Lugar (María José Navia)

Lugar (2017)

María José Navia (1982)

Ediciones de la Lumbre

ISBN 978-956-8957-11

165 páginas

 

Lugar es un conjunto de doce cuentos en que las mujeres toman el rol protagónico, el sitio de importancia en cada una de las historias y en donde los hombres, con caracteres menos preponderantes, no dejan también de estar bien construidos. Se trata de relatos que, desde anécdotas muy distintas, van develando un hilo comunicador común;  una especie de desarraigo de sus protagonistas con el espacio en el que habitan y una búsqueda de esa pertenencia perdida. Las protagonistas de estas historias son una suerte de expatriadas de sus propios hogares, ya sean porque se han marchado de Chile o porque sus casas se han vuelto lugares extraños y hasta hostiles.

“(…) Florencia ha aprendido que la enfermedad tiene su propio lenguaje y, la mayoría de las veces, habla en monosílabos. Mal. O a lo más dos palabras: sin noticias. Todo igual. El lenguaje de la enfermedad es un lenguaje económico, que no pierde el tiempo, que no gasta de más, que conserva la energía (porque queda poca, porque ya se acaba.” («Canción», página 17)

Es así como mientras en «Canción» asistimos una ruptura familiar en mutis a propósito de la enfermedad de la hermana de la protagonista, con la incapacidad por establecer una comunicación real y la latencia de un padre que solo demuestra su imposibilidad para afrontar la situación y asumir a cabalidad un rol frente a ella, en «Aquí» presenciamos a una nómade urbana, una mujer que arrienda por temporadas cortísimas un lugar donde vivir, que pasa de casa en casa, habitación en habitación, sumergiéndose en la vida de cada una de esas familias con las que cohabita por lapsos, escapando siempre, o buscando lejos del lugar donde ya ha estado, uno que nunca es el suyo. Ambos cuentos comparten esa sensación de quiebre, de exilio. En «Afuera”, relato en el que una chilena radicada en Estados Unidos se dedica a hacer de niñera para una pequeña, en una casa acomodada donde los padres sí están e igualmente tienen a alguien, a ella, para que cuide su hija mientras, paralelamente, la protagonista a diario mantiene comunicación con su hijo pequeño a través de Skype o algún sistema similar, el mismo que dejó en Chile al cuidado de la familia; esa misma ruptura antes dicha aquí se ve acentuada por el desarraigo, la lejanía de la patria y, por ende, con la familia. Esa es otra aportación valiosa de este conjunto, constituida por el relato de la migración chilena, varios de estos cuentos se sitúan en el extranjero y exponen cómo sus personajes viven fuera de su patria, reproduciendo la sensación de desarraigo y lejanía, una especie de perdida de interés en la cotidianeidad, puesto que el presente es algo que se vive lejos del lugar donde físicamente están situados estos personajes.

 “Ese tono sin expresión que usaba cuando quería recalcar que yo nunca iba a importarle lo suficiente. Ese tono con el que decía nosotros. Ese otro nosotros donde yo estorbaba.” («Lobos», página 131)

Siendo un conjunto bastante parejo en su calidad, merece destacar un par de cuentos. «Cera», por ejemplo, es un relato breve en el que una mujer que trabaja en un centro de depilación femenina se dedica a provocar a sus clientes el máximo dolor posible con la cera depilatoria, mientras ella se mantiene desprovista de cualquier emotividad, desapegada de sí misma y de su vida, a causa de la muerte de su hijo. Igualmente destacable resulta «En caso de emergencia”, en el que una chilena que vive sola en Estados Unidos se sobrepone a su incomunicación, a la carencia de afectos, poniendo como número de contacto de emergencia a un hombre apenas conocido, con el que ha intercambiado poca cosa más que ese mismo número de teléfono.

Los cuentos de Lugar poseen una alta carga de sensibilidad cosa que viene acompañada de una gran virtud, y es que su entrega se encuentra bien modulada. No existe en ellos nada pusilánime, nada lloroso ni melodramático, a pesar de que hablen de la enfermedad, de la ruptura, del quiebre, de una soledad moderna repleta de redes sociales y contactos virtuales. Estos relatos habrían naufragado fácilmente si su emotividad no estuviese contenida, para que esta se produzca en el lector, y no sea entregada ya deglutida por el narrador. En detalles como ese es donde la autora hace gala de cuánto conoce su oficio, al transitar con facilidad y ligereza en estos temas espinudos, entrando y saliendo tranquilamente de ellos, conformando personajes con diferentes niveles de complejidad, rotos, con montones de problemas que no se resuelven en los relatos sino que son el meollo de ellos. Este grupo de mujeres expatriadas, que han perdido y solo en ocasiones buscan su lugar en el mundo, ya sea físico o afectivo, no solo muestran una parte de nuestra sociedad muy poco visibilizada en nuestra literatura sino que —y principalmente— constituyen una serie de relatos poderosamente narrados, congruentes entre sí, que dan cuenta de un sólido proyecto narrativo que se materializa en este Lugar, de María José Navia.

 

 

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