Ennuigi (Josh Millard)

Reseña enviada por:

Tomás Morales

Ennuigi (2018)
Josh Millard
Editorial Tadeys
54 páginas

 

Quizás suene anacrónico para algunos, pero los manuales de juego resultaban cruciales para comprender la lógica interna del videojuego. El folletín no se conformaba con explicar la mecánica de cada botón, sino que profundizaba en algunos aspectos del mundo dentro de la pantalla. Y en promocionar algún título en desarrollo.

Muchos desarrolladores dejaron esta práctica, probablemente por razones económicas, y ahora las cajas solo incluyen el disco, un folleto de advertencia, y probablemente alguna recompensa por ser uno de los primeros compradores. Esto mezclado con la codicia del coleccionista hizo que sean considerados hoy en día como reliquias de un pasado no muy lejano, al punto de cobrar precios ridículos por un manojo de papel desteñido. Pero no fue un esfuerzo en vano; eran textos breves que complementaban la emoción de la experiencia.

Incluso algo tan simple a la vista como Super Mario Bros era descrito con detalle. Al atacar el reino Champiñón, el rey Koopa (o Bowser) no se conformó con raptar a la princesa (Toadstool/Peach): sus habitantes fueron víctimas de un hechizo que los transformó en bloques de ladrillo y plantas. La única persona capaz de romper el hechizo es la princesa, y Mario es el héroe que ha de rescatarla. Irónicamente, su travesía incluye romper bloques y comer plantas de fuego en el camino. Atravesar cadáveres de tortuga, restos de hongos, aumentar o disminuir de tamaño, ser invencible, lanzar bolas de fuego por las manos. Todo suena más vivido por escrito. Más cruel. Cuando en la realidad todo se reduce a presionar dos botones para saltar y correr.

Probablemente Josh Millard estuvo alguna vez familiarizado con el manual de la versión original de NES. Ciertamente el tono de su juego Ennuigi (2015; 2018, Libros Tadeys) remite indirectamente a la atmósfera macabra que sugería la versión oficial (con el sello de calidad de Nintendo). O tal vez no, y efectivamente fue producto de una serie de inquietudes azarosas sobre el mundo del fontanero italiano. O quizás es una mera coincidencia que mi primer instinto fue pensar en alguno que otro juego Flash mal hecho en Minijuegos o en Newgrounds donde se repetían los mismos chistes (Mario es drogadicto/psicópata/comunista/etc.).

Aun así, el resultado no deja de ser interesante: un desesperanzado Luigi camina con un cigarro en la boca por las ruinas del reino, preguntándose por las conductas sociópatas de su hermano y su existencia como doble imperfecto de él. El juego solo permite fumar y mover al personaje, pero no puede saltar. En cambio, el botón arriba del teclado genera un texto breve, una disquisición (un poema) del hermano menor sobre el mundo que lo rodea. Un fondo negro, y los bloques y cañerías levemente modificados con grietas sutiles como único rastro de sus habitantes.

Hasta la fecha es la única obra “literaria” de Millard; en su página web y en sus redes sociales se dedica a postear fotos de su rutina y avances de sus obras. El juego se puede encontrar fácilmente por Google, y Horacio Ferro, el traductor, debió ser uno de los pocos en revisar el código fuente del juego y leer (y traducir, valga la redundancia) todos los fragmentos. Aunque su presencia online es amplia (además de programador es músico y artista visual), los datos biográficos del autor son escasos.

Salvo por el carácter azaroso de los textos (que puede remitir al A veces cubierto por las aguas de Carlos Cociña [1], aunque con mayor interactividad directa por parte del usuario), la presentación visual fue rescatada impecablemente en la versión física. No es obligatorio seguir un recorrido lineal en la lectura; cada fragmento abarca una faceta distinta de Luigi, y si bien existen recurrencias temáticas, no podría delimitarse un inicio y un final. Nuestro protagonista circula por las mismas preocupaciones una y otra vez, y parece no haber una respuesta, por más que se haya intentado todo lo posible. Por más que se sepa al revés y al derecho las reglas del juego. Por más que conozca sus puntos ciegos. Ni siquiera la princesa reconoce en él a un ente distinto de su hermano mayor:

Ella me miraba y yo

sentía cómo buscaba

las huellas de mi hermano

en mi propio rostro.

 

Y yo rezaba por

que pudiera ver algo más en mí,

cualquier cosa, menos a él.

Para Nintendo, Luigi es el soporte de dos bromas recurrentes: o es un cobarde sin remedio (Luigi’s Mansion) o nadie en el reino Champiñón y sus alrededores lo reconoce más que por ser el “Mario Verde” (Mario & Luigi: Superstar Saga). Con Ennuigi, deja de lado la máscara de payaso y se pregunta:

Un espejo roto.

¿Estará la fisura en el vidrio,

o estará

en quien lo mira?

[1] http://poesiacero.cl/aveces.html

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