Opinión: Nuestros favoritos del año

Hacer un buen libro es siempre un milagro. Lo positivo sería divulgar esos milagros y honrar a quienes los han producido. (Cuando era muchacho, José Santos González Vera)

 

Este año nos propusimos citar libremente entre lo publicado durante el año, sin orden de prelación, los tres mejores libros que cada uno haya leído. Como todos somos lectores de gustos diversos y recurrimos a distintas fuentes para escoger nuestras lecturas, resultó en una pequeña muestra de lo que, creemos, es lo mejor que se puede obtener de los estantes de novedades de las librerías en Chile.

Esto es lo que recomendamos a otros lectores, tales como nosotros, para que no pierdan de vista. Porque hacer un buen libro siempre es un milagro.

 


 

Los favoritos de Rodrigo Salgado Boza

Por la Humanidad Futura Por la humanidad futura: Antología política de Gabriela Mistral de Gabriela Mistral (La Pollera)

Mucho se ha dicho que Mistral no es únicamente las rondas con las que la última dictadura la moldeó a su conveniencia. Armó el sistema educacional del México de principios de siglo, estuvo atenta a los movimientos políticos mundiales y nacionales, y si es por hacerle caso a Patricio Marchant, hay en ella buena parte del pensamiento del habitar latinoamericano que no se encuentra en filósofo alguno. Este volumen, por lo previo y mucho más, es imprescindible.

 

 

 

 

 

El arado de cinco dedosEl arado de cinco dedos y otros textos de Alfonso Alcalde (Das Kapital)

Esta editorial se arriesga publicando en un único tomo todas la obra poética y algunos textos más de Alcalde, poeta, contrabandista de cadáveres, novelista, cuentista y escritor fantasma. Uno de los mejores escritores del país, prolífico, inventivo y sorprendente. Que se agrupe buena parte de una obra irrepetible por lo brillante e inteligente, no debería ser pasado por alto.

 

 

 

 

 

Caja NegraCaja Negra, de Álvaro Bisama (Laurel)

A nueve años de su publicación original por Ediciones B, se reedita la primera novela de Bisama. Un pastiche melancólico fabricado con las esquirlas y retazos de fantasía de distintas historias: un rockero glam japonés, el poeta que le reprocha a Juan Luis Martínez haberle copiado, una generación inexistente de cineastas clase B chilenos. Si los que hoy publican hubiesen leído con detención esta novela y no tanto Bonsái (publicada el mismo año) no estaríamos enfrascados en este fome y gris atolladero actual.

 

 

 

 


Los favoritos de Jonnathan Opazo

ir-a-la-trinchera2Ir a la trinchera, de Juan Carreño (Ajiaco Ediciones)

Cuaderno de viajes, apuntes sobre las representaciones dominantes del cine chileno, testimonio de la desolación de una periferia cuyos paisajes a ratos cobran matices distópicos, Ir a la trinchera, primer libro de crónicas de Juan Carreño, viene en cierta a medida a continuar lo que ya nos ofrecía en sus dos libros de poemas Compro fierro y Bomba bencina. Sobresalen en el volumen los textos Ir a la trinchera —que abre el volumen—, Museos instantáneos, Ya se murió mi abuelo y Hacinados en nuestras versiones del siglo XXI.

 

 

 

 

Nancy_LloretNancy, de Bruno Lloret (Editorial Cuneta)

Nancy se está muriendo de cáncer. Su esposo, un gringo frío y silencioso, muere mientras trabajaba en un barco en alta mar, luego de caer en una máquina que procesa pescados. En esa soledad, en esa desolación radical, Nancy comienza a pasar revista a una vida torcida, poblada de personajes delirantes y una familia que hace agua por todas partes. Sin embargo, la protagonista se sobrepone con ternura y estoicismo. Lloret crea un personaje adorable y no escatima en recursos al momento de narrar: una novela que está llena de pequeños poemas que crecen en la inmensidad del desierto.

 

 

 

 

 

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El Dios Salvaje, de Al Álvarez (Hueders)

Desde hace un tiempo Hueders viene sorprendiendo con reediciones de títulos cuya circulación en nuestro país es más bien escasa. Dentro de esta colección, y con una excelente traducción a cargo de Marcelo Cohen, se encuentra El dios salvaje, ensayo que se aventura en un tema difícil y pedregoso, lleno de tabúes, como lo es el suicidio. A partir de su relación con la poeta Sylvia Plath, Álvarez realiza un recorrido histórico a través de las distintas representaciones que este acto, primero exaltado de forma solapada en el martirologio y luego sancionado brutalmente por la iglesia católica, ha cargado. Texto que es además la confesión de un suicida frustrado, escrito desde el ojo mismo del huracán, sin que por eso pierda la lucidez.

 

 


Los favoritos de Nicolás Campos F.

1-2El instante no es decisivo, de Gastón Carrasco (ed. Balmaceda Arte Joven)

Desde el título, que contradice a otro título famoso de Cartier-Bresson, Carrasco indaga en el arte de la fotografía no solo desde la admiración, sino también desde la sospecha. También retrata momentos de la vida de algunos fotógrafos y algunas de sus obras. El resultado es un estudio de la relación a veces pobre o insatisfactoria que hay entre la imagen y la palabra. Podría parecer un libro menor por comentar otro arte, pero nada sería más equivocado.

 

 

 

 

 

portada-una-mujer-sola-cuatroUna mujer sola siempre llama la atención en un pueblo, de Natalia Figueroa (Das Kapital).

La bitácora de un viaje, nada menos que a Grecia y a otros países mediterráneos, aunque también incluya poemas situados en Chile. Tiene una especie de búsqueda, quizá de un lugar propio, y termina trazando una cartografía que resulta ser también la de su registro como poeta, que posee mucho de la tradición helénica del siglo pasado, en particular aquellos poemas basados en personajes. Sin alardes, con delicadeza, Figueroa trabaja con algunas imágenes hasta proveerlas, en sus mejores momentos, de una intensidad casi de símbolo, de cotidianidad y extrañeza al mismo tiempo.

 

 

 

 

cuadernos de lengua y literaturaCuadernos de lengua y literatura VIII, de Mario Ortiz (Eterna Cadencia)

Quizá hago un poco de trampa al elegir este. Lo hago para resaltar y recomendar todos los Cuadernos de Ortiz, trabajos que el mismo Ortiz lo define como “un laboratorio, un espacio de prueba con materiales lingüísticos”. Oscilando entre prosa y poesía, despliega sus procedimientos, se aventura en las relaciones entre las palabras y las cosas, y configuran uno de los proyectos en marcha más importantes de este idioma.

 

 

 

 

 


Los favoritos de G. Soto A.

qué verguenza

 

Qué vergüenza, de Paulina Flores (Hueders)

Este libro tiene un doble mérito. No solo se trata de una novedad editorial sino que además es un debut. Lo que la hace destacar es algo que habría que llamar estilo: aquel carácter particular en su escritura que la aparta del cúmulo de libros que se están escribiendo pareciera que bajo un mismo signo. Los nueve cuentos que posee este conjunto son relatos que se toman su tiempo para crecer frente al lector, para desarrollarse, para ser contados. La autora escapa de las modas, y no pierde de vista dos de los aspectos principales a la hora de escribir: el lenguaje y lo que relata. En ambas es ampliamente exitosa.

 

 

 

 

DSC04692Hijo de ladrón, la novela gráfica (Ocho libros)

Evité reseñar este libro por miedo a no hacerle justicia dado mis nulos conocimientos sobre el arte de la novela gráfica. Pero por otro lado no puedo dejar de destacarlo: se trata de un libro bellísimo. Además, me parece que sortea con éxito todas las muchas dificultades que tiene llevar al cómic una novela como esta: la ambientación de época es perfecta, el guion funciona a la perfección, especialmente considerando la complejo de un relato que se desmembrana y sigue el desorden caótico de la memoria. Y en ese desorden aparente, la novela gráfica mantiene férreo el hilo conductor que permite que esta novela se lea con una sencillez de una complejísima factura.

 
05_laurel_tren_150313-page-001El tren marino, de Daniel Villalobos (Laurel)

Daniel Villalobos puede escribir muy bien, pero eso ya lo sabíamos de El sur, su anterior publicación. También sabíamos que podía jugar con la melancolía, sacarle todo el provecho. No sabíamos, por el contrario, que podía hacer un libro tan entretenido y ágil, con tanto ritmo. Hay algo que normalmente le juega en contra respecto al género de novelas fantásticas (y El tren marino puede calificarse como tal) y es que son un mecanismo hecho principalmente para entretener, lo que no tiene por qué desmerecer su factura. Cuando un libro, además de estar muy bien escrito, pensado y estructurado logra ese componente, el de ser entretenido, es muy difícil no reconocerlo. El tren marino, desde mi punto de vista, reúne todos esos méritos.

 

 

la muerteLa muerte del pequeño Shug, de Daniel Woodrell (Alba negra)

Sí, estoy incumpliendo el trato de nombrar solo tres libros. Más todavía, este libro ni siquiera se publicó durante este año 2015, sino que llegó a Chile en este año, cosa que, como dice la canción, no es lo mismo pero es igual. Me siento obligado a nombrarla porque es una novela negra que me pareció brillante. La historia es demoledora, el relato atrapa y se va hundiendo en la miseria humana mientras los hechos provocan cierto rechazo en el lector, aun cuando podemos hasta cierto punto anticiparlos, pero nunca en cuanto a la real decadencia a la que llegarán. Se trata de una novela muy actual, durísima, en un género que, tal vez como ninguno, funciona hoy por hoy como muestra de nuestros tiempos.

 

 

 

 

 

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1 Comment

  • Gracias por su generosa visión que abre a nuevos mundos siempre tan presentes, una siempre refrescante llamada para los que leeremos!!

     

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