Mario Silva: “No escribo para darle el gusto al pequeño burgués con sentimiento de culpa por servir al sistema”


Mario Silva Mera es uno de aquellos escritores que se han forjado en la vida misma y que tiene su mayor escuela en la calle, en las conversaciones, en la capacidad de escuchar al otro. De pequeño vivió en la Fundación Mi Casa, más tarde fue cabo de de la Fuerza Aérea y actualmente trabaja en una reconocida empresa de Telecomunicaciones. Ha publicado El Roberto y la Julia (2009), novela con la que obtuvo el premio Gabriela Mistral que otorga la Municipalidad de Santiago, y El Cojinova y otros cuentos de la pobla (2012). Acá nos cuenta sobre sus motivaciones a la hora de escribir, sobre su forma de ver el mundo y sobre la gente sencilla, la que vive en las poblaciones, aquella que le interesa como realidad a ser retratada en la literatura.

 

1.- Nos puedes contar cómo fue que llegaste a la literatura, a escribir, a publicar. ¿Qué parte de Mario Silva, el niño que alguna vez fuiste, lo llevó a convertirse en Mario Silva, el escritor?

Escuchando desde muy niño, atentamente. Escuchaba todo lo que los grandes decían, sobre todo los abuelos. Siempre supe que lo mío era contar, desde que tengo memoria, y no es para el mármol lo que te digo, es la verdad. Esto venía conmigo y dejé de tener dudas cuando aprendí a leer y escribir.

2.- Tus libros dejan la impresión de que escribes con un proyecto en mente, tal vez pensando en el público al que diriges tus novelas y relatos, como si parte de tu intención fuera provocar la identificación entre tus personajes y los lectores. ¿Cuáles son tus motivaciones al escribir y publicar? ¿Hay algún fin más allá de la escritura misma?

La verdadera razón que tengo para escribir, es que estoy consciente de que lo mío es un talento, y que al ejercerlo con libertad me hace sentir feliz. Es la verdad, soy feliz en el proceso de crear, que después significa compartir con el lector. Siento regocijo cuando un lector me cuenta cómo él reescribió mi novela al mezclarlo con sus recuerdos, cuando me cuenta que lo que he escrito ha logrado tocar sus emociones. Escribo para el lolo de pobla, que va desde el barrio periférico a estudiar lo más cerca del centro que pueda permitir su familia y presupuesto. Si a los del ABC1 les llega a gustar lo que escribo, formidable, mejor, no tengo prejuicios al respecto, pero definitivamente no escribo para darle el gusto al pequeño burgués con sentimiento de culpa por servir al sistema.

3.- En Chile existe una especie de corriente literaria que normalmente se la nombra como de bajos fondos o literatura de los márgenes, donde se incluyen a autores como Luis Rivano, Alfredo Gómez Morel, Luis Cornejo, Armando Méndez Carrasco. ¿Te acomoda tal categoría? ¿Sientes que entre esos autores y tú hay algo en común como propuesta literaria, más allá de las temáticas?

No me molesta ninguna categoría, no me encuentro situado en ninguna de ellas. Pero como ellos, escritores de todo mi respeto, hablo y escribo desde la marginalidad, y en mi caso, para los marginales, como lo son mis alumnos del taller de narrativa que dicto en el Sename de San Bernardo, donde mis talleristas cumplen condena por diversos delitos. A muchos se les olvida que por el hecho de vivir en el margen, tenemos una visión más completa y cruda de esta realidad que todos eluden mirar y contar. La belleza, la poesía y todas las manifestaciones que por medio del arte producen emoción, están y son parte de la marginalidad. Lo dramático para otros autores es escribir sobre la marginalidad desde la locación y la distancia del que arranca de la pobreza porque intelectualmente encuentra que allí no hay belleza, y que nunca van a saltar esa distancia por el miedo que produce esta realidad, a pesar de escribir con estilos que hacen gozar a los críticos y académicos. Lo mío va por otro lado. Decir y hacer al mismo tiempo.

Un escritor, no importa sobre lo que escriba, es un constructor de ventanas que permiten abrir la visión del horizonte.

4.- Nos puedes hacer una breve descripción de cómo son tus jornadas de escritura y lectura.

De lunes a viernes me levanto a las 4 AM, para hacer mis ejercicios y después escribir y escribir, también leer, como si en ello se me fuera la vida. Trabajo en telecomunicaciones desde las 08:30 hasta las 18:30, y dentro de este trabajo soy presidente del sindicato. Sí, escribo y reescribo porque siento placer al hacerlo. No es ego, es regocijo. Mi padre me entendía y más de una vez, al verme contento, me dijo que las personas que se esforzaban por ser felices, no mentían, ni roban, ni agredían al prójimo, resultaban ser solidarios, y creo, pienso y siento que tenía toda la razón, amén de las boletas truchas, amén de los hijos oligofrénicos pillos y estafadores con título en Chicago, es la pura verdad. Si no se es feliz en el proceso de ”hacer”, lo que resulta es solo otro espejismo.

5.- ¿La envidia y el resentimiento juegan algún papel en tu trabajo? ¿Cuál?

La envidia, el resentimiento son parte de las motivaciones que llevan a mis personajes a vivir sus historias. La forma de presentar la envidia es todo un desafío, porque es el sentimiento oscuro que más intelectualizamos, y los que la sienten, muchas veces se les puede conocer por su lenguaje, como: este jil nació entero de paráo. Oye, tú si que tienes suerte, o tienes más cueva que un elefante maricón. Y los resentidos, que generalmente son envidiosos crónicos, dicen cosas parecidas, como: Si yo tuviese la misma oportunidad tuya, etc…  Sí, son parte del drama diario que se da en todas partes, pero más acentuado en la periferia, debido al hacinamiento. O en el trabajo, en mi trabajo, cuando un tipo que el apellido y la cultura que tiene le queda como chaleco de payaso de circo pobre, que trata de figurar, pero no nació para eso, dice: A mí me contaron que este tipo fue milico y de la CNI. Me ha pasado dos veces con un colega, donde trabajo. Pero el que envidia sufre más que el envidiado. La envidia y el resentimeinto son parte de la materia prima del escritor; es la vida misma.

6.- ¿Cómo ves el estado de la crítica literaria en Chile? ¿Lees crítica literaria?

Leo las buenas críticas y las malas críticas las dejo de lado. Eso.

7.- ¿Cómo es tu relación y experiencia con las editoriales chilenas? ¿Qué te parece el influjo que ha tenido dentro del panorama la entrada de las llamadas “editoriales independientes”?

De miel y de grasa. Opto desde ahora con la autopublicación y autodistribución.

8.- Algunas editoriales —chilenas o extranjeras— cuyos catálogos te llamen la atención.

No sigo editoriales, sigo autores.

9.- Se suele hablar del pésimo hábito lector del chileno como un correlato del alto precio de los libros: ¿cuál es tu posición al respecto? ¿Qué podemos hacer para que los libros lleguen a todos los sectores de la sociedad?

R.- Todo hábito, bueno o malo, nace en el hogar. Si no tienes hogar, qué más hábitos vas a tener. Si yo quisiera ser RICO, haría o prohibiría que todo el mundo leyera, y que cuando lo hiciera, solo leyeran las obras incluidas en un índice que me permita seguir dominándolos por medio de la ignorancia. Cuando se mata el hábito de leer, se mata la capacidad de sorprenderse. Si los deseo ignorantes, les destruyo la familia por medio de la deuda, así los tipos van a leer solo lo que les pueda servir para seguir pagándome lo adeudado; además, creyendo que van a ser felices.

Con respecto a qué hacer. Yo escribo y hago talleres para que aprendan a escribir y cómo leer un libro. Hay que hacer más que decir. Nuestra sociedad está intoxicada de formas y discursos falsos. Yo digo y hago, nada más, nada menos

10.- ¿Qué estás leyendo ahora?

Leo varios libros a la vez. En este momento, Cuentos completos de Truman Capote. La teoría del caos de Naomi Klein, La oscura vida radiante de Manuel Rojas, La carretera de McCarthy.

11.- Parece haber cierto consenso generalizado en torno a ciertas obras decisivas en la formación literaria en general (los clásicos de siempre: Cervantes, Homero, Borges, etc.): ¿podrías nombrar cinco títulos que no entren en esta categoría y que hayan sido fundamentales para ti?

R.- En el camino, de Kerouac; La oscura vida radiante, de RojasEl rucio de los cuchillos, de Rivano; Carne de perro, de Marín; Servidumbre humana, de Somerset Maugham; Música para camaleones, de Capote; Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy

12.- Un autor o libro clásico que te haya parecido decepcionante.

R.- Casi todos los títulos que me pasaron en la educación media como clásicos. Resultaron intragables. Fueron como comer zapallo crudo con harina tostada.

13.- Para bien o para mal nos estamos quedando sin vates, sin figuras totémicas como lo fueron Lemebel, Bolaño, Millán, etc. ¿A quiénes te imaginas encumbrados en esa posición?

R.- Conozco al Esteban Hasbún, poeta de San Bernardo, que se está autopublicando y tiene mucho que decir, no me cabe la menor duda.

14.- ¿Qué otros autores te interesan y crees que deberíamos entrevistar aquí?

R.- A Luis Rivano, de todas maneras, Germán Marín y Camilo Marks.

 15.- Cuéntanos en qué estás ahora, qué proyecto, novela o publicación tienes en mente. ¿Qué puedes adelantarnos?

R.- Trabajando en la corrección de Toño, en la dura. Esta novela trata sobre un lolo al que la pasta base le hizo pedazos su familia y él, que también está agarrado por “los monos”, debe salirse del vicio y hacerse cargo de sus hermanas mellizas, de tres años. Transcurre en la periferia de Santiago, para variar, y espero poder autopublicarla luego.

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