Apologías y rechazos (Ernesto Sábato)


 Reseña remitida por:
Joaquín Pérez A.-
Apologías y rechazos (1979)
Ernesto Sábato (1911- 2011)
Editorial Seix Barral
192 páginas
Precio referencial $4000
Hasta el presente hemos reseñado obras enteras de nuestro queridísimo escritor argentino –ojo, no se me mal entienda. Por enteras me refiero a libros que fueron pensados bajo un mismo sentido y bajo una misma lógica, proponiendo un argumento o una idea primera y finalizando con duras y severas conclusiones o trágicos finales femicidas-. Y lo hemos hecho con gusto pero con precaución, porque no deseamos que la admiración absoluta nuble el juicio racional que de un libro se puede desprender; quizás el propio Sábato nos hubiera llamado la atención por aquella limitación fenomenológica pero justamente creemos que la admiración no precisa devoción, por lo que seguiremos en esta aventura.
Lo anterior es traído a colación por la sencilla razón de que Apologías y rechazos es, a mi parecer, un dispar conjunto de artículos ensayísticos que no contiene de fondo una tesis científicamente comprobable, pero que sí lleva de sobremanera el pensamiento humanístico del entonces filósofo Sabato. Si bien los ensayos tratan de temas, o mejor dicho preocupaciones, capitales en la vida del escritor argentino, no resulta fácil encontrar una misma línea dentro del corpus que el libro representa. Este contiene trabajos de diversas índoles: Da Vinci, la educación, semitas y antisemitas, entre otros.
Lo interesante del trabajo ensayístico de este escritor argentino es que combina de manera brillante la capacidad analítica y racional de todo ensayista, con el poder intuitivo de cualquier persona que percibe atentamente su mundo. Para ejemplificar aquello tenemos dos elementos a nuestro favor: dentro de la modestia que Sabato siempre mostró, una de las características que siempre extrajo de su propia personalidad es que nunca se consideró muy inteligente, por lo que siempre tuvo que recurrir al poder de la intuición –una combinación entre metafísica y experiencia- para desentrañar los engranajes de los que estaba compuesto el mundo, su mundo. Y junto con ello, puede verse en sus ensayos las tonalidades de poesía que por momentos el escritor recurre para analizar su época, no tan sólo mediante su propia empiria sino que además de hechos concretos, mínimos pero fundamentales.
En el primero de los trabajos aquí presentados, El desconocido Da Vinci, Sábato analiza y describe las posibilidades faciales que pudo tener el famoso artista renacentista en la oscuridad de la noche, cuando ya nada ni nadie interviene en el comportamiento propio; y, digámoslo claramente, lo hace de manera soberbia:

“¿Cuál sería su rostro en la soledad? Podemos sospechar que tendrá algo de horrendo y hasta de trágico. Porque siempre llevamos una máscara, una máscara que es distinta para cada uno de los papeles que se nos tiene asignados en la vida: el del honorable padre o el de sigiloso amante, el del rígido profesor o el del sobornable canalla. ¿Pero qué expresión ofrecemos cuando por fin en la soledad nos quitamos la última que llevábamos? ¿Cuándo nadie, absolutamente nadie, nos escruta, nos exige, nos intima o nos ataca?” (Pág. 12)

En base a esta misma característica de los ensayos de Sabato, podemos sacar a relucir otra deducción a propósito de estos: como la experiencia es parte importante en sus análisis, estos también están siempre imbuidos de una importante cuota de autobiografismo, un elemento quizás no necesariamente novedoso en la ensayística universal pero que Sabato trabaja de una manera más directa y confrontacional. En cierto modo, Sabato no es un investigador puro a la usanza que hoy se concibe en el mundo universitario –objetivo por sobre todas las cosas-, sino que más bien Sábato ensaya para responderse a sí mismo las preocupaciones que desde joven ha sentido sobre el mundo, la vida, la muerte y tantas otras cosas. Para aquello, el mismo artículo sobre Da Vinci sirve de metáfora para lo que su vida ha significado hasta entonces: una dualidad espiritual entre la ciencia y la metafísica materializada en el arte. Y si revisamos el que podría ser el ensayo “hermano” del anterior, Pedro Henríquez Ureña, encontramos en él una de las facetas que Sabato realizó en vida, justamente antes de desechar aquellas experiencias: las de un científico.
Si de algo pudiera pecar por momentos nuestro admirado escritor es en la facilidad con que se acerca a las discusiones filosóficas –y por lo tanto, abstractas- sobre temas contingentes a su vida. Por ejemplo, los dos trabajos relativos a la educación, uno dedicado a ver las falencias del “modelo” educativo occidental y otro sobre los principios positivistas de este, reducen la mirada a concepciones generales sobre lo que la educación ha provocado en los hombres de nuestro tiempo, sin revisar en detalle aspectos importantes de análisis como lo son las condiciones socioeconómicas de la escuela o de los mismos profesores. Si bien sus argumentos están sólidamente respaldados por grandes pensadores y filósofos, y uno puede estar bastante de acuerdo con ellos, las proposiciones que el escritor realiza para una posible mejora no se condicen con lo que necesariamente puede ocurrir dentro de una escuela, donde la realidad se tergiversa desde la verticalidad de la cual está pensada y orientada el sistema educativo.
No podemos negar eso sí que las propuestas de Sábato están muy de acuerdo con las críticas que hoy por hoy se realizan a los sistemas educativos, aspecto que demuestra la lucidez del escritor argentino.
Ante lo recién expuesto, no podemos más que advertir a los lectores que la obra aquí reseñada no resulta ser un escrito concatenado en torno a un principio o a una idea fuerza, lo que, en este caso, lo torna un libro digno de admirar para quienes la pluma sabatiana es objeto de nuestra más fiel devoción. Cualquier otro lo más probable es que lo considere un superficial y enredado conjunto de escritos de no mucho interés.
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