La muerte del pequeño Shug (Daniel Woodrell)

la muerteLa muerte del pequeño Shug (2011)

Daniel Woodrell (1953)

Editorial Alba (2014)

ISBN 978-84-8428-958-6

214 páginas

 

Bajo el difuso concepto de novela negra se incluye una variedad muy diversa de creaciones literarias, no siempre muy parecidas unas a las otras. Y no obstante La muerte del pequeño Shug está publicada bajo tal etiqueta (lo que no es necesariamente incorrecto); me parece que escapa, desborda el género y permite una lectura totalmente libre de reglas y estándares preconcebidos. Porque, digámoslo desde ya, La muerte del pequeño Shug es una novela brillante.

Shug Atkins tiene trece años. Vive con su madre Glenda, una mujer escandalosamente atractiva que «podía hacer que un simple “hola, ¿qué hay?” sonara tan pecaminoso que corrieras a lavarte los oídos después de oírlo y luego probablemente volvieras para oírlo otra vez» y, de forma esporádica, con el supuesto padre —que todos saben que no lo es— Red Atkins, un hombre violento, adicto a las pastillas, que viene saliendo de la cárcel y que, apenas comenzado el relato, involucrará al pequeño Shug en sus asaltos a casas de enfermos de cáncer, en busca de fármacos. El relato transcurre en las montañas de Ozarks, Missouri, en un lugar rural, donde nuestro protagonista vive en una casucha a mal traer al costado de un cementerio, el que le permite a su madre y a él (a él principalmente, que es quien efectivamente realiza las labores) tener un mínimo sustento para sobrevivir.

Se trata de una novela de una crueldad impresionante. La temática no es la pobreza, como cabría esperar en un primer momento, sino que el asesinato, la pérdida de la humanidad, la estupidez humana, la violencia. Todos estos temas son tocados y se profundiza en ellos con sobriedad, sin efectismos, sin repletar de escenas de sangre. Por el contrario, lo que provoca esa gran intensidad de crueldad y violencia en el relato es el contraste de este niño, que al comienzo de la historia aún es ingenuo, aún mantiene rasgos de empatía con su entorno, con todo aquello a lo que está sometido y de lo que es parte. Porque él también forma parte del mundo en el que vive, de él aprende y ahí es donde se está formando, con una suerte de determinismo fulminante. Es así como, con el desarrollo de la historia, vemos paso a paso la degradación psicológica del personaje infantil, lo que produce un efecto violentísimo en el lector.

Más adelante, en el mismo relato, Glenda conseguirá otro novio, esta vez amable, ya no violento, en el que verán una oportunidad de salida. Pero claro, Red Atkins, el supuesto padre, no dejará que se salgan con la suya. Y es ahí cuando todo lo que ya estaba mal o muy mal, solo logra empeorar.

Como adelantaba, se trata de una novela brillante, que con holgura logra evitar los lugares comunes que la pobreza puede añadir a un relato y en cambio a través de una prosa directa y que a ratos consigue incluso vuelo de belleza, construye una historia poderosa, terrible, profundamente cruel y que termina de una forma perturbadora.

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