Thimor (Manuel Astica Fuentes)

utopía chilena La Pollera ValparaísoThimor (1932) – Ed. (2018)

Manuel Astica Fuentes

La Pollera

ISBN 978-956-9203-73-2 

 

Anunciada como la primera novela utópica chilena por La Pollera, este relato que apenas llega a las cien páginas nos muestra la historia de Enrique, un marinero que después de renegar de la ambición que trajo la fiebre del oro en California, se embarca en una aventura con parte de su tripulación para ir en búsqueda de la Atlántida, o cualquier continente perdido que satisfaga sus ansias de aventuras.

¿Cómo llegamos a conocer lo que le pasó a él y al Burlador, su barco, y sus experiencias en Lemuria? A través de un escrito encontrado dentro de su nave, estudiado por un Consejo de Sabios y luego difundido por casas editoriales locales y mundiales para dar a conocer al mundo la utopía de esa tierra donde todo funciona a la perfección.

Con esto como antecedente, nos adentramos en una historia cuyas referencias son difícil de asir debido a la excesiva pasión que nos muestra el narrador y que indefectiblemente eclipsan los aspectos descriptivos que se añoran en este tipo de relatos. Al contrario de otras novelas en donde la psicología y lo siniestro juegan un rol nuclear —imposible es no recordar las habitaciones pintadas en Plan de evasión de Bioy Casares— nos enteramos de poco y nada sobre el paisaje de Thimor o el comportamiento de sus habitantes, exceptuando a Ajac, una especie de mentor, y Aina, de quien el protagonista se enamora.

Embobado en este amor imposible y en el sistema económico-político-social de la ínsula de Thimor, a la cual llegan tras un naufragio, presenciamos menos el desarrollo de la confusión emocional de Enrique y mucho más una sociedad que tras siglos de barbarie, el dominio del materialismo y el hedonismo del cuerpo ha desembocado en una sociedad donde solo se ama a través del espíritu. Allí los gobernantes son servidores del pueblo y no al revés. En esta organización social la democracia y la elección de legisladores que representan a distintas regiones han sido relegadas por los huecos teóricos que deja un sistema en donde el que posee los medios de producción y el que los consume y los necesita tienen el mismo apoderado.

Uno de los fragmentos más admirables es el paralelismo que hace Aina entre las funciones biológicas del cuerpo humano (circulación, extracción, producción, etc.) y la forma de proceder del Estado, aboliendo el delito o la necesidad del movimiento del dinero de mano en mano, pues en Lemuria esas aberraciones bárbaras de nuestro tiempo no se necesitan, ya que todos tienen las mismas oportunidades gracias a una especie de Nirvana colectivo laborioso de explicar.

Como toda buena utopía, vislumbramos en esta las vetas políticas de su creador y las ideas para la prefiguración de un cambio que todo ciudadano lleva dentro, probablemente los pensamientos del autor respecto al funcionamiento de la sociedad chilena de su época, marcada por los postulados de Marmaduke Grove. Fue en este gobierno socialista donde se trucó la condena a muerte de Astica tras participar en un motín con la Escuadra de Chile por una cadena perpetua, en una amnistía que de no existir hubiera sepultado el texto.

A veces con florituras y otras con un perspicaz conocimiento de la vida en el mar y los vericuetos de la historia de la cartografía, este descubrimiento de la literatura chilena de la primera mitad del siglo XX nos trae la obra de un autor que perteneció al colectivo La Mandrágora y que podría funcionar como heredero directo de la tradición utópica y distópica local.

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