Población flotante (Carlos Araya Díaz)

resena reseña Lo que leímosPoblación flotante (2018)

Carlos Araya Díaz

Emecé (Planeta)

196 páginas

ISBN: 9789569956249

 

Algunos autores se focalizan en la trama de su historia para resolverla, desplegando sus vericuetos con un arte antiguo como el de relatar. Otros echan mano al estilo, al placer de la forma para superar la cada día más inalcanzable originalidad literaria.

El autor de Población flotante, novela publicada a fines del año pasado, no se apoya en la elección ni de unos ni de otros: su atención se desliza entre la composición como un experimento y el uso válido de una idea que sabe que será difícil pero que intenta llevar a cabo con herramientas y arquitectura, como si escribir se tratase de un juego donde en realidad nadie sale herido. En este sentido, la división de capítulos es el punto más fuerte de su texto y al mismo tiempo el que más riesgo implica.

Es Elephant esa película de culto en la que se puede pensar al leer esta novela, en un recurso que ya se ha utilizado bastante pero que nunca deja de agradar. Gust Van Sant nos presenta por un largo rato cómo fue la matanza del Instituto de Columbine, trasladándonos desde distintos puntos de vista a algo que sabemos que va a pasar pero cuyo desarrollo queremos vivir de todas maneras. Los finales, lo que pasa al final deja de ser importante cuando nos regalan distintas perspectivas de un suceso inminente que funciona como un petardo que en cualquier momento estallará. Nos conmociona aunque sepamos perfectamente que va a devenir en un ruido impecable que conocemos bien.

Algo muy similar pasa en esta novela. Titulando cada acápite de su contenido con los distintos asientos que toman mineros, extranjeros, madres atribuladas y deudores en un bus (ventana, pasillo, ventana, pasillo), además de los sitios del auxiliar y el chófer, Araya Díaz retrata un viaje en bus hacia el norte de Chile enmarcado cronológicamente en aquel suceso nefasto —que ahora mismo se está repitiendo en su Calama natal— de inundaciones y aludes en una memoria colectiva acostumbrada a ver que las catástrofes pasan en otros lados de este territorio rocambolesco.

Con un desdén trágico que nos da pistas sobre cuánto durará el viaje, en Población flotante asistimos a la vida interior de personajes que como rizomas desenvuelven sus pensamientos, volviéndose estos cada vez más complejos e intrincados. Lo interesante es que el autor nos da una o dos páginas por cada cual y nunca más vuelve a ellos porque no hay tiempo, claro está, siendo algunos completados por imágenes que anuncian que todas las historias valen el dolor. Justo o no, el narrador decide hablar de cada una y eso es un mérito.

Araya Díaz ya había publicado en 2014 el experimento Ejercicios de encuadre y parece no salir de este afán de intentar ir más allá de la autobiografía. Jugar y ensayar no es un riesgo; nunca hay muertos cuando se trata de componer una obra.

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