Pilar V. Martínez: “En un mundo altamente dominado por unos pocos (…) es esencial mirarnos desde dentro y construir desde lo propio”

 

Pilar V. Martínez (Santiago, 1991) es licenciada en Letras Hispánicas y candidata a Doctora en Culturas Latinoamericanas en la Universidad de Texas, Austin. Feminista del sur global, ha trabajado con distintas organizaciones y colectivos en Chile. Escribe sobre feminismo, disidencias y resistencias en Abiayala para distintos medios digitales en español e inglés. Es una de las fundadoras y actual editora general de la revista de arte y cultura latinoamericana Zánganos. A lo largo de su formación ha realizado y participado de performances, lecturas poéticas, talleres y cursos de creación literaria. Yerbas de sangre (La Calabaza del Diablo, 2019) es su primer libro de poesía.

 

-¿Cuál es la rutina de Pilar V. Martínez?, ¿qué peso tiene en ella la escritura?

La verdad es que no sabría decir si tengo una rutina fija, además del café de todas las mañanas, y tal vez menos aún en cuanto a escritura. Lo que sí tiene un espacio casi todos los días es la creación. En algún momento del día y la semana debo sentarme ya sea a escribir, pintar, dibujar, fotografiar, etc. Pienso que la creación, en todos estos distintos de medios de expresión, es fundamental en mi vida ya que es también lo que me mantiene con los pies en la tierra (o el agua en algunos casos). Sin eso, sería imposible continuar el día a día, con todas las exigencias que eso demanda y que la sociedad nos impone.

Igualmente, la escritura siempre ha tenido y tiene un espacio especial en mí, entre todos estos medios de expresión. No solo debido a que es una forma de comunicar y crear, sino que también es una forma de sanar. Es eso lo que me llevó en un comienzo a escribir poesía en primera instancia; intentar sacar ciertos dolores que de otra manera no podían salir, o al menos no con la libertad que la escritura me proporciona.

-¿Qué es lo que más te ha gustado y desagradado del estallido social?

Pienso que lo que más me ha disgustado no tiene que ver tanto con el estallido en sí, sino con el hecho de no estar en Chile en este momento. Ha sido duro vivir esto a distancia y a través de familia, amigues, noticias y redes, especialmente porque el sentimiento que se vive allá, por más que lea, escuche y converse nunca será el mismo que yo percibo desde aquí. Sin embargo, a lo largo de estos meses he tenido sentimientos contradictorios; pena y felicidad, alegría y rabia, esperanza y desilusión. Creo que lo más positivo, para mí, es escuchar los testimonios de las personas que siempre han tenido mucho que decir pero que nunca se les ha escuchado hasta hace poco. Con esto me refiero a las trabajadoras, constructores, profesoras/es, escolares, migrantes, etc. Asimismo, ha sido gratamente sorprendente ver tanto apoyo a la nación mapuche y que se esté cuestionando temas sobre colonialismo por parte del pueblo chileno. Lo que sí tengo la impresión de que hace falta es una cierta unidad, no en términos de efervescencia social o compañerismo, sino que en cuanto a organización práctica para lo que se viene. Porque una cosa es que estemos moviéndonos, que las personas en la primera línea estén enfrentando la violencia desmedida de los pacos, pero otra cosa es qué pasará luego de que esto acabe y/o que Piñera se vaya (en el mejor de los casos). Me pregunto, ¿queremos al Frente Amplio, la Nueva Mayoría y/o los mismos políticos de siempre en el poder, o queremos construir algo nuevo desde una democracia participativa que rompa los eslabones jerárquicos que siempre se han manejado desde el poder? Si queremos la primera opción, bueno, no será tan necesario hacer mucho más que votar las próximas elecciones, pero si queremos la segunda, eso trae grandes desafíos de organización social y política que deberíamos estar construyendo desde ya y desde los territorios y comunidades, y no desde los representantes políticos de uno u otro partido.

-Manuel Naranjo dice en la contratapa de Yerbas de sangre que tus poemas son rabiosamente actuales, y se posicionan desde un lugar de denuncia feminista. Gran parte de ellos están construidos sobre aseveraciones que logran mostrar situaciones de violencia cotidiana, ¿cómo surge tu primer libro y qué importancia le das en él al feminismo?

Es una pregunta difícil. La verdad es que Yerbas de sangre por sobre todo está permeado por mis propias experiencias de vida y de lo que significa habitar un cuerpo femenino/feminizado en una ciudad como Santiago que es bastante hostil. Eso sumado a afectos que vienen desde sentir las experiencias de otros cuerpos y subjetividades que habitan la ciudad. Así que nace desde esas experiencias que son netamente corporales y vivenciales.

El feminismo, o mujerismo tal vez, por supuesto ha sido algo crucial en mi vida, especialmente dentro de los últimos cinco años y por ende tiene influencia no solo en mi escritura sino que en todo lo que hago, en como habito el mundo y mis relaciones. Sin embargo, no es algo que haya pensado explícitamente al momento de escribir este libro (que además incluye poemas que había escrito hace varios años atrás), sino que más bien estos temas tienen una alta presencia en el libro porque lo tienen en mi quehacer diario.

– En parte de tus poemas lo femenino referido a los niños pierde esa carga denostativa que le impone la sociedad patriarcal, eso de evitar a toda costa parecerse a las niñas, mostrándolo como una virtud hasta el punto de convertir al niño en niña, o como dice uno de tus poemas: “mitad y mitad/ ni lo uno ni lo otro” ¿cuál es el valor de subvertir los géneros en la escritura y desplazar ese cuestionamiento a la realidad?  

Pienso que la escritura es parte de la realidad, pero con un poquito más de libertad, por lo que no lo veo como espacios necesariamente distintos. Para mí, la poesía y la escritura son ese espacio donde puedo ser completamente yo misma y donde puedo transmitir aquellos rincones que permanecen escondidos en la cotidianidad pero que ahí están, entre las paredes esperando aparecer. Así es como siento el género en el libro y en mi vida, pues habito un cuerpo femenino y como tal estoy influenciada por este, sin embargo, eso no significa que habito la “femeneidad” o “lo femenino” cada día. Hay días que me siento más de un género que de otro y hay otros que no me siento ninguno, por tanto, esa subversión de género en la escritura pienso que también es algo que aparece como una dualidad, o contradicción, de mi día a día.

– La experiencia migrante vinculada a lo vegetal, la vida vinculado a lo verde, la vuelta a las raíces ancestrales, los conflictos políticos actuales, todo se concatena hasta desembocar en el poema, ¿qué opinas de la experiencia urbana frente a la explosión migrante?

Pienso que está todo conectado. Suena tal vez un poco cliché, pero así lo es. Los seres humanos estamos lejos de ser el centro del universo o a la cima de la pirámide, sino que más bien somos un elemento más que permite la coexistencia terrestre. De hecho, diría que al contrario de casi todas las otras especies, los humanos no sabemos para nada cómo convivir y cuidar de nuestro entorno y de nosotros mismos. La reacción frente a la migración actual es prueba de ello. O sea, los seres humanos nos hemos movido de un lugar a otro por siglos, sin embargo, lo que aquí está en juego son sistemas de opresión como el racismo y la colonización. Esto hace que personas migrantes, especialmente afrodescendientes e indígenas, sean marginadxs del espacio público y privado. Por eso también ha sido bacán ver cómo las personas no solo se están tomando las calles, los parques y otros espacios, sino cómo la solidaridad se ha manifestado en muchos de estos lugares. La idea, pienso, es que esto se mantenga, que siga creciendo en cuanto al trato digno de personas que migran y que estxs tengan los mismos derechos a habitar la ciudad, lo que cual sigue siendo algo permeado de violencia patriarcal, racista y capitalista.

– Eres parte del equipo de Revista Zánganos, ¿cuáles son sus lineamientos y objetivos a corto y largo plazo?

El objetivo de Zánganos es por sobre todo ofrecer un espacio de encuentro para la cultura, el arte y las reflexiones sobre y desde América Latina. Siempre he creído -tal vez ingenuamente- que Abiayala debería construirse y pensarse más en torno a una historia común. Si bien es cierto que cada comunidad y territorio tiene sus propias experiencias, también lo es que compartimos una historia y que hemos sido víctimas de la expansión y extracción imperialista. En un mundo altamente dominado por unos pocos países que mantienen el control económico y por tanto político, social y cultural, pienso que es esencial mirarnos desde dentro y construir desde lo propio. Hay que salir del eurocentrismo cultural y social que se nos ha impuesto toda la vida y valorar lo propio. El arte, a mí parecer, es un espacio político, pero con mayores libertades que otros y, por tanto, con mayores posibilidades de construir también. De ahí que viene este deseo de visibilizar estas creaciones.

Zánganos aún se mantiene como un proyecto independiente y autogestionado, lo cual trae beneficios y dificultades, pero gracias a la colaboración de muchas y muchos ha logrado crecer y tejer sus propias redes. Por el momento estamos centradas en seguir construyendo esta reflexión y expandir los temas y colaboraciones hacia otras partes de América Latina, no tan centrado en Chile únicamente. Asimismo, queremos potenciar el arte que está comprometido con la realidad social y busca la transformación de este y el empoderamiento de los grupos oprimidos.

-¿Trabajas en algún otro proyecto de escritura?

La escritura siempre está ahí, para bien o para mal, jajaja… por lo que siempre hay un proyecto ahí dando vueltas. Por el momento estoy volviendo a una novela que empecé hace unos años atrás y que espero terminar este año. La poesía, siento que es algo que fluye más natural y que siempre me acompaña, por tanto, no tengo algún proyecto en concreto planeado aún pero seguro más adelante vuelva a aparecer.

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