Estrógenos (Leticia Martin)

EstrógenosEstrógenos

Leticia Martin

Galerna (Buenos Aires, 2016)

ISBN: 9789505566730

192 páginas

 

 

Durante la década de los 90 en Estados Unidos se fundó un movimiento que aboga aún por la extinción de la raza humana, teniendo como principal arma detener la reproducción de la especie. Entre los motivos que empujan al Voluntary Human Extinction Movement está el gran y negativo impacto que nuestra raza ha tenido en otros animales y en la Tierra en su totalidad, junto con el desarrollo para nada sustentable que cada cultura ha demostrado. Su fundador, Les U. Knight, con apenas 25 años decidió hacerse la vasectomía.

En un futuro impreciso la humanidad se ha separado en bandos antagónicos. Extincionistas y Continuistas luchan a distintos niveles por acabar o mantener la raza humana sobre el globo, todo a partir de la decisión de las mujeres a nivel planetario de no engendrar nunca más, dentro de un nuevo orden mundial posterior a una inundación que sumergió continentes y reconfiguró la política. A pesar de esto, se ha inventado un procedimiento por el que hombres sometidos a tratamientos hormonales pueden concebir.

En este contexto, la segunda novela de Leticia Martin (1975, Buenos Aires) Estrógenos, comienza con la inseminación que Martín sufre a manos de su mujer Cecilia, introduciendo sus óvulos a través del canal urinario. En una vida en la que todo queda registrado en el Nit (trasunto de la Guía del Viajero Espacial de Douglas Adams, toda vez que es indefinida aunque cierta, poderosa y también omnisciente), cada recuerdo almacenado y todo dato personal codificado, Martín no tiene más que asumir su gravidez y actuar en consecuencia, es decir, ocultarlo momentáneamente a su jefe para no perder el trabajo, comunicarlo con una mezcla de recelo y alegría a su familia, y cuidar de ingerir vitaminas y celar sus hábitos. Martín, en breves capítulos, consigue asentar el horizonte político y social en el que la concepción es mal vista e incluso indeseable, y lo lleva más allá ayudándose de la prótesis del Nit: la humanidad ya no hace más que relacionarse a través de pantallas, cada dato que se necesita ya no es recuperado desde la memoria, sino que es cada vez referido a un link, a un mapa de bits o a líneas de código.

Martin (la autora, no su personaje) parece que quiere preguntarse, como la terrorífica Black Mirror, si acaso esta imposibilidad de contacto real —en tanto físico— no es el punto pivote a partir del cual la humanidad ha sellado su exterminio, con lo que la negativa frente al embarazo vendría siendo una consecuencia más que el origen. Sin embargo, Estrógenos no es un mensaje desde el púlpito ni mucho menos, pero sí es una historia que como toda tiene como fundamento el ser transferida y contada a otros. Si la humanidad agota la producción de vástagos ¿es porque ya no tiene nada más que contar, o porque todas las historias que tiene por relatar son horrorosas, cuando no funestas? En el mundo de esta novela rápida y sin descanso no hay épica, porque esta supone el brío de la narración: los bandos políticos disputándose la extinción no están claramente a favor o en contra de la humanidad, y esto quiere decir que el pragmatismo ha ganado: lo importante es el resultado, no los trancos que acabaron en este o aquél. ¿Negar racional y voluntariamente la biología es el momento de máxima degeneración o de mayor libertad, del Übermensch vivo y concentrado en los úteros en huelga permanente de todas las mujeres? El macho humano ingiriendo hormonas para concebir no es más que la humanidad haciendo lo de siempre: ir contra la naturaleza de las cosas, adecuándola a sus deseos. Por otro lado, Estrógenos es también una novela fuertemente corporal como pocas, traspasando la tumultuosa sucesión de cambios físicos del embarazo a órganos nunca imaginados para tales fines, haciendo emerger escalofríos ante situaciones extrañas para el género masculino, pero naturalizadas y socialmente situadas en la mujer —aunque no por comunes menos traumáticas ni impresionantes.

¿Es Estrógenos sólo un what-if rabiosamente contemporáneo, una vuelta de tuerca en el discurso políticamente correcto de igualdad entre géneros? Porque, ¿cuántos hombres estarían dispuestos a embarazarse ante la negativa de su mujer de cargar por nueve meses al hijo común? ¿Es solamente el lado perverso de la humanidad, que agotada de tratarse mal concibe la crueldad última, atentar contra sí misma de manera radical? Estrógenos quizás quiera hacerse cargo más que del fin de la humanidad como hecho, del inicio de ésta: el relato de un origen luminoso que impregne a las generaciones venideras de los impulsos que estas historias imbuyen.

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