Curvatura del ánimo (Daniela Escobar)

Curvatura del ánimo (2019)

Daniela Escobar

Overol Ediciones

ISBN: 9789560924407

Por: Roberto Parra

Cambio, crecimiento, crítica, consecuencia, curiosidad. Conceptos ligados que desprendo en un borrador luego de una primera lectura a Curvatura del ánimo (2018), y que entran en el mismo juego de designaciones que propone su autora, la poeta y editora de Overol, Daniela Escobar, mediante el ejercicio de la palabra. Se trata de una obra íntima, sofisticada y llena de resquicios interesantes ubicados premeditadamente en cada poema de su primera obra.

En una mirada inicial, las reminiscencias a otros textos y personajes permiten entablar una suerte de comodidad con la hablante, lo que se complementa con el catálogo de objetos, fáciles de reconocer también en nuestro propios espacios, y que aparecen como protagonistas en los poemas.

Así, en primera instancia, la imagen de William Carlos Williams, con su estructura entrecortada describiendo una rama rota o el movimiento de un gato sobre el armario, aparece plasmada de una manera mucho más breve y luminosa en la sencillez poética de Escobar. Con esto, me refiero al rescate del lenguaje en un juego que conversación con los espacios, el recuerdo de un perro, diálogos con la madre, críticas al padre o los abuelos, y la imagen de algunas naranjas dando vueltas hasta el poema final. La autora enriquece su escritura prestando atención a la descomposición misma de la palabra y su importancia como contenedora de significados, generando una reflexión necesaria al saber cuál utilizar según sea el caso:

Tomo una pera, le saco el palito,
¿con qué letra del abecedario
Coincide este desgarro?

Bismuto, bostezo, bastón; bolígrafo, boca, beber.
Lápiz blanco, la indiferencia de mi padre
Cuando opina.

Por otra parte, la inocencia de una voz que etiqueta su entorno le otorga sentido y cuestiona a través del ánimo el curso de ciertos ejercicios, tiende a evocar un espejismo del personaje más célebre de Lewis Carroll, y en el que poema de la página 26 logra entrever, por coincidencia o intencionadamente, ese pensamiento: “Hay una repisa secreta / sobre la que se organizan los ojos / y allí, en vez de ser mirados, miran / la jornada en que todos se persignan / menos Alicia y yo”.

Con esto, hago énfasis en cómo la riqueza del libro también se desprende hacia ese (des)conocimiento del signo y su fijación. Dar valor a las interrogantes que se deprenden mientras la voz se interna en un mundo donde la fatiga y la agitación aparecen cada vez más seguido. Responder las preguntas, quizás, se plantea como un trabajo de espejo en torno a la hablante y las emociones que la conducen, con el fin de descubrirse a ella misma:

El arroz primavera y las bienaventuranzas.
Te vanaglorias de pagar préstamos

y no sientes temor
al comer sangre condimentada.

Fumas con mi abuela
a escondidas de mis tíos.
Si lo espiritual ya fue sembrado,
¿para qué restringir lo material?

Entre lo más interesante de la propuesta de Escobar, y que ya se percibe desde el título mismo, es la implicancia que tiene el estado de ánimo como hilo conductor silencioso. Es en la interrogante, la observación de un objeto, y la estabilidad ajena a las fotografías construidas en los poemas, donde se desprende el yo que busca disimular su mirada en el otro. La ausencia de títulos y la línea temporal proyectada entre los elementos nos conectan a una historia que gira en torno al recuerdo, el paso a la adultez y las variaciones propias que conlleva su reflexión. Con ello, nos remitimos a un libro que dice mucho más de lo que pretende mostrar:

El círculo blanco en el pecho hundido,
Huella del tazón, los huevos sobre el fuego.

El tubo de lápiz entre los dedos de tabaco,
Iris redondo en papel mantequilla.

Abeja aplastada, plátano añejo,
Pinche oscuro en cabello claro.

Eclipse. Las ciruelas amarillas que comí
En el funeral de mi abuelo.

Así, Curvatura del ánimo se resume en una conversación silenciosa acerca de nuestro entorno y el tiempo que se guarda en un billete arrugado, las rocas mojadas o una lámina de jamón en la balanza, mediante la vertiente de ánimo desprendida de los mismos. El libro logra jugar de buena manera con esa distinción y la ingenuidad propia que conduce al cuestionamiento, lo que permite una reflexión continua en cada nueva lectura, difícilmente resumida en estos pocos párrafos.

Daniela Escobar presenta un trabajo revelador, honesto a más no poder, y que plantea sus horizontes en la medida en que la observación logre registrar las particularidades de cada escena. La emoción como movimiento a la palabra, y que se resume en el primer poema: “Primero llorar / después aprender a leer. / La oración es una laguna enorme, / Atractiva.”.

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