaje y los motivos, desde unos textos hacia otros, con la finalidad de mantener los matices retóricos y temáticos del libro dentro de una misma voz con diversos tonos, pero con marcas reconocibles.

Como todo libro que se empieza a elaborar, su escritura inicial fue dispersa, con altos y bajos, pero en la medida que me concentraba en darle más espesor, su forma se fue haciendo más consciente y segura de sí misma. De cualquier modo, me parece que Dummies es un libro que aún podría seguir escribiéndose, a partir de referentes que la urgencia, por la necesidad de su publicación, no me permitió desarrollar. Si tuviera la oportunidad de reeditarlo creo que le daría algunas vueltas más.

De tu segundo libro, Balada del señor Cuervo, me llama mucho la atención que, así como desde un poema puedes crear otro, en este caso hiciste brotar un libro desde el poema final de Dummies. Háblanos sobre la génesis de ese libro.

El poema “Mi hermana y yo” efectivamente, fue la génesis del segundo libro. De hecho, en un comienzo el libro iba a llamarse de ese modo, centrado básicamente en el tema de género, mas luego creí conveniente trabajar e incluir la figura del cuervo, como un ente metamorfoseado y omnipresente, capaz de manipular la vida y la cosmovisión femenina que, de una u otra manera, yo sentía que estaba presente en “Mi hermana y yo”.

A partir de esa instancia fui creando poemas que ficcionalizaban y actualizaban este múltiple símbolo de la historia y literatura universal, particularmente, como una entidad represora representada en las más diversas formas, enmascaramientos y nominaciones que se pueden adoptar, en el nombre de la democracia, para seducir y dominar en lo político, en lo cultural, en lo social y lo religioso sin contrapeso. Posteriormente me instruí sobre las más diversas apreciaciones culturales del cuervo en distintas épocas y culturas: la sumeria, la celta, la judeo- cristiana. También leí a autores como Edgar Allan Poe, Rubén Darío y Juan Emar, al respecto. Particularmente, me resultaron muy interesantes, en cuanto a su ambiente, textos como el relato “Chacales y árabes”, de Franz Kafka, y algunos poemas de Ted Hughes como “Los compañeros de juegos de Cuervo”.

Posteriormente, en el nivel textual, incorporé las diferentes voces femeninas que se superponen e interpelan en el desarrollo del libro.

Las lecturas que realicé, en un seminario del doctorado, de la escritora caribeña Jean Rhys y su Ancho mar de los sargazos, fueron un tremendo impacto para mí. En este libro la autora reescribe la novela Jean Eyre, de Charlotte Brontë, un clásico de la literatura victoriana que había sido fundamental en el desarrollo de mi niñez y adolescencia. Este libro de Jean Rhys, junto con retornarme a mis lecturas de la infancia, fortaleció mi mirada crítica respecto a la posición de subordinación social que ocupan las mujeres en una sociedad organizada cultural y políticamente desde el patriarcado.

Con todos estos elementos en la cabeza más unas cuantas lecturas, teleseries y películas con que las niñas y mujeres adultas de las villas del país suelen matar el tiempo, me dispuse a describir y hacer dialogar las voces femeninas que circulan en el imaginario particular que conlleva cualquier vida de nuestra marginalidad femenina mestiza. Por razones como ésta el libro Balada del Señor Cuervo perfectamente pudo haberse llamado El cautivo mar del golfo de Arauco, pero por el momento prevaleció el título con el que finalmente fue publicado.

Para Balada del señor cuervo usaste cierto imaginario del siglo XIX, y con esto me refiero, entre otras cosas, a la colonización victoriana y la literatura de esa época. ¿Qué te atrae de todo eso?

Simplemente fueron novelas fundamentales para mí. Cuando pequeña no habían más personas a mí alrededor que fueran particularmente aficionadas a la lectura, así que, digamos, yo tenía que hacerme mi propio camino: un libro me llevaba a otro. La niña protagonista del Papaíto piernas largas, escolar, leyó Jane Eyre, así es que yo lo leí también. Luego vi que la autora tenía una hermana que escribió otra gran novela, Cumbres borrascosas y, en la misma línea, leí Orgullo y prejuicio. Un libro me llevaba al otro. Las protagonistas y personajes de estas novelas se marcaban a fuego en mí; ellas eran mis amigas, eran mis confidentes. Yo vivía y respiraba por sus angustias y vicisitudes.

Actualmente en mi trabajo de tesis investigo sobre este período y las complejidades del sujeto femenino colonizado, a partir de novelas que son reescrituras de clásicos del siglo XIX. Creo que todo esto me ha entregado múltiples miradas para trabajar en mi propia escritura.

 

La balada del Señor Cuerva está dedicada a tus amigas imaginarias y a tu hermana, quien –puede pensar uno después de leer el libro– quizá también sea imaginaria. Creo que es importante eso. En tus libros despliegas una permanente situación de creación, y tanto los tiempos como las historias de tus poemas son muy fluctuantes, y me parece que eso es justamente lo que distingue a tu trabajo de otros. ¿Cómo manejas o te dejas manejar por esa incerteza, ese delirio? ¿Tienes alguna especie de sistema o estrategia?

Aunque tengo una hermana menor en la vida real, la hermana del libro siempre será imaginaria, una construcción, una elaboración de mi psique, al igual que lo son las figuras del padre y la madre. Aunque es perfectamente reconocible que la vida personal (con sus propias fabulaciones) de cualquier escritor es materia, en algún grado, de sus ficciones una vez que esta se traspasa al papel, incluso en una autobiografía resulta ser una manipulación “ficciosa”. Yo, que escribo poesía, tengo claro que todo en mi libro es una construcción discursiva con temáticas que considero urgentes, pero que resultarían poco efectivas si en su elaboración no privilegiara el concepto que tengo de la poesía como una construcción verbal que a través de lo estético nos entrega percepciones e interpretaciones de lo real en una mayor cantidad de niveles.

La incerteza que se puede evidenciar en el libro (o quizás quisiste decir ambigüedad) creo que es inherente al hecho poético como lo es la opacidad del lenguaje dentro de un poema, pero no para hacerlo más oscuro ni ininteligible, sino para hacerlo más lúcido en el manejo y traslado de las significaciones que porta el material verbal.

Consideraciones como las que haces en esta pregunta quizás involucren un conocimiento de mí misma y de mi trabajo poético que no sé si tengo, porque cuando escribo (pese a mi intención) no son muchas las cosas que me parece que estoy manejando; no obstante, cuando corrijo, es diferente. Este es el único momento en que creo estar hilvanando con cierta certeza las hebras de lo ya escrito. Es solo en esta instancia, de estar interviniendo lo que ya existe, cuando creo tener mayor dominio sobre de lo que pretendo y me parece estar dirigiendo el libro hacia algún lugar.

Una banda, una película u otra obra (que no sea un libro) que haya tenido un impacto decisivo en lo que escribes.

Me gusta mucho el cine, he visto muchas películas en mi vida, no sé cuáles podrían ser decisivas. Han sido importantes para mí las de David Lynch: Cabeza borradora, Corazón salvaje, Terciopelo azul. Las de Bergman: Persona, La hora del lobo. De Bertolucci: El último tango en parís, Novecento, Cielo protector. De Kubrick: 2001: Una odisea del espacio, Barry Lyndon. Y de Tarkovsky: Solaris, Stalker.

Una breve descripción de cómo son tus jornadas de escritura y lectura.

Chuta, esta pregunta es un poco problemática porque me revela en todo mi esplendor personal y carencias. La verdad es que mis jornadas de escritura y lectura son bastante irregulares. Lo que más me gusta hacer es dormir, de modo que la escritura y la lectura están subordinadas a mis horas de sueño y mis horas semanales de trabajo en un colegio. Hay una pieza pequeñita en mi casa donde me encierro, me pongo los audífonos y lo que más hago es leer. Después de leer por placer o por trabajo tomo algunas notas y lo último que hago es escribir. Creo que para mí esto funciona primero leyendo mucho y entre lectura y lectura darme pausas para escribir, según sea la voluntad de ese manoseado señor llamado Inspiración.

¿Cómo ves el estado de la crítica literaria en Chile? ¿Lees crítica literaria?

No mucho, no. Me interesa un poco más leer noticias. Las que informan y las que desinforman. En todo caso, me da la idea de que así como en el Festival de Viña o los canales de TV, desde siempre ya están armadas las parrillas programáticas en los sitios que destinan los diarios, por ejemplo, para que algunos escritores (con sus propios y obvios intereses) comenten a otros escritores que en algún momento los comentarán a ellos. A veces la leo y me divierto con su banalidad y lugares comunes. Marca alguna diferencia al respecto el diario El Mercurio, no sus sucedáneos, que viene a ser algo así como el Nobel consagratorio para nuestros más subversivos poetas que se pasan la vida denostándolo con eso de “El Mercurio miente”, pero que pierden la memoria cuando súbitamente consiguen ser comentados en alguna página de la Revista de Libros. Quien llega allí, comentan con sus más cercanos, llegan para quedarse en la literatura nacional. Será, pues.

¿Qué estás leyendo ahora?

Últimamente, digamos en las últimas semanas, he estado leyendo los Cuentos completos de Virginia Woolf que me regalaron para Navidad. Leí Hijos únicos del poeta Juan Santander y Los celacantos y otros hechos extraordinarios, de Marcelo Guajardo Thomas, y en estos momentos estoy esforzándome con Signs of Dissent, de Dawn Fulton, sobre Maryse Condé y la crítica postcolonial.

También debo confesar, y lo hago con un sentimiento de culpa terriblemente gozoso, que durante el 2016 me leí los ocho libros de la saga completa de bestsellers de Outlander, de Diana Gabaldón. Mi esposo, que es un sujeto sumamente serio y selectivo con sus lecturas, está sumamente angustiado por esta situación, pese a que él, a su vez, se amanece viendo la serie The Walking Dead y cualquier repetición que den de las películas de Jean Claude Van Damme, Jackie Chan o de Steven Seagal.

Parece haber cierto consenso en torno a ciertas obras decisivas en la formación literaria en general (las de los clásicos de siempre: Cervantes, Homero, Borges, etc.): ¿podrías nombrar cinco títulos que no entren en esta categoría que hayan sido fundamentales para ti?

¿Te refieres a autores que no sean canónicos y que hayan sido fundamentales para mí? Pues no sé si puedo responder apropiadamente esta pregunta, puesto que eso tiene que ver con la oportunidad que se tiene de acceder a libros que estén, precisamente, al margen del sistema cultural de preferencias. Desde el colegio a la academia los libros que debes leer, porque se supone que te prestigian intelectualmente, son canónicos. Creo que mejor responderé, simplemente, considerando los libros que han sido fundamentales para mí, estén o no canonizados: Los gemidos, de Pablo de Rokha; Rayuela, de Julio Cortázar; Los detectives salvajes; de Roberto Bolaño; Las olas, de Virginia Woolf, y el Ancho mar de los sargazos, de Jean Rhys.

¿Qué otros autores te interesan y crees que deberíamos entrevistar aquí?

Hay un poeta mexicano súper bueno que se llama Luis Eduardo García que creo que podría decir cosas muy interesantes sobre el concepto de la poesía que escribe y sobre su trabajo de difusión del quehacer literario de otros escritores. También podría ser un poeta chileno, oriundo de Llay-Llay, que a mi entender es un poeta sin filiación generacional, con una escritura muy sólida y subversiva, pese a que la mayor parte de su obra permanece aún en el anonimato; no obstante, como en esta recomendación hay un conflicto de intereses, creo que debiera inhabilitarme de sugerir su nombre y recomendar a otro, porque este sujeto se llama Nicolás Miquea Cañas, y es mi esposo.

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