Un hombre entre paréntesis. Retrato de Mario Levrero (Mauro Libertella)

Un hombre entre paréntesis (2019)

Mauro Libertella (1983)

Ediciones UDP

ISBN: 978-956-314-445-1

178 páginas

 

No sé si hay otro libro autobiográfico de Mario Levrero que no esté mediado directamente por su voz. Sin contar la última parte de su producción narrativa que se centra obsesivamente en los vericuetos domésticos y personales, nos ha llegado la Correspondencia (2018) entre Levrero y Francisco Gandolfo que reeditó en Chile Ediciones Overol; las Conversaciones con Mario Levrero de Pablo Silva Olazábal, que recoge la serie de correos que se envió el autor de La novela luminosa (2005) con su tallerista; y también, Un silencio menos, conversaciones con Mario Levrero (2013) compiladas por Elvio E. Gandolfo. Todos esos libros perfilan un retrato casi directo del hombre que fue Levrero, pero que no acaba ahí: crece y crece.

Eso lo deja claro Un hombre entre paréntesis. Retrato de Mario Levrero de Mauro Libertella. El autor argentino emprende el viaje Levrero periciando un archivo de 75 cajas con papeles acumulados. Es de este monumental cerro de memorias producto de un mal de Diógenes del escritor uruguayo que Libertella abre su semblanza: “Como un Aleph privado, hay una agenda de teléfonos de 130 páginas, invitaciones a casamientos y cumpleaños, una lista de contribuyentes a la compra adelantada de La novela luminosa, su partida de nacimiento, carnets escolares de 1945 y 1950, certificados de vacunas, registros de tratamientos homeopáticos, una guía de ejercicios de yoga, un tarot y los manuscritos de El discurso vacío.” (pág. 7). Pero muy acertadamente, no se sabe si por prohibición, presupuesto editorial o por decisión personal, Libertella no incluye el registro de estos documentos evitando el morbo voyerista de intrusear hasta la intimidad más juvenil de Levrero.

Una de las virtudes del conjunto es que logra complementar notablemente los libros de referencia que se tenían de Levrero. Desde la pobre correspondencia con Gandolfo, donde apenas se asoman destellos de la creatividad del uruguayo, la notable correspondencia por correo que tiene con Pablo Silva, que explica su metodología de taller y gran parte de sus máximas estéticas o creativas, la compilación de todas las entrevistas dispersas de Un silencio menos, e incluso, la serie de novelas autobiográficas que comienza con El discurso vacío; Mario acá es periciado a través del lente Libertella, quien visita a amigos, excompañeros de trabajo, familiares. Con ellos es que forma un retrato diverso y aún más complejo del que se tiene de él: un Levrero que es muchas cosas a la vez. Un gurú, un niño cuidando a otro niño, un ermitaño insoportable, un obsesivo de las computadoras y de las novelas de misterio, un enemigo de la publicidad y la música estridente, un tipo que le tenía terror a las operaciones. Esto sin mencionar su forma espartana de vida que mantuvo casi hasta el final, a excepción del periodo de la Beca Guggenheim con la que no sabía qué hacer. En el cuestionario final que se agrega a la edición, de las preguntas que le hace Inés Bortagaray destaca: “¿Cuál es su mayor logro?: Sobrevivir”, contesta.

Una de las ideas que más se repite a lo largo del conjunto es la importancia de la soledad y la independencia para la creación. Levrero despotrica contra la política y el trabajo, dice que arruinan la vida, la degradan y siempre recomienda a sus amigos, talleristas e incluso a su hijo que dejen de trabajar y se dediquen a lo realmente importante. Que se tomen en serio ellos mismos: “Me estoy obligando a trabajar para ganarme la vida”, insistía, “no soy un escritor de fines de semana. Escribir no es sentarse a escribir, esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar vivo, es el tiempo de ocio. Mediante el ocio es posible armonizarse con el propio espíritu, o al menos prestarse algo de la atención que merece. Mi idea de vida es el reposo absoluto”. (pág. 79).

Capaz de anticipar su muerte, Levrero dejó casi todo dispuesto para que prácticamente nada de sus archivos se perdieran. El retrato también explica de qué manera su obra fue ganando impulso después de que muriera el 2004. Abriéndose paso paulatinamente y ganando lectores, sin que él se lo esperara. Un hombre entre paréntesis es un registro valioso de la memoria de Levrero, que no se repite y que complementa todo lo que se ha publicado de sus memorias hasta ahora.

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