La vida negociable (Luis Landero)

La vida negociable Luis LanderoLa vida negociable (2017)

Luis Landero (1948)

Tusquets Editores

ISBN: 9788490663714

336 páginas

En la última novela de Luis Landero se cuenta la historia de un hombre cuya definición más precisa es la de “peluquero”, una profesión que no cabe en una vida susceptible de relacionarse con muchos más sustantivos, y aun adjetivos —si se quisiera abusar de las calificaciones.

Pero la existencia de este peluquero es inclasificable. La vida negociable empieza con él y su madre corriendo bajo el frío de Madrid para dirigirse a la casa del Doctor Ruiz, un psiquiatra que la trata. Con esta acción se desenvuelve la rutina habitual: mientras ella está en la misteriosa “consulta”, este se entretiene con Leo, la ruda hija de un antiguo luchador y de una adivinadora, con quien descubre el amor y más adelante el sexo y la frustración. Cuando confirma que su devoto padre no es el hombre recto y ejemplar que creía, su conciencia se tuerce definitivamente y comienza la fábula.

Ensimismado en una primera persona que se percibe en un trayecto a medio camino entre la comedia y la novela psicológica, el narrador se centra en sus andanzas y nos transmite cómo es posible de cambiar de oficio y proyectos, pero no de suerte. Como los más entrañables charlatanes de la tradición literaria (inevitable resulta recordar al Trífero de Ray Loriga), de principio a fin Hugo Bayo intenta trazar las líneas rectoras de su moral una y otra vez en base a un contexto que se le descubre a cada decepción, consecuencia de ensoñaciones y deseos difusos, el verdadero motor de sus decisiones.

Mudable y mucho más, Bayo se percata de que ha estado perdiendo el tiempo al relacionarse con Leo o enamorándose de Olivia, al volverse un alumno soberbio o un peluquero de la milicia. Y así, traicionándose, comienza de nuevo a buscar maneras de hacer no solo dinero, sino que también fama, al desandar caminos volviéndose un soberbio en las aulas o derechamente chantajeándose a sí mismo tal como lo hizo con sus padres cuando era joven. De manera que cuando vuelve a sufrir, cae en la cuenta que ha hecho todo mal hasta el momento y debe volver a empezar, una situación que Landero ilustra con un humor irreprimible, como si él también, en tanto autor, aprovechara la oportunidad para mofarse de su personaje.

Mira, Huguito, en la vida todo es negociable, y también con Dios, digo yo, se podrá negociar. Hay que aprender a convivir con el mal, y en este negocio mío y que pronto será tuyo, piensa, como yo lo pensé en su día, que si no lo haces tú, otro lo hará por ti, de modo que con tu virtud no evitas el mal; al contrario, aceptándolo, puedes paliarlo en parte, contenerlo, hacerlo más venial y más humano, y ese, a su modo, es también un servicio que se le presta a Dios, que todo lo ve.

Con un método que exuda ironía, la novela se inmiscuye en la mente atribulada de un hombre que, por inseguridad o sencillamente la mera avidez de ser reconocido, se tropieza junto antes de obtener migajas. Así, el narrador intenta paralizar al lector interpelándolo a explicarse sobre cómo surgen las primeras experiencias fuertes de la vida moderna, llena de divisas para negociar, y las consecuentes decisiones que se toman en esos pequeños instantes; como no hay mucho de dónde elegir, sobreviene el sufrimiento, con lo cual la prosa ágil y el oficio de Landero ponen a su personaje a elegir entre la desconfianza en el mundo o la desconfianza en sí mismo. En la trama, el leit motiv —que no es otro que la pérdida de la inocencia— pierde en solemnidad pero gana al renovarse mostrando el modo en que los hombres prefieren anular sus principios antes que salir a la calle y sentir vergüenza. Allí es cuando nace lo mejor de esta obra.

Con todo, el personaje del extremeño viene a conformar el selecto grupo de pícaros y parias que han desaparecido bajo la sombra de la seriedad académica de algunas ficciones y la fuerza arrolladora del exitismo actual, un aspecto que esconde una crítica a aquel precio que se pide por destacar entre la muchedumbre. Además de un tipo de personaje que ya se extrañaba, Bayo se construye como uno más de aquellos descontentos de la vida diaria y, por qué no, de esos que sin cansarse se enfocan en los resultados, convirtiéndose en un símbolo del tedio de la vida actual, siempre negociable.

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