La expulsión de lo distinto (Byung- Chul Han)

Reseña enviada por:

Mónica Vásquez Vetterlein

 

La expulsión de lo distinto (2018)

Byung- Chul Han (1959)

Herder Editorial, S L., Barcelona

ISBN: 978-84-254-3695-0

123 páginas

 

La expulsión de lo distinto, el último ensayo que nos presenta el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han, nos vuelve a centrar en el gran desafío de la sociedad actual que es la recuperación de lo humano como eje de la vida. Chul Han en sí mismo personifica el vivir humano al que cualquier hombre sensato debería apuntar. Mientras leemos su lúcida reflexión que no difiere substancialmente de otros ensayos suyos, pero que siempre aporta nuevos elementos de introspección, casi lo podemos ver sentado en su jardín japonés secreto, palpando la tierra que tiene la densidad, realidad e imperfección de la que la pulcra y lisa pantalla touch del celular nos ha privado.

El punto del que Chul Han parte es el horror de lo igual, que como el cáncer prolifera sin oposición, porque lo igual no duele, no incomoda y no opone resistencia, es más, se valora en términos económicos. Trabajadores lo más iguales posibles son productivos y las diferencias que se potencian entre las personas son solo las que se pueden explotar comercialmente.

Estamos en un mundo en que ser individuo se ha tornado difícil porque incomoda, no encaja, no es productivo y sin oposición; sin lo distinto no es posible el pensamiento, la experiencia que nos modifica, nos arrastra y nos conmueve.

Chul Han, toma como ejemplo que podemos extrapolar a casi todo el vivir actual, los “atracones de series de televisión”, en que se le da al consumidor series que se ajustan por entero a su gusto: como le gusta no hay oposición, reflexión ni experiencia, lo que es peor, no hay “defensa inmunológica”. El hombre se queda pasmado hasta perder la conciencia frente a la pantalla. Lo igual es amorfo y prolifera comatosamente, sigue el principio con que se expande el cáncer y también la grasa.

En La expulsión de lo distinto nos plantea ideas recurrentes en su obra, el cómo el hombre actual se explota voluntariamente a sí mismo creyendo que se está realizando y cómo el engañoso discurso neoliberal saca ventajas de la supuesta libertad de la que hace gala un individuo que se autogestiona como un proyecto empresarial propio y que finalmente, no es más que un esclavo degradado y deprimido por su presión destructiva para rendir y con una existencia miserable.

Lo real es la depresión de un centrarse en sí mismo y vivir como olla de presión autoexplotado. La trampa es la comodidad de lo igual, la vida llena de objetos y de “me gusta” en conexiones virtuales que no son relaciones humanas en sentido enfático.  El horizonte de experiencias de la sociedad de la información y la hiperconextividad es cada vez más pobre y estrecho.

En el narcisismo de la autorrealización, el opresor no es externo como lo fuera en otros momentos históricos, hoy no es el patrón quien explota, sino un yo enfermo que olvida que somos en relación a los otros.

En este ensayo, como en toda la obra de Chul Han, sentimos ecos de Heidegger, porque intuyo que si Heidegger pudiera opinar hoy de esté fenómeno de conexión total, diría que internet solo reúne información, que todo lo mide y cuantifica y para Heidegger nada de lo importante es mesurable, igual que para Chul Han que nos dice: “digital en francés se dice numérique. Lo numérico hace que todo resulte numerable y comparable. Así es como se perpetúa lo igual”

En la sociedad de las redes sociales y el exitismo, el ser humano se ahoga en sí mismo, dejando de ver al otro en cuanto singularidad que enriquece mi vida, degradando al prójimo a mero instrumento funcional del yo narciso y enfermo. Sin otro diferente que se nos oponga no hay humanidad, porque no hay reflexión, duda o crecimiento. No es posible cultivar la dimensión profunda de lo afectivo sin cercanía real de voz, piel, olfato, de sonrisas y silencios y a la vez sin distancia originaria que permite ver a otro como otro. Relacionarse es arriesgar mirando y siendo mirado con un mirar humano y a la vez implica no invadir. El efecto invasor de las redes y su pornográfico exceso de información, no dan lugar al misterio y descubrimiento de otro, solo a anexión de iguales. Sin respeto, cercanías y lejanías reales no hay comunicación humana.

“La interconexión digital total y la comunicación total no facilitan el encuentro con otros. Más bien sirven para encontrar personas iguales y que piensan igual, haciéndonos pasar de largo ante los desconocidos y quienes son distintos, y se encargan de que nuestro horizonte de experiencias se vuelva cada vez más estrecho. Nos enredan en un inacabable bucle del yo y, en último término, nos llevan a una autopropaganda que nos adoctrina con nuestras propias nociones”.

Para Chul Han la oposición de lo distinto, la resistencia de la negatividad de lo no igual es una de las claves de la apertura a lo humano. La comunicación real requiere voz, tacto, escucha cercana, cercanía que a la vez lleva inserta lejanía. Cercanía no es falta total de distancia, no es la obscena transparencia de redes sociales y su inmediatez. En la pornografía todos los cuerpos se asemejan, en los “me gusta” de las redes también.

Necesitamos la mirada de los otros, su gestualidad, tacto y voz. Necesitamos esa mirada en que también al mirar nos exponemos a ser vistos, necesitamos aprender a escuchar. La comunicación analógica siempre será superior a la digital, pues en ella tenemos la opción de alcanzar una verdadera comunicación, de mirada, voz, tacto y escucha. Comunicar no es intercambiar información, una “conexión” no es una “relación” con otro que me importa.

En La expulsión de lo distinto Byung Chul Han, nos invita a dar un paso, a escuchar, en la enorme significación y humanidad que tiene el escuchar. Nos invita a librarnos del ego narcisista neoliberal, y escuchar desde la hospitalidad, que es la escucha que importa, porque alberga y protege al prójimo, porque le permite hablar. A veces, con solo sentirse acogido y escuchar su propia voz un ser humano sana. Escuchar exige renunciar al ego analítico que anexiona al otro, lo anula y subordina. El ego no es capaz de escuchar y en el ego la soledad es completa, porque el otro ya no existe, solo un yo del que el prójimo es caja de resonancia.

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