Pasión y muerte del cura Deusto (Augusto d’Halmar)

pasion y muertePasión y muerte del cura Deusto (1924)

Augusto d’Halmar (1882-1950)

Ed. Nascimento

270 páginas

—Pero no lo olvides, ¿eh? —amenazó el gitano—. ¡Aquí a la vista del sagrario! Has ido contra tu sentimiento y contra el mío. ¡Dios te perdone por ambos!

Pasión y muerte del cura Deusto es una novela que se adelanta a las temáticas de su época y que, si obviamos la dificultad que significan ciertas formas del uso del lenguaje que han caído en deshuso o que corresponden a antiguos regionalismos sevillanos, posee un renovado valor en cuanto a los aspectos que trata y la forma delicada y estéticamente bien lograda con que lo hace.

Equivocado el que hubiese creído que aquella emoción, con la que la voz, ya no pueril y todavía no viril, le removía las entrañas, provenía de un instinto mal sofocado de paternidad.

Iñigo Deusto es un cura Vasco que llega a Sevilla a hacerse cargo de una iglesia. Considérese, por supuesto, la importancia y peso social de tal posición detentaba en la época en que transcurre la novela, que aunque no se nos explicita, podemos situarla en los primeros años del s. XX. El sacerdote, al llegar establece ciertas remodelaciones en el culto y, conjuntamente con ello, acepta a un pequeño gitano, de nombre Pedro Miguel, para que lo asista en sus funciones clericales el que, con el tiempo, llegará a convertirse en el sacristán, aceptación que incluye acogerlo en su casa, compartir la mesa y hacerlo partícipe de su vida doméstica, principalmente como acto piadoso ante el desamparo del muchacho que en aquel entonces apenas alcanza los doce años. En un primer momento la relación entre ellos es meramente fraternal, con el cariño paternal que se espera que un sacerdote ejerza sobre las personas que conforman su iglesia. Sin embargo, con el transcurso del tiempo (al menos 3 años llegarán a estar juntos) el niño en crecimiento demuestra poseer la habilidad del canto, o del cante gitano para ser más precisos. Primeramente lo ejerce en la iglesia con los himnos —y ya ahí se vuelve todo un acontecimiento en el poblado que es, en ese entonces, Sevilla— y finalmente su destape se extiende hasta otros tablados y escenarios.

Apoyado en su respaldo, el joven recorría la asistencia, y en un quejumbroso tanteo, que arrancó exclamaciones de entusiasmo, se preparaba a cantar. Deusto no pudo más; desplomándose en su asiento, apoyó la frente contra sus manos crispadas a la barandilla, y donde el pulso latía como otro corazón también sufriente.

La relación entre el sacerdote y el muchacho también crece y así como en un comienzo es sólo de amistad, cuando el muchacho se vuelve“hombre” (probablemente hoy por hoy no consideremos hombre-adulto a una persona de 15 años, pero hay que situarse en el contexto de la época, de un muchacho además criado sin familiares y que ha crecido como huérfano, bajo la tutela de un sacerdote que se ha limitado a acercarlo a la iglesia para fundar en él una moral cristiana) resulta que progresivamente el joven se va enamorando de aquel sacerdote que siempre lo ha cuidado con cariño. No obstante lo anterior existe un quiebre, un escape que hace que ambos noten cuán profunda es la relación que han construido, cómo es que han llegado a quererse no obstante no dar ni el más mínimo paso en dirección a transparentar sus emociones. Más aún, la novela remata con un final Tolstoyano, un remate que refiere claramente a Anna Karenina y que sella el fracaso de la relación.

Es, en suma, una relación que sabemos desde el primer momento que resultará fallida. No existe jamás un desarrollo erótico de la historia, por el contrario, hay una delicadeza de gestos, de intenciones, una pureza en aquel amor que escasamente se confiesan el joven y el sacerdote. Y al mismo tiempo existen tantas trabas, no tan solo la del amor homosexual como tabú, sino que quizás especialmente la circunstancia de que el protagonista sea un sacerdote.

Se trata de la que se dice ser una de las primeras publicaciones en español donde se trata la temática del amor entre personas del mismo género. Y el autor lo hace con una elegancia, con un refinamiento de sentimientos, emotividades y gestos que no es posible menos que compadecerse de esta pareja imposible.

Entiendo que en su época esta novela no fue muy comprendida ni menos bien recibida por la crítica. Sin embargo, el tiempo —las reimpresiones, las reediciones— le ha dado, poco a poco, el sitial que se merece dentro del canon de la literatura chilena.

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