Trucha panza arriba (Rodrigo Fuentes)

Trucha panza arriba

Rodrigo Fuentes (1984)

Laurel Editores (2019)

ISBN: 978-956-9450-40-2

154 páginas

 

Trucha panza arriba es con conjunto de siete relatos del guatemalteco Rodrigo Fuentes, y que ya ha sido publicado en varios países, además de traducido al inglés. La primera particularidad del volumen es que sus cuentos se encuentran unidos y giran en torno a un mismo personaje en distintos momentos de su cronología: Henrik.

Los cuentos, como es lógico, transcurren en Guatemala, pero no en la Guatemala urbana, como cabría esperar de la mayoría de la literatura latinoamericana actual, sino que se asienta en las zonas agrarias, en el campo o a su equivalente guatemalteco, o derechamente en la selva inhóspita e insegura, lugares en permanente conflicto territorial entre propietarios y trabajadores, ocupado por bandas que se adueñan de las tierras corriendo a la gente y por formas de vida que están un poco a contrapelo de los tiempos. Estas constituyen un desajuste con lo contemporáneo, dado que poseen y remiten a códigos distintos y en parte inexplicables para quienes siempre hemos poblado las ciudades.

«A un metro paró. Se acercaron un par de matones y la observaron. Perla lanzó un mugido al cielo y empezó a darles la vuelta muy confianzuda. Uno de los hombres dijo algo, palabras duras, pero el resto siguió quieto, tan curiosos como yo. No como mira una persona cualquiera: como mira una mujer, una mujer que se sabe vista por un hombre. De esas mujeres que le agarran a uno la mirada y se la cachetean de vuelta. Así miraba Perla» (página 73)

Henrik se nos irá repitiendo una y otra vez por los relatos. Aparecerá como protagonista o tangencialmente, haciendo luz al fondo de la narración. Es un hombre al que podemos identificar rápidamente a través de su mala suerte en cada negocio que emprende, con su ser extranjero, “blanco” entre el mestizaje latinoamericano.

El volumen comienza con “Trucha panza arriba” y en él vemos por primera vez a este personaje, propietario de unas trucheras encumbradas en una montaña, con sus trabajadores alejados del contacto habitual con más gente distinta a aquella que ha subido a la faena y, sin embargo, su condición les basta para traicionar las relaciones conyugales. Y conocemos la suerte de Henrik, que será el hilo conductor del conjunto. Ya desde este primer momento presenciamos cómo existen ciertas dinámicas de poder en torno a la selva, las tierras, sus códigos, y las fuerzas que pugnan.

«Aquí arriba en la truchera se oyen los gritos de pájaros, y desde lo alto de la sierra llegan rugidos de monos aulladores. Mi perro Balú, que cuida el terreno en las noches, se da riata con tepezcuintles cada tres días. Hasta una serpiente coral me trajo colgando de la boca una tarde. Así que solos no estamos, pero lo cierto es que solos nos sentimos» (página 19)

En “Buceo” escuchamos a Henrik, que nos cuenta un accidente que tuvo su hermano. Es un relato brevísimo, de apenas unas páginas, que se juega todo su valor en la construcción del personaje mismo y no tanto en la anécdota que nos cuenta. Es, más bien, un relato sobre cómo Henrik ve a su hermano Mati, cómo se comporta ante la noticia, frente a su familia y cómo espera o sufre, y no tanto sobre el accidente que sufrió Mati.

Lo mismo ocurre con “Terraza”, donde vemos a un Henrik ya mayor que ha establecido nuevas relaciones filiales y que lucha por sostenerlas, siempre con la angustia del pasado que sigue emergiendo, con la dificultad del pasado siempre al acecho. Especialmente estos relatos intentan, más que contar una anécdota, construir un personaje dotándolo de fuerza e interés en sí mismo.

“De repente, Perla” y “Güisqui” son narraciones donde los animales se toman el lugar principal y que definen las relaciones de las personas en su entorno. Mientras que Perla es una vaca que se cree perro y que se une a la lucha social para mantener la propiedad de los terrenos, Güisqui es el perro de la hija de Mati que se escapa de la casa. Cada animal es, a su modo, una forma de acentuar las relaciones, de mostrar sus fallas, sus modos truncos, nuestros propios errores; especialmente Güisqui que, con su ausencia, obliga a Mati a imaginar cómo llenará los fines de semana ahora que el perro se ha perdido, y él será quien tenga que entretener a su pequeña hija.

Por otro lado, tanto el ya mencionado “De repente, Perla”, como “La isla de Ubaldo” y “Henrik” son una muestra de las luchas de poder por la propiedad de la tierra, de cómo se comporta la gente con sus cariños y lealtades, de cómo los comportamientos más allá de las urbes están regidos por códigos estrictos y cuánto cuesta romperlos, escapar de ellos.

Trucha panza arriba es un conjunto bellamente llevado a cabo por un buen cúmulo de razones: lo bien logrado que está el personaje de Henrik, tanto que permite unir los relatos al punto de conformar un hilo subterráneo, una suerte de motivo central que recorre todo el conjunto; el lugar desde el que se sitúan los relatos, la selva, la vida campestre, la tierra todavía en explotación, sin edificios enormes, sin dramas de habitaciones cerradas.

Finalmente, el relato encuentra cohesión en el uso del lenguaje, en cierta liviandad que Rodrigo Fuentes consigue con la jerga y que provoca que la crueldad que contienen algunos de estos relatos reverbere incluso con más fuerza. Hay una facilidad con la que cambia el registro de su narrador, lo que le otorga otra voz y convincentemente modifica totalmente el tono y aporta diferentes puntos de vista.

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