14 de julio (Éric Vuillard)

14 de julio

Éric Vuillard (1968)

Tusquets Editores

ISBN: 978-956-9961-10-6

Número de páginas: 192

 

Éric Vuillard viene de obtener el Premio Goncourt 2017 con su anterior novela histórica, El orden del día, el más prestigioso que se otorga en Francia y que convierte a sus ganadores en un rotundo éxito de ventas. Es por ello que esta, su siguiente novela, se esperaba con tantas expectativas entre quienes se mantienen atentos a los resultados de este tipo de certámenes.

14 de julio es una novela histórica que relata la toma de la Bastilla. Lo particular de esta obra es que, a pesar de estar muy bien documentada, en ella Éric Vuillard novela el relato y lo convierte en una historia popular, sin más personaje principal que los anónimos pobladores de ese París empobrecido, gris y maloliente que marchó y sitió la Bastilla, para dar inicio formal a la Revolución francesa. Esta toma constituyó un momento más simbólico que estratégico-militar, dadas las condiciones de esa antigua fortaleza de la Monarquía francesa al momento de los hechos.

En ello redunda la gran peculiaridad de esta novela: no hay un personaje principal como tal, y ni siquiera cabría decir que es propiamente una novela coral, puesto que es el pueblo, su marea de carácteres que se dibujan a trazo grueso, en sus largas listas de apellidos comunes y muchas veces dando cuenta de la imposibilidad de capturar siquiera la veracidad de ellos; todo esto se vuelve el centro del relato. Es la muchedumbre llana. Son los vicios y el hambre. El autor consigue el efecto de conjunto desplazando el punto de vista junto con la masa inquieta hacia los lugares de ese París superpoblado y angustiado, correoso, deseoso de verse libre de una Monarquía que vivía a expensas de su hambre.

«Así comenzó la revolución, el 28 de abril de 1789: saquearon la hermosa mansión, rompieron los cristales, arrancaron los doseles de las camas, rasgaron las tapicerías de las paredes. Lo rompieron y destruyeron todo. Derribaron los árboles; prendieron tres inmensas hogueras en el jardín. Miles de hombres y mujeres, de niños, arrasaron el palacio» (págs.. 19 y 20)

La idea matriz tras 14 de julio es aquella que sostiene que los grandes cambios en la historia de la humanidad no han sido forzados por héroes excepcionales que han visto más allá de su época, sino que una y otra vez ha sido el pueblo llano el que ha corrido a las calles a jugarse la vida por cambiar sus condiciones y que ha sido este —muchas veces con todo lo brutal que puede tener— quien ha elevado a ciertos portavoces o pensadores que han sabido articular mejor las ideas, pero que esos hombres no podrían haber estado ahí sin el sustento de la gente de a pie que los ha alzado, y que sus nombres son, en última instancia, intercambiables por cualquier otro que las condiciones podría haber creado y alzado en ese momento. Esta idea, que no es nueva, ha sido tildada muchas veces de simple revisionismo histórico, sin embargo, pueden verse cada vez más obras que, tal como 14 de julio denotan que en su concepción esta se encuentra firmemente arraigada.

«Hay que escribir lo que se ignora. En puridad, se desconoce lo que ocurrió el 14 de Julio. Los relatos que poseemos son encorsetados o descabalados. Hay que plantearse las cosas a partir de la multitud sin nombre. Y debe relatarse lo que no está escrito. Debemos deducirlo del número, de lo que sabemos de la tasca y de la calle, del fondo de los bolsillos y de la jerga de las cosas, mondas deformadas, mendrugos de pan. El parqué se agrieta. Se divisa el grandísimo gentío mudo, masa afásica. Están allí, en la Bastilla, cada vez hay más personas en las calles de alrededor.» (pág. 83)

Los puntos bajos de esta novela tienen que ver también con el mismo procedimiento que la hace posible: la falta de personajes singulares. Solo su trazo grueso hacen que cada anécdota individual de los habitantes de Paris que se nos relata carezca del suficiente interés, y que las largas listas de nombres y oficios quiten toda individualidad a aquellos nombres de los que se deja constancia en el libro justamente para hacerlos figurar como los triunfadores que fueron en este acto tan relevante que fue la toma de la Bastilla. El trazo grueso, aunque deliberado, impide ver los detalles.

La novela triunfa, por el contrario, gracias a su idea matriz, al ritmo vertiginoso con el que es llevado a cabo y que no dará tregua hasta el final de la novela, del modo tan bien logrado en que hace aterrizar la imaginación del lector a las calles convulsionadas de París consiguiendo traspasar la sensación de caos y velocidad. Esa inquietud en los pies de cada parisino, a que el autor no se engolosina con la narración repletándola de anécdotas menores, y a cómo consigue novelar y producir cierta sensación de originalidad en un relato que pareciera estar fijado en los libros de historia, como lo es la toma de la Bastilla.

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