Columna: Una mirada a la narrativa actual de Concepción (1990-2016)

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UNA MIRADA A LA NARRATIVA ACTUAL DE CONCEPCIÓN

(ESCRITORES PENQUISTAS, 1990-2016)

 

Por Leonardo Ojeda

Escritor

 ¿Quiénes conforman la narrativa actual en esta ciudad del sur de Chile? ¿Cuáles son sus libros? ¿Existen? Sería bueno partir recordando, en orden cronológico, a los narradores que conforman el panorama generacional de la narrativa en Concepción. Así podemos nombrar a Daniel Belmar (1906-1991), Erich Rosenrauch (1931-1978), Alfonso Alcalde (1921-1992) y Andrés Gallardo (1941-1916), estos connotados autores ya forman parte de la tradición de la literatura chilena y dan paso a una nueva camada de escritores que, a partir de los años 90, comienzan a publicar,  posicionándose en la escena literaria nacional con sus obras, entre ellos podemos nombrar a: Sergio Gómez, Tito Matamala, César Valdebenito, Ingrid Odgers. Hoy en día son escritores vigentes, en plena producción y que sin duda están escribiendo una narrativa vivísima e inquietante.  Son autores que tienen un proyecto narrativo consolidado y un público cautivo. Y, por lo mismo, han logrado resonancia en los medios de circulación nacional (diarios, revistas, medios de comunicación masiva, así como ferias de libros y encuentros de narradores).

Son escritores que no se aglutinan en torno a un movimiento; más bien es un grupo heterogéneo, heterodoxo, cuyas edades fluctúan entre los veinticinco y los cincuenta años. Sin embargo, se puede comprobar que a pesar de la diversidad de sus preocupaciones vitales, de la variedad de espacios del universo narrativo en los que se despliegan sus ficciones, poseen algunas características comunes como lo son el paisaje de la región del Biobío, el Concepción húmedo y lluvioso, y algunas de sus inquietudes abordan los desgarros de la modernidad, las tensiones entre el centro dominante y la periferia, los efectos de las redes sociales, el cambio climático, como también las formas de vida de la globalización, la infancia, las inseguridades de la adolescencia, el descubrimiento del sexo, el alcohol y la coca, las fracturas de las familias y las ilusiones perdidas; son temas que estos autores abordan en sus novelas o libros de cuentos de distintas formas y diferentes maneras, con sus propias estéticas, y que dan cuenta del contexto socio-cultural e histórico de las últimas décadas post dictadura.

De Tito Matamala podemos destacar: “Hoy recuerdo la tarde en que vendí mi alma al diablo” (1995), “Pubis y otras obsesiones” (2006) e “Historia del bar la Trivia” (2002); de la obra de Sergio Gómez: “Adiós, Carlos Marx nos vemos en el cielo” (1992), “Vidas ejemplares” (1994) y “Partes del cuerpo que no se tocan” (1997); de César Valdebenito: “Correcciones Elementales” (2009), “Todas las rameras de Chile” (2009), “Juego de Damas” (2014) y “Ajuste de Cuentas” (2015); de Ingrid Odgers : “Más silenciosa que mi sombra” (2005) y “De mi sangre cautiva” (2014). Son obras profundas y notables, que se han asentado en el imaginario colectivo y en las que Concepción y sus alrededores son determinantes, ya sea por la noche, las calles, los bares, cafés o universidades.

Otro rasgo común entre algunos de estos autores es un dejo de ironía, una cierta mirada cómica, un cierto sarcasmo, un indudable humor que acompaña a una profunda reflexión sobre las debilidad y la fragilidad del ser humano y todo escrito en un tono muy contemporáneo. De alguna u otra manera sus textos dialogan con las obras de Naipaul, Cortázar, Bukowski, Bolaño y Kerouac, aunque sus filiaciones son más amplias, al mismo tiempo son prosistas que rompen con el pasado y dan un aire fresco a la escena literaria que nos hace mirar hacia el futuro con entusiasmo. Me atrevo a señalar que estos prosistas que comienzan a publicar después de 1990 muestran, también, los siguientes rasgos: rechazando una suerte de consenso tácito a las historias que puedan sugerir intenciones de redención social o posturas políticas cortoplacistas; los dominan el escepticismo y el desencanto y carecen de todo propósito programático: su único norte es ser escritores. Sus primeras obras destacan por una destreza narrativa mayor que las que tenían los escritores de la generación anterior. Son, por esencia, individualistas, se alejan instintivamente de todo lo que huela a sentido de agrupación, son autores que se concentran en sus proyectos escriturales, tiene una línea de trabajo continua, es decir son escritores profesionales.

 

SOBRE LOS NOVELES DE CONCEPCIÓN

Por último quiero destacar que la narrativa en Concepción en los últimos años ha tenido un despegue fabuloso; hace menos de una década eran pocos los narradores de esta ciudad que contaban con una obra ya consolidada a nivel nacional (los ya mencionados), pero desde entonces han aparecido nuevas plumas con sus primeros libros que están dando cuenta de una novedosa mirada literaria, autores que abordan desde la literatura juvenil a la ciencia ficción, o proponen historias que guardan una relación directa con las obras de Bolaño, Coloane, Zambra y con la mejor tradición extranjera y allí encontramos literatura muy buena. Este resurgimiento de la narrativa ha sido visibilizado (y por ende revitalizado), en gran medida, gracias a las ventanas que han abierto los medios culturales más importantes de Concepción, como son la revista Mocha, Litterae y Ruda, a eso le podemos sumar lugares como Zaguán, Balmaceda Arte Joven, Casa de Salud, Los Premios Ceres, el programa Libros al Aire de la radio Universidad de Concepción o Librería Qué Leo (por nombrar sólo algunos de los más relevantes); son espacios democráticos y pluralistas, que dan cuenta de la riquísima diversidad de la producción literaria que existe en esta ciudad y sus alrededores. Las micro editoriales son otro nicho que está dando que hablar, renovando el paisaje literario. En este contexto podemos no menos que mencionar a los nuevos hijos del boom de las pequeñas editoriales que ya han logrado cierta resonancia en Concepción con su primer libro, ahí encontramos a: Luz Marina Vergara (En pocas palabras), Maikel Sandoval (Pétalos para Darién), Muñoz Coloma (El vacío y lo ajeno), Guillermo Pereira (Braindance y Otros Escalofriantes Relatos), Gonzalo Fernández, (Narraciones extravagantes) Felipe Fuentealba (Otoño), Krishna G.R (Sweet Bitch).

Son autores jóvenes que cuentan con una primera publicación de indudable buena factura, con propuestas propias, sugerentes, sensibles, es un conjunto de narradores valiosos, esenciales, entre ellos no hay temas hegemónicos (representa un signo de los tiempos actuales), pero aún falta un periodo de decantación para ver si se consolidan y dejen de ser una promesa, ya que muchos autores, por distintas razones, tienden a desaparecer después de dar a luz su primera obra.

En este grupo de noveles podría faltar uno que otro nombre más que nada por la dificultad de encontrar las publicaciones, ya sea porque son de muy corto tiraje y su difusión en medios masivos es escasa. No es ninguna novedad que publicar en regiones es un acto de valentía y de coraje, es cierto que muchas veces la distribución más eficaz es optar por una de mano en mano y por una divulgación (y comercialización) a través de las redes sociales (Facebook, Twitter e internet), ya que las librerías prefieren destacar en vitrina a autores de larga trayectoria o consagrados que son publicitados por las grandes cadenas editoriales, lo que les asegura una venta suculenta, condenando así a los nuevos escritores de microeditoriales a la exclusión de las plataformas mínimas de difusión. No obstante, la narrativa en Concepción sigue muy vital y vigente, basta con ver la generosa producción literaria de Matamala, Gómez y Valdebenito, lo que es un aliciente para las nuevas generaciones de creadores penquistas y nos demuestra que Concepción es una ciudad cultural que genera creadores y productos culturales del más alto nivel.

Llama la atención que los libros mencionados, libros que tenemos en nuestras narices, los de nuestros creadores (a los que vemos todos los días circular por Concepción), sean un área poco explorada por la crítica especializada de la ciudad y por los académicos de nuestras Universidades.

Por último, creo necesario aclarar que para este trabajo he considerado como criterio autores noveles con uno o más libros publicados, por lo mismo dejé fuera a narradores cuyos textos sólo los podemos encontrar en revistas o en portales de la web, ahí también encontramos autores destacados como Víctor Bascur y Leonardo Sepúlveda, los que seguramente pronto nos asombraran con su primera publicación. También, no puedo dejar de mencionar a los destacados Marcelo Rioseco y Marcelo Mellado; dos narradores nacidos en Concepción, pero que toda su obra en prosa la han escrito fuera de esta ciudad.

 

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