Seda (Alessandro Baricco)

ANGRM-original sobrecubierta_SEDASeda (1996)

Alessandro Baricco (1958 – )

Anagrama

ISBN 978-84-339-0840-7

125 páginas

 

He oído la historia, desconozco si es cierta o no, sobre que cierta vez se le preguntó a Flaubert para qué o por qué había escrito Salambó. Flaubert, según esta historia, respondió que lo hizo para producir el color amarillo.

Baricco nos sitúa en el año 1861, y nos dice: “Flaubert estaba escribiendo Salambó”. No creo que haya querido hacer un parangón entre Seda y esa novela. Sí creo que Baricco, al escribir Seda quiso producir algo; una sola sensación, única o singular, una nostalgia o saudade difícil de expresar, porque no es una nostalgia de lo que se ha vivido o de lo que fue, sino que es una especie de melancolía sobre lo que jamás ocurrió. Creo que en alemán existe una palabra para denominar esa nostalgia por lo que no se ha vivido. El español, en cambio, nos priva de esa bella idea.

En Seda se nos relata la historia de Hervé Joncour, comenzando en 1861, a la edad de 32 años, avecindado en Lavilledieu (pequeño poblado de Francia) al comenzar su vida de viajero para comprar gusanos de seda en Japón —ante las epidemias que comenzaron a arrasar aquella especie de gusanos y deteriorar la calidad de la seda que podía producirse en Europa—. El viaje, casi sin parangones para la época, es inmenso. Pero lo importante en él no es el trayecto (que el autor sintetiza y así nos lo ahorra), sino que el hecho de que nuestro protagonista, que deja mujer y vida cada vez que se marcha hacia Japón, conoce no sólo al hombre, de nombre Hara Kei, que le proveerá clandestinamente del tan codiciado gusano que sustenta y enriquecerá a la población de Lavilledieu sino que además a una mujer silenciosa, juvenil, con la que no trabará más conocimiento que aquel que permiten las miradas calmosas de ella, mujer que es parte de las posesiones de aquel japonés, Hara Kei, que comparte algo de la mitología mental que cualquiera podría tener de los antiguos señores feudales japoneses.

La historia es mínima. También el relato. En sucesivos viajes que tienen como excusa ir en busca del gusano de la seda, el protagonista va enamorándose de aquella mujer tendida a los pies de Hara Kei. Ella en alguna ocasión le deja una carta pidiéndole que vuelva, que siempre regrese, con lo que confirma la reciprocidad de aquel enamoramiento y aferra la historia compartida entre el silencio de ambos.

Pero la parte quizás más bella del relato no está necesariamente en el protagonista de la historia, no en lo contado por el narrador de forma directa, sino en aquel personaje femenino, leve pero férreamente esbozado y, aún así, completo para sus fines: la mujer de Hervé Joncour, quien siempre lo espera de vuelta y que, no solo eso, sino que lo ansía a su lado. Claro, Baricco jamás lo dice así, jamás pondrá el fragor en ella, pero en todo lo que no se dice y en el giro final que no delataré acá, se revela la personalidad enorme de esa mujer que, cual Penélope, espera que aquel hombre, su esposo, retorne a su lado y no se vuelva a ir.

Seda es una novela que ha tenido una enorme cantidad de reediciones y traducciones, además de abundante buena crítica. Es una novela pequeña, bella en el esbozo de la historia y sobre todo como ya dije, en aquel personaje femenino que a primera vista parece mero espectador del relato, pero que sin embargo no es tal. No es un relato histórico, sino apenas una única historia, directa, sencilla, que en sus bordes revela una belleza, una inteligencia del autor para conformar aquel pequeño juego que, con su trazo firme y seguro, logra brillar una vez se ha pasado la última página.

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