Ardiente paciencia (Antonio Skármeta)


Ardiente paciencia (1985) 
Antonio Skármeta (1940 – X)
Ed. Sudaméricana (1985)
ISBN 950-07-0297-5
133 páginas
Precio referencial: $5.000
—¡Putas que me gustaría ser poeta!
—¡Hombre! En Chile todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos los poetas somos guatones. (…)
—Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.
—¿Y qué es lo que quieres decir?
—Bueno, ese es justamente el problema. Que como no soy poeta, no puedo decirlo.
Llevada al cine como Il Postinoy al teatro, como El cartero, y en ocasiones conocida también como El cartero de Neruda, esta novela relata en un tono ágil, alegre incluso, la historia de un hombre que se convirtió en cartero con el único afán de entregarle a Neruda su correspondencia, al poeta Premio Nobel de Literatura. La situación es curiosa, estamos en los últimos años de los sesenta y en Isla Negra, lugar costero que sirve de habitación para el poeta, no hay nadie más que lea ni reciba cartas, nadie más que Pablo Neruda. Entonces, el oficio de cartero del protagonista Mario Jiménez se limita casi exclusivamente a llevarle la nutrida correspondencia que día a día recibe el vate. Mario es un hombre simple, ameno. Su mayor ambición se vuelve, primeramente, obtener la firma de Neruda. Para ello, por supuesto, debe comprar un libro de él, el que, de tanto pasearlo, termina leyendo. Claro, luego de superar su timidez, consigue pedirle “la millonaria” al poeta, es decir, que le autografíe el libro. El giro de esta novela está en que, de tanto ambicionar una dedicatoria hacia su persona, de tanto leer sus poemas, va aprendiendo a apreciar la belleza de las palabras y de las metáforas que usa Neruda.
¿Y qué pasa, en la vida de este hombre sencillo, cuando conoce la belleza de la poesía? Pues que se enamora de una muchacha y, aunque antes nunca habría tenido recursos para abordarla, ahora se vale de los poemas de Neruda para conquistarla y, más todavía, ello resulta efectivo.
 —Poeta y compañero —dijo decidido—. Usted me metió en este lío y usted de aquí me saca. Usted me regaló sus libros, me enseñó a usar la lengua para algo más que pegar estampillas. Usted tiene la culpa de que yo me haya enamorado.
—¡No, señor! Una cosa es que yo te haya regalado un par de mis libros, y otra bien distinta es que te haya autorizado a plagiarlos. Además le regalaste el poema que yo escribí para Matilde.
—¡La poesía no es quien la escribe sino de quien la usa!
—Me alegra mucho la frase tan democrática, pero no llevemos la democracia al extremo de someter a votación dentro de la familia quién es el padre.

 
Pero digámoslo desde ya: esta no es apenas una historia de amor, no es tampoco solo literatura sobre literatura. En ella se conjugan además los hechos históricos, la propuesta que se le hace a Neruda para que sea presidente de Chile por el Partido Comunista y la obtención del cargo de Salvador Allende y, tres años después, el golpe militar que desembocó en dictadura y, concomitantemente, con la muerte del poeta, donde el mismo poeta cae víctima no solo de cierta enfermedad, sino que también de su época. Y es así como la Historia, esa con mayúscula que escriben los hombres, arrasa con la simpleza de esta narración.
Esta es una novela alegre, para reír, para asombrarse de una belleza pequeña, refinada, en la historia, en la agilidad de la narración. Se enmarca, seguramente, entre lo mejor de la narrativa chilena surgida bajo la misma dictadura a la que nos referimos.
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