Egon Álvarez: “Somos los artífices de nuestros propios grilletes”

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Autor de los más que interesantes La construcción de los destrozos y El show de los incompletos, Egon Álvarez (Puerto Montt, 1979) nos habla de cómo surgieron sus libros de cuentos, de ciertas conexiones entre los relatos fantásticos y la vida en provincia, y nos da coordenadas sobre qué autores sureños hay que leer, entre otros asuntos.

El show de los incompletos y La construcción de los destrozos son libros de cuentos muy vinculados, al punto que se puede hablar de un díptico. ¿Cómo se ha gestado este proyecto?

Pasó que después de ser publicado El show de los incompletos, recién entonces logré darme cuenta de los temas que se iban reiterando cuento a cuento. De ahí que ese libro no haya sido tan intencionado como La construcción de los destrozos, en lo que a selección de relatos se refiere. Sin duda, este segundo libro de cuentos le debe todo al El show…, porque fue ahí donde se gestaron los temas que he seguido trabajando. Sin embargo, para no dejar las cosas como una continuación monocorde, en La construcción de los destrozos opté por dar voz a personajes que detentan diferentes grados de poder y con intenciones aparentemente nobles.

Me parece que La construcción de los destrozos trata sobre los poderosos y la injusticia. ¿Cuál es tu relación con esos temas?

Si bien existen mecanismos de ejercicio del poder que parecen hechos para pisotearnos hasta la agonía, no es menos cierto que también somos cómplices y artífices de nuestros propios grilletes. Uno de mis ejemplos favoritos es el de las personas que se quejan de lo demandante que les resulta su trabajo, pero cuando te relatan sus funciones se enorgullecen de quedarse después de la hora, se siente privilegiadas si sus jefes los llaman los fines de semana y al final, ese testimonio da a entender que si llegan a faltar o pedir licencia, la estructura laboral del país podría llegar a desmoronarse. Lo sé, porque también he sido, soy y seré del team de “esas personas”.

Por otra parte, mi interés también tiene que ver con mi aprecio por esas voces que ironizan con esta “complicidad voluntaria en la servidumbre” (esto es un parafraseo bien balsa por lo demás del Discurso sobre la servidumbre voluntaria de Étienne de La Boétie). Son reflexiones propias de El show de los incompletos y que como dije anteriormente ayudaron a gestar este segundo libro. Quizá la novela La Pianola de Kurt Vonnegut sea un buen ejemplo de esta idea: una sociedad se siente desplazada por la automatización del trabajo. Tras lograr un levantamiento exitoso contra esta dominación artificial, lo primero que se propone es reparar las máquinas estropeadas en la insurrección, para así ponerlas a trabajar.

En tus cuentos hay algo de literatura fantástica, ¿podrías comentarnos tu relación con ese género o con alguna de sus variantes?

Soy parte de una familia donde mis hermanas, primos y yo somos la primera generación nacida y educada en la ciudad, Puerto Montt en este caso, por lo que la tradición rural en todos sus aspectos siempre estuvo presente en nuestra formación. Y justamente fue uno de esos aspectos (el relato oral) el que siempre motivó mi interés en temas fantásticos, porque la mayoría de todas esas historias tenían que ver con brujerías y demás sucesos extraños e inexplicables que ocurrían en los lugares donde vivían nuestros padres y ancestros. Ahora, la gracia de estos relatos es que se contaban como algo vivido y experimentado, no como algo para ser archivado en un almanaque folclórico de Oreste Plath o cosas por el estilo. Es decir, no eran historias que se contaran en función de convencer respecto a lo real o no: eran y punto.

De ahí, ya más grande uno va leyendo cosas, mirando películas, pero mi mayor culto al relato fantástico tiene que ver con esta formación familiar.

Cuéntanos de algunos lineamientos de tu —permítenos llamarla así— poética. ¿Qué preguntas o imágenes o temas se reiteran en tus libros?

No creo tener nada muy definido al respecto. Es decir, tal como  referías en la pregunta anterior, hay una tendencia a hacia proponer las historias en posibilidades fantásticas. Supongo que ese lineamiento al que aludes tiene que ver con intereses que van cambiando en el tiempo y quizá sea más pertinente para analizar una obra de mayor envergadura.

Una banda, una película u otra obra (que no sea un libro) que haya tenido un impacto decisivo en lo que escribes.

Creo que Dead Kennedys y su disco Fresh fruit for rotting vegetables, fueron los que de alguna manera me invitaron a interesarme por esa forma de encarar los temas de “poderosos e injusticias”, esa autocrítica cruel a nuestra complicidad de la que te hablaba anteriormente. Temas como “Kill the Poor”, “California Über Alles”, “Drug me” o “I Kill Children” lo retratan muy bien, en algunos casos ya con el título te puedes hacer una idea.

Respecto a películas, hubo una que considero un hallazgo en tiempos de VHS. Se llama The Navigator: A medieval odissey. Y no diré nada más, por si alguien quiere verla.

Una breve descripción de cómo son tus jornadas de escritura y lectura.

Por mi trabajo, suelo escribir por las noches. Leo a la hora de almuerzo y en cualquier parte y hora que pueda.

¿Cómo te parece la situación del cuento en Chile? ¿A cuáles cuentistas destacarías?

No he leído mucho cuento chileno, así que no podría darte una opinión.  Pero de los libros nacionales que he leído en los últimos años, de inmediato se me vienen dos: Colonos de Leonardo Sanhueza y Geografía de lo inútil de Matías Correa. El primero tiene esa voz de ultratumba, que también he leído en otro libro de poesía, Raigambre de Marlene Bohle, una poeta sureña. Lo de Correa me gustó por la invención de un lugar y el tono neutro que da verosimilitud a cualquier narración histórica.

¿Cómo ves el estado de la crítica literaria en Chile? ¿Lees crítica literaria?

Leo la crítica que circula en diarios y portales de Internet. No soy muy adicto, pero le echo un ojo cuando veo un título interesante. Pienso que es una oportunidad de entregar el libro a diferentes lecturas y enfoques. Por mi parte, me gusta la crítica que centra su análisis en el tratamiento que el autor da a los temas a lo largo de un texto. Luego, de acuerdo al posicionamiento ideológico, político y/o académico del crítico, el libro logra ciertas particularidades o no, puede ser parte de cierta tendencia literaria (muchas veces incipiente) y también está por supuesto la posibilidad del porrazo. Quizá la única crítica literaria que me repele es la que nunca sale de la condescendencia.

¿Qué estás leyendo ahora?

Ahora estoy terminando de leer Veo a Satán caer como el relámpago de René Girard. Es un antropólogo francés que hace análisis de textos, buscando y rebuscando proponer sus teorías de la crisis sacrificial, violencia mimética, el chivo expiatorio y cosas por el estilo. También estoy leyendo Sorry, una novela de un croata-alemán o algo así que se llama Zoran Drvenkar (ni idea cómo esas personas pronuncian un apellido con tres consonantes), que se trata de un grupo de amigos, medios “Generación Ni-Ni” (ni estudian, ni trabajan), que deciden formar una agencia para pedir perdón por otros, en su mayoría gente con dinero que no sabe cómo. Después que un asesino los manda a pedir perdón a una de sus víctimas que está crucificada en su departamento, la novela se transforma en un thriller policial. Buena igual.

Parece haber cierto consenso en torno a ciertas obras decisivas en la formación literaria en general (los clásicos de siempre: Cervantes, Homero, Borges, etc.): ¿podrías nombrar cinco títulos que no entren en esta categoría que hayan sido fundamentales para ti?

Fiasco de Stanislaw Lem,  Almas muertas de Gogol, Sutree de Cormac McCarthy, Matadero 5 de Kurt Vonnegut y La vida dura de Flann O`Brien. Como bonus track de no-ficción, agregaría La sociedad contra el Estado de Pierre Clastres, La cultura de la muerte en Chiloé de Marco Antonio León, Cultura y compromiso de Margaret Mead y Sobre la historia natural de la destrucción de W. G. Sebald.

¿Qué otros autores te interesan y crees que deberíamos entrevistar aquí?

Se me ocurren dos nombres, de dos poetas del sur. Maha Vial de Valdivia y Rosabetty Muñoz de Chiloé. En la Universidad leí a ambas y cada una tiene un estilo completamente distinto, pero ambas siempre llamaron mi atención. De hecho, para La construcción de los destrozos iba a usar de epígrafe un verso de Rosabetty Muñoz de su libro Ratada (“Para entrar aquí/ hace falta haber perdido”). Después me arrepentí y, ahora que lo pienso, me arrepiento de mi arrepentimiento.

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