Baja fidelidad (Jonnathan Opazo)

Baja fidelidad (2019)

Jonnathan Opazo (1990)

Editorial Aparte

45 páginas

Reseña enviada por Christopher Vargas

 

El poema como interfase

Para los sistemas de prototipado, la baja fidelidad hace referencia a formas simplificadas de representar un modelo de realidad. Esta es el procedimiento que Jonnathan Opazo escoge para su último libro, Baja fidelidad, donde explora los alcances de lo real y su imagen. Leemos del poema «Acústica»: “la distancia entre el cuerpo y el mundo es la primera distancia”, “como la distancia entre la idea del poema y el poema que finalmente escribes” (p. 14). El poemario sugiere una transparencia que no percibimos de inmediato, una bruma que separa las cosas, esa distancia entre el cuerpo y su reflejo.

Para el autor, la representación consta de una separación entre las fases de la idea y del prototipo. En este sentido trabaja la relación poesía/poema desde la óptica de la sospecha sobre los modos de representación como también podemos ver en la poesía de Enrique Lihn, autor que hace de epígrafe en el poemario:

“pregunto entonces si a su manera, no son poetas hombres como/ Edison. ¿No es el gramófono, por ejemplo, una metáfora técnica del/ más allá de la telegrafía el sueño hecho paciente y fabulosa realidad/ que hemos acariciado quienes conocemos en toda su dolorosa/ extensión en el sentido de la palabra ausencia?”

El poema como metáfora técnica, el sueño hecho realidad, la construcción de lo real a través de figuras retóricas, de la misma forma en que se ensambla una casa con ladrillos de lego.

Aquí radica la tarea del lenguaje, el poema como modulador, una interfase que pretende traducir la vibración que, bajo una estructura consensuada, se nos vuelve legible como se lee en el poema «Materiales»: “todo es asunto de ensamblajes:/ líneas que se acumulan hacia/ abajo invitando a un lector/ hipotético a decir: esto es un/ poema y debe ser leído como tal” (p. 17). De esta manera, la existencia formal del lenguaje no daría abasto por sí sola a la existencia estética del mismo.

La realidad del poema puede ser extrapolada a la realidad de las cosas, que bajo la misma lógica del ensamblaje se presenta a nosotros como una realidad aparente. Vemos esto en varios poemas, por ejemplo, en «El club de los escuchadores de voces»: “pasa que de pronto/una voz me dice:/me oyes pero/el significado de mis/palabras es incomunicable” o en «No hay que perder de vista»: “el rumor del bosque jamás será superado por la grabación del rumor del bosque” o en el poema «Un mantra»: “El mundo se hace mundo/ por efecto de repetición/ y persistencia: imagen/ fija de sonido claro” (p. 41). La repetición sostenida de la estructura hace verosímil la existencia de esta: “escribe, escribe, que algo queda” parafraseando el dicho que confronta a la escritura como una forma de mentira, a través de cuya repetición escapan destellos de verdad, la afectación, la extrañeza.

Sin embargo, lo que propone Jonnathan Opazo acá va más allá de declarar que existen estructuras arbitrarias que dan configuración a la realidad del poema. Lo que finalmente hace es cuestionar tales construcciones, donde la poesía y el arte en general son lugares idóneos para dar cuenta de lo que escapa a la formula f(x) = x, la luz del poema, dicho efecto que únicamente aparece en la relación texto/lector, la vibración, el escalofrío, el efecto que tiene la música sobre el cuerpo. Es en ese intersticio donde habita la semiosis estética, la transparencia sugerida a través del poemario. Podemos leer en «Un método de composición efectivo»: “un acto de atención o contemplación de animales que/ miran la presa porque sí, como pura distracción” (p. 37) o en «Ornitología»: “el canto de los pájaros es lo que es como un cuerpo cuyos órganos no te importan y sin embargo sigue siendo bello” (p.12). También en «Meditación»: “entonces está esta chica -toda su belleza cabe en/ el poema y lo rebalsa- se detiene frente a una maraña/de cables: se dice a sí misma: no hay manera alguna de/conocer la voz de dios pero sospecho que habla en el mismo lenguaje del azul: un montón de corriente que/ abraza el oído” (p. 25).

En este sentido, lo que dice German Carrasco en la contraportada del texto ayuda a entender el sentido del silencio de la escritura traslúcida que propone Baja fidelidad: “Las melodías que se escuchan son hermosas, pero las que no se escuchan lo son aún más”.

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