Maldad líquida (Zygmunt Bauman | Leonidas Donskis)

Maldad líquida (2019)

Zygmunt Bauman | Leonidas Donskis

Ediciones Paidós

ISBN: 978-84-493-3540-2

Número de páginas: 256

 

Zygmunt Bauman fue un sociólogo y filósofo no solo de amplia y reconocida trayectoria, sino que además dejó tras de sí una profusa obra publicada. Varios de sus diálogos se transformaron en libros, y entre ellos se encuentra el que se publicó originalmente en el 2016 y que ahora llega traducido al español. Este consiste en un diálogo con el filósofo lituano Leonidas Donskis, quien también falleció en una fecha cercana a la publicación de este libro.

El texto no funciona tanto al nivel de un diálogo sino que a la manera de discursos que se solapan sobre un mismo tema: la maldad en el mundo moderno, cómo esta se ha convertido en algo licuado, capaz de adaptarse a cada ámbito e imposible de ser claramente identificable de aquello donde toma forma, con lo cual los límites entre bien y mal se han diluido. Con lo anterior se vincula el concepto de TINA (“there is no alternative”) acuñado por Margaret Thatcher y esgrimido acá como muestra clara de la falta de oportunidad de escapar a las formas que toma la maldad en el mundo moderno.

Esta maldad líquida nace como contraste a una teórica maldad sólida representada por los estados tradicionales y su hegemonía, que pretendía extenderse por el mundo conformando imperios, es decir, como una antigua manera de ejercer el poder destructor claramente identificable. La maldad líquida es una forma de visualizar cómo el poder se ha desplazado desde lo político a lo económico, con gobiernos serviles a la economía y no viceversa.

Es “líquida” puesto que su atributo principal es que no solo no conserva su forma original sino que además se adapta a otras formas, y es contenida, y fluye hacia otros sistemas y mecanismos, por lo que esta nueva forma de maldad ya casi no es identificable. Lo anterior porque no se radica en ningún poder conglomerado, ni la detenta ningún estado, sino que, como decíamos, fluye por todos los aspectos de la vida cotidiana y es propiciado por la baja de las barreras y supuesta liberación que produce la economía neoliberal.

No es de extrañar, pues, que, como escribió Ivan Krastev, la gente esté perdiendo interés por las elecciones y por todo lo que hoy en día se considera controversia política: “Existe la sospecha muy extendida de que las elecciones se han convertido en un engañabobos”. Un juego de simulaciones, lo llamaría yo, en el que todos los jugadores participan de un engaño de prestidigitador. Los políticos fingen gobernar, mientras que quienes ostentan el poder económico fingen ser gobernados. Para mantener las formas, la gente se acerca a regañadientes a los colegios electorales cada pocos años, simulando ser ciudadanos. “Administrar la economía” es una de las funciones que se supone que todavía tienen los gobiernos electos, pero administrar la economía es una de esas ficciones a las que los políticos recurren con mayor ahínco (…) El inevitable fracaso en dicha gestión siempre puede ser excusado con facilidad al atribuirlo a unas recónditas “leyes de mercado” o a una igualmente misteriosa “relación de intercambio” comercial. (página 33)

Mientras tanto, dicen los autores, nosotros, las personas de a pie, vivimos convertidos en instrumentos ya no pensantes, sino que con el cerebro lavado, siendo esta la función de las redes y los algoritmos al “permitirnos navegar por los 2,5 quintillones de bytes de datos que se generan cada día (un millón de veces más información que la que el cerebro humano es capaz de retener) y extraer conclusiones prácticas de ello”.

Maldad líquida es un libro denso, repleto de referencias sociopolíticas, evidencia de choques culturales, literarias, del cine, el teatro e incluso la ópera, por lo que para abordarlo cabalmente exige una cultura muy por encima del hombre promedio, o una lectura lenta que permita detenerse e irse informando de cada uno de aquellos aspectos que escapan a ese conocimiento de —por situarlo— un lector latinoamericano. Más todavía considerando que la visión que exponen en sus diálogos estos dos autores es claramente pesimista respecto al estado del mundo y sus posibilidades futuras, en tanto los hombres no consigamos dar un giro a la situación mundial y al capitalismo tardío.

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