El simpatizante (Viet Thanh Nguyen)

El simpatizante (2017)

Viet Thanh Nguyen (1971)

Seix Barral

ISBN 978-950-731-917-4

480 páginas

 

El cine estadounidense ha sido más que prolífico para retratar la Guerra de Vietnam, su contexto, causas (o las causas desde su punto de vista, al menos) y también los profundos efectos que tuvo en su población. No está de más recordar que Estados Unidos siempre se ha erigido como una suerte de liberador del mundo, y ha propugnado una constante ideología de algo que podríamos llamar “la guerra justa”, una guerra dirigida supuestamente contra el comunismo, el terrorismo, o el futuro enemigo de turno, y desde ahí salir a matar a miles de personas a cualquier lugar del mundo. Sin embargo, sus mismas instituciones de inteligencia han reconocido que en el caso de Vietnam — que además se trata de una guerra en que fueron derrotados a pesar de estar luchando una superpotencia contra un país subdesarrollado como Vietnam— fue una guerra iniciada artificialmente por ellos mismos, con un montaje militar que le permitió al gobierno estadounidense provocar deliberadamente una escalada en el conflicto bélico, y con ello engañar a su propio congreso para que autorizara a multiplicar sus tropas metiendo una cantidad inmensa de recursos a la guerra, una guerra que terminó siendo inmensamente impopular incluso entre sus propios ciudadanos.

Me sacaba de mis casillas mi indefensión ante la imaginación y las maquinaciones del Cineasta. Su arrogancia señalaba algo nuevo en el mundo, porque aquella era la primera guerra en la que los perdedores iban a escribir la historia en lugar de los ganadores, cortesía de la maquinaria propagandística más eficiente que había existido nunca (con todos los respetos a Joseph Goebbels y a los nazis, que nunca habían alcanzado la dominación global). Los sumos sacerdotes de Hollywood entendían de forma innata la observación del Satanás de Milton: que era mejor gobernar en el infierno que servir en el Cielo (…) página 171

Sin duda, así como la enorme cantidad de películas que han relatado la guerra de Vietnam, seguramente ha existido una cantidad de libros equivalente que han contado de forma similar esa historia; y, sin embargo, es difícil enumerar un par de ellos que hayan logrado resistir el paso del tiempo o ingresar al canon.

Y es que si repasamos esos relatos, extrañamente podremos encontrarnos con uno de ellos en que los vietnamitas salgan bien parados: no digo que tengan un papel central, sino que pasen de ser los crush dummies de turno, los extranjeros curiosos que deben morir y explotar junto a las detonaciones o correr delante del napalm, para gloria del ejército estadounidense. Y es que es muy particular el caso de esta Guerra, tal vez la única en que su historia, su relato ha sido escrito y fijado por el bando perdedor.

El simpatizante es la historia de un espía del Viet Cong infiltrado en el bando aliado a Estados Unidos en el contexto de la Guerra de Vietnam.  Es, dicho de otro modo, por fin el relato que contiene las dos caras de la moneda, donde los vietnamitas no son únicamente “los malos y torpes”. La historia comienza muy cerca del final del desalojo estadounidense de Vietnam, del triunfo de Viet del Norte y del Viet Cong. Desde ahí el protagonista escapa a Estados Unidos, mostrándonos la vida del refugiado, junto con otro gran grupo de emigrantes que van a parar a la asistencia social de Norteamérica.

¿Cómo debía de ser vivir en una época en que tu destino no fuera la guerra, en que no te vieras obligado a seguir a cobardes y corruptos, en que tu país no fuera un caso perdido que solamente continuaba con vida gracias al goteo intravenoso de ayuda americana? (Página 29)

Desde ahí, el protagonista sigue constantemente informando de los intentos de los demás refugiados, especialmente del General para el que siempre ha trabajado —un aliado de Estados Unidos, por supuesto—, para volver a armar un ejército que invada Vietnam y retome el poder.

El relato se va construyendo con una alta dosis de humor e intrigas, de forma veloz y con un lenguaje coloquial, en base a una supuesta confesión que comienza en la primera página y se mantiene rauda hasta el final. No es mucho más lo que se puede contar sobre el argumento sin delatar aspectos importantes. Sin embargo, hay que destacar que difícilmente pueda accederse, desde la ficción, a un mejor relato de la Guerra de Vietnam: desde la doble visión de este agente infiltrado, revolucionario pero al mismo tiempo recaudando fondos públicos para sostener  al nuevo ejército libertador; se trata de un protagonista que hace gala de su doble visión, de su carácter bastardo, como lo llama él, poniendo en el centro no ya a los estadounidenses, pero tampoco a los vietnamitas, sino que equilibrando dos visiones antagonistas, donde no hay triunfadores puesto que se trata de una guerra.

Este libro se construye como una crítica al imperialismo estadounidense, a la falta de nobleza en sus intenciones y en cómo venden su propia marca al mundo, pero al mismo tiempo es una crítica profunda al comunismo que se desarrolló en Vietnam, con sus campos de concentración o “reeducación”, como los llamaron ellos, donde se torturó a miles de personas; un país que pasó de ser humillado y explotado por los extranjeros, a ser humillado y explotado por ellos mismos, por los nuevos hombres que subieron al poder.

“No era la primera vez que veía refugiados, Comandante; la guerra había dejado sin hogar a millones de vietnamitas del sur en su propio país, pero aquella humanidad desastrada era una especie nueva. Era tan extraordinaria que los medios de comunicación occidentales la habían bautizado con un nombre nuevo, la gente de las barcas (…)” página 191

Y lo más destacable es cómo el autor consigue, desde esa dualidad en su visión, construir un relato en un tono que la mayor parte del tiempo parece liviano, y así hacerlo pasar desde el humor, el sexo y los amoríos, por el choque cultural de la inmigración, hasta llegar a la violencia, la muerte, la política y finalmente la más dura tortura, con un registro que abarca un abanico muy amplio de emociones en este relato a ratos derechamente genial y estremecedor, por partes iguales.

Viet Thanh Nguyen, su autor, es vietnamita de nacimiento y estadounidense por adopción. Sus padres escaparon de Vietnam en el contexto de la guerra y él terminó siendo un inmigrante, un refugiado de la guerra, desde muy pequeño. Por ende, hizo prácticamente toda su vida en ese país. Seguramente la capacidad de exponer esa doble visión proviene justamente de su propia característica de ser dos cosas al mismo tiempo y quizás ninguna cabalmente: ni vietnamita ni estadounidense, y seguramente un poco rechazado en ambas sociedades a pesar de estar inserto en esta última.

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