Doble Ciencia: “Hay que preguntarse por qué las publicaciones filosóficas chilenas se han convertido en un cementerio”

Desde hace algunos años que la editorial Doble Ciencia se ha hecho notar por sus publicaciones: pensamiento y filosofía, seguramente las ramas menos amables dentro de la producción cultural chilena y las con menor repercusión a nivel popular. A pesar de lo anterior –o justamente por ello- insisten en esta labor con publicaciones notables como Firmar Marchant, dedicada a Sobre Árboles y Madres, o Insumisas, un libro-objeto sobre la lucha y disidencia feminista.

Acá su equipo conformado por Marcelo Rodríguez, Camila González, Zeto Bórquez, María José Quesada y Marcelo Starcenbaum nos cuentan detalles de su trabajo, sus elecciones y de cómo piensan la labor editorial y filosófica.

Definen su labor como una que “acoge el gesto de la doble marca en cuanto estrategia de lectura”. ¿A qué se refieren con esto?

La idea de doble marca (o de una doble ciencia) proviene de la desconstrucción de Jacques Derrida. Es algo que tiene muchas vueltas en el trabajo de Derrida mismo, de manera que, para los efectos de un cierto marco o margen susceptible de circundar el proyecto editorial, lo que se intenta acoger es el gesto estratégico que se encuentra en juego en esa idea. Como señala Derrida en Posiciones (una entrevista del año 72): “La estrategia de la desconstrucción es doble: intervenir invirtiendo las jerarquías; desorganizar los sistemas explorando sus distancias”. Lo que habría en juego es una cierta desestabilización, un doblez, una marca suplementaria, digamos, del texto, o, si se quiere, de la lectura. Siguiendo este doblez, no se trataría simplemente de neutralizar las “oposiciones metafísicas”, como si bastase con hacer la demarcación de este tipo de oposiciones en un texto. Una manera de abordar este re-ajustamiento sería pensando una operación de “tachadura” que se encuentra implicada (otro modo de hablar de doble marca), donde un concepto es susceptible de funcionar bajo una delimitación suplementaria: baste figurarnos la operación de la palabra tachada, para entender más o menos en qué sentido podría pensarse en algo que no dejando de referir a sí mismo no deje a la vez de diferir de sí mismo… intervalo donde podría decirse que una lectura se excede o se espacia y que efectivamente una cierta disimetría comienza a trabajar.

¿Cómo surge Doble Ciencia? ¿Por qué una editorial con un nicho tan especializado en este panorama de editoriales independientes dedicadas mayormente a ramas más amables de la literatura?

Cabría tal vez decir que el proyecto de Doble Ciencia Editorial es algo que surge por la fuerza de una cierta necesidad de intervención en un determinado terreno, que sería (algo así como) el del pensamiento filosófico en el contexto chileno en primer lugar, y luego, acogiendo los entrecruzamientos que a partir de ahí se han producido (muy fructíferos), en conexión con otros contextos teóricos en América Latina u otros lugares. Sobre lo primero, podría incluso decirse que un trabajo de ese tipo forma parte de un cierto “diagnóstico” de la situación de la teoría, de la práctica teórica, en esos márgenes, que son los márgenes de una determinada recepción de la filosofía. Una recepción que no es ni puede ser ingenua, es decir, donde se juegan tomas de posición que tienen efectos concretos, de entrada, en lo que podría denominarse un poco imprecisamente la lectura. En ese sentido, habría que tal vez reconocer la génesis de este proyecto, en primer lugar, en las inquietudes de gente que está trabajando precisamente en esa coyuntura teórica, donde aparece la necesidad de interrogar determinados procesos de sedimentación en la teoría, en unos bordes que en primer lugar van a ser locales y que paulatinamente irán reinscribiendo otras escenas de modo más general. Entonces, a diferencia de otras editoriales (incluso “independientes”) Doble Ciencia no querría convertirse en un mero aparato de posicionamiento profesional. El riesgo de eso es latente, y por eso hay que estar a la altura de la exigencia, de una manera que nunca es fácil por todas las cosas que allí es necesario tensionar. Siempre se arriesga  a que se malinterprete o más bien se deniegue el “gesto crítico” como hostilidad (en un sentido anti-filosófico), incluso por la misma gente que trabaja en filosofía.  El efecto de eso es evidente: reapropiación de las fuerzas por parte del mismo aparato que se intenta intervenir.

Publicando La filosofía de Stalin (del vietnamita Trần Đức Thảo) cometen el gesto –notado por ustedes mismos– de dar cabida a un texto extraño y casi anacrónico. “¿Stalin? ¿1988? ¿Francia? ¿Vietnam? Parece que todos estos elementos no tuviesen ninguna conexión”, dicen del libro. ¿Cómo llegan a conocer e interesarse por un texto como éste?

Para quienes se han aproximado a la filosofía francesa de la segunda mitad del siglo XX la figura de Trần Đức Thảo resulta tremendamente enigmática. En Francia misma, donde el trabajo de Thảo efectivamente influyó en otros autores (particularmente filósofos), el reconocimiento de su espesor teórico ha sido más bien tardío. Recién el año 2012 se ha realizado un coloquio importante sobre Thảo, en la École Normale Supérieure, en París, que dio origen a un tremendo libro titulado L’itinéraire de Tran Duc Thao (publicado en 2013), que además de contener una gran cantidad de estudios sobre su obra, incluye una reedición de su  trabajo más conocido: Fenomenología y materialismo dialéctico (que, para decirlo rápido, es una pieza un tanto rara, ya que sintetiza dos líneas de pensamiento que a nadie se le hubiese ocurrido poner juntas: Husserl y Marx).

Hay que pensar que la memoria de “licenciatura” en filosofía de Jacques Derrida, que se titula El problema de la génesis en la filosofía de Husserl, está bastante influida por algunas hipótesis de Trần Đức Thảo. De esto se ha hablado, también aparece en Lyotard y otros. Sin embargo, se empieza a ver hoy que el aporte filosófico de Thảo no puede ser restringido a sus influencias en los autores franceses que se interesaron por el problema de la historia (vale decir de la génesis histórica) en la fenomenología husserliana. Junto con el coloquio ya mencionado, en noviembre de 2017 se realizará en París nuevamente un encuentro en torno a Thảo (que se nota tan bien preparado como el anterior), esta vez conmemorando ¡el centenario de su nacimiento! En la edición de La filosofía de Stalin que apareció por Doble Ciencia, sería cuestión de mirar el prefacio de Jérôme Melançon (filósofo canadiense que se ha interesado mucho por el autor), que muestra de manera tan precisa las aciagas vicisitudes de la vida de Thảo, para sorprenderse de que hoy día se celebre con un gran coloquio el centenario de su nacimiento (cuestión que hasta hace no mucho tiempo habría sido una idea digna de un libreto de ciencia ficción). Sin embargo, el trabajo de Trần Đức Thảo, empieza a ser fruto de un redescubrimiento: lo marca el encuadre mismo del coloquio que tendrá lugar en noviembre, que apunta hacia trabajos menos estudiados. De manera que la idea de publicar La filosofía de Stalin obedece a esa inquietud más o menos general por el trabajo de Thảo, particularmente abriéndolo a eventuales lectores hispanófonos, ya que es muy poco lo que a la fecha se ha traducido en castellano.

Dieron cabida a una de las cumbres del pensamiento nacional con Firmar Marchant (monografía en torno a Sobre Árboles y Madres de Patricio Marchant), ¿cuál es su aproximación con la producción teórica chilena?

Lo interesante de decidir la publicación de algunos libros cuando se tienen motivaciones de fondo como las que comentábamos más arriba, es que la apuesta misma y su circulación son susceptibles de funcionar, en cierto sentido, como funciona una “hipótesis de lectura”. Es decir que con la publicación del texto y con el modo que más o menos se puede detectar es recibido, se gana un cierto terreno de especulación que puede conectar con ciertos posicionamientos de principio. Dicho de otro modo, ¿por qué publicar ese libro sobre Marchant? ¿Por qué hacerlo en tal momento y no en tal otro? Al menos hasta donde parece verse en un proyecto como Doble Ciencia, nada de eso podría darse sin fermentar en una práctica reflexiva concreta. Una editorial, en este sentido, tendría que poder operar como un medidor del voltaje teórico de una coyuntura determinada —a una coyuntura de esa suerte podríamos llamarle, por ejemplo, “producción teórica chilena”. Aquí se presentan, para empezar, dos problemas: primero, que las resonancias de un texto no se pueden zanjar por sus efectos inmediatos; y segundo,  que en el caso particular chileno –este es un problema sociológico– los filósofos por lo general no discuten sus trabajos con lo que podrían ser sus interlocutores en el propio medio donde se desenvuelven (y si no con aquellos, en la mayoría de los casos, con nadie). Marchant lo dice de la manera más precisa en Sobre Árboles y Madres (o sea en 1984): “Cuando una publicación filosófica en nuestro país: o silencio o aplausos vacíos, aplauso de los amigos, ningún debate serio; fundamentalmente, ella, hija del miedo, la complicidad”.

Habría que preguntarnos tal vez por qué el contexto chileno de publicaciones en filosofía se ha podido convertir en un verdadero cementerio: un cementerio de libros.  Lo que hay es un ejercicio un poco automatizado en relación con las reseñas y los lanzamientos, que más bien son una suerte de despedidas del texto, con luto o sin luto. La reseña y el lanzamiento son ejercicios de posicionamiento. Tal vez no podría prescindirse de eso: con ello el libro que se publica entra en contacto con un medio de circulación.  Sin embargo, lo que al parecer sucede es que la “discusión” posible en torno a los libros de filosofía hoy en día en Chile no pasa de esas instancias. Una reseña no siempre es una lectura. Y un lanzamiento de un libro puede devenir en una cosa celebratoria bastante lela.

Hay matices, y hay gente cuyo trabajo para que las cosas se vuelvan un poco menos cadavéricas no se puede desconocer. Pero el problema al nivel de las articulaciones y las convergencias es un poco más transversal. Actualmente no hay en Chile una discusión sobre los soportes de inscripción del texto filosófico. Ni tampoco sobre la necesidad de negociar niveles de discurso. En ese sentido, una de las cosas que muestra el libro de René Baeza –de entrada ya en su puesta en circulación– es lo necesario que resulta una discusión de esa clase. Esto tiene que ver  con el libro de filosofía en general y sobre todo con un libro de filosofía que es más resistente al recorte de acuerdo a formatos estándar, que obviamente no puede abordarse de acuerdo a imposiciones de espacio que no negocian con la propia ley del texto.

Estas son cosas que una editorial tendría por tarea hoy en día pensar, eventualmente intervenir, tratar de comprender cuál es el terreno que está pisando y no entregarse de manera un tanto idiota (en el sentido griego de esta palabra) a la mecánica generalizada de lecto-escritura.

Se han acercado a las técnicas mixtas con Insumisas, seis chilenas líderes desde la disidencia de Camila González, que a través de la plástica complementa y expande textos de Elena Caffarena o Stella Díaz Varín, cuéntennos sobre este título.

Insumisas es un libro-objeto que nace como una apuesta artística que mezcla el diseño, el arte, la historia y la poesía. En esa perspectiva, lo que podríamos denominar “libro-objeto” o “libro de artista”, tiene sus puntos de anclaje en el trabajo que desde las artes visuales se ha hecho tomando al Libro como soporte. En efecto, este tipo de libro podría definirse “como un soporte más”, no obstante, “sus especiales características hacen de él un medio con posibilidades mucho más amplias:  el juego con el tiempo, al poder pasar sus páginas, retroceder, desplegarlas y leer un discurso plástico en secuencias espacio-temporales;  la posibilidad de unión entre la pintura, la escultura, la poesía experimental, las artes aplicadas, el libro de edición normal” (esto lo señala José Emilio Antón en  El libro de artista, el libro como obra de arte de 1994). Entonces, basándonos en esta definición es que la edición fue tomando forma gracias a la recopilación de archivos y publicaciones que se fueron encontrando de muchas, muchísimas mujeres chilenas, de las cuales finalmente quedaron seis. Todas de diversas áreas y disciplinas a las que definimos como disidentes por ser precursoras de cambios políticos, sociales  y culturales en cada una de sus épocas. Se buscó como hilo conductor la intención de libertad de la mujer a través del tiempo lo que conlleva la desmitificación del género, incluso sin que sea esa la propuesta explícita en algunos casos.

El libro abarca un período de alrededor de 300 años, donde la apuesta es el juego entre la palabra y la gráfica, que en este caso no son una el mero complemento de la otra sino que están en dialogo permanente, en un constante equilibrio, con la intención de ofrecer diferentes grados de interpretación, sensaciones y sentimientos. Se quiso dar a conocer al lector/auditor una especie de “mundo” de cada una de ellas a través de un lenguaje gráfico que se nutre de objetos, manuscritos, grabados, rayados y fotografías fusionadas a través de la técnica del collage. Además se utilizan diferentes papeles y juegos tipográficos para enfatizar y separar cada una de las historias.

En términos de proyecto editorial, todo lo que conlleva este tipo de ruptura con un formato estandarizado del libro (donde por lo general la intensidad se disimula en la determinación formal) es algo en lo que cabría seguir insistiendo.

Aparte de sus publicaciones filosóficas ahora han decantado por la narrativa con La máquina abierta y otros textos de François Léon. ¿A qué se debe este desplazamiento?

Habría que ver qué es lo que con ese libro se ha –o no– desplazado. El libro de Léon está todavía por leer, una cosa demasiado porosa como para incluirlo demasiado fácilmente en el género narrativo (suponiendo que ese género fuese algo, y algo diferente de la escritura filosófica). Al menos se puede decir, y esto es algo que aparece en el prefacio de Waldo Rojas, ese libro sigue algo así como un “principio de composición” que es, podría decirse “filosófico”, y es un principio sobre la tecnicidad de una estructura de composición, que allí está planteado a partir de Gilbert Simondon. Hay un texto de Simondon de hecho –se titula Psicosociología de la tecnicidad– donde esa idea (que es la idea de “maquina abierta”), está expuesta de manera bastante precisa, y que tal vez da más o menos en el borde de lo que podría concernir al libro de Léon:

En el objeto artesanal, no hay, propiamente hablando, pieza de repuesto, o al menos pieza desmontable; tallada, forjada para adaptarse a las otras y corregir si es necesario sus irregularidades o desviaciones por retoques sucesivos, la pieza es como un órgano que lleva la marca de todos los otros órganos, y que es, pues, el órgano de tal cuerpo, de tal organismo, y no de tal otro. La organicidad, al final de la génesis progresiva del objeto artesanal, vincula las partes al todo y las vuelve no-transferibles. En la construcción industrial, hay, al contrario, ensamblado en cada conjunto de subconjuntos prefabricados en serie, debiendo ser, por consiguiente, intercambiables, ya que el encuentro (rencontre) de tal pieza con tal otra en la organización de un todo es aleatoria.

Habría que ver hasta qué punto esto podría seguirse en François Léon o no (es decir esta reconversión respecto a un modelo de encaje de piezas en una máquina), pero, en cualquier caso, algo de eso resuena allí, de manera tal que los márgenes de lo literario como género son de entrada –ahora sí– desplazados, o al menos no se podría simplemente suponer que estamos en el terreno de lo que se llama por comodidad el texto literario. Sin duda tampoco es algo netamente filosófico, y eso puede ser “interesante” de entrada: la posibilidad de acoger variantes y rupturas de estilo o de ritmo, es una cuestión ante la cual un proyecto que se piensa desde una doble escritura no podría cerrarse. Entonces: todo y nada. Tampoco una variación rítmica puede hacerse de cualquier manera, y ahí necesariamente tendrá que haber una cierta criba, sobre qué es lo que se quiere abrir al publicar esto o aquello. El nombre de la colección donde aparece el libro de Léon podría decirnos algo: “Lits et ratures”, cruce de sentido/grafía que encontramos en Duchamp.

Además de los 3 libros publicados el año pasado también editaron una revista digital. Adelántennos sus planes y objetivos con Adenda Filosófica.

En efecto, la idea de mantener un espacio de publicación digital, de cierta periodicidad, aparece como necesario para hacer circular proyectos digamos “satélite”, que no tienen que rigurosamente regirse a las dinámicas de los proyectos de libro “impreso”. Es una posibilidad de ensanchar el espacio de trabajo de la editorial, donde además de publicar libros pueden estar pasando otras cosas (es interesante de hecho concebir el espacio editorial de ese modo, no limitar a priori los márgenes de lo que hace o podría llegar a hacer). Hay que decir que el nombre “adenda” es una manera de decir “agregado”, que es una operación que le interesaba a Marchant, una operación, por así decir, de la desconstrucción, que es la operación del suplemento (y que es una manera también, dicho sea de paso, de hablar de la “doble marca” o “doble ciencia”). “¿Aprenderemos a olvidarnos de la verdad [dice Marchant], del sentido, de los sentidos verdaderos, aprenderemos, alguna vez, a trabajar la operación de los agregados?”. Está entonces esa idea de fondo, de hacer trabajar unos ciertos agregados, de manera que el asunto no era tanto apostar a una revista, que supone otros protocolos de organización, aunque la presentación de la Adenda n°1 es bastante convencional, salvo tal vez por el detalle de que está firmada con un golpe en la mejilla, con un  κόλαφος, que va a tener relevancia en el texto que en ese n° hace las veces de “Preliminar”.

Habrá que revisar cuestiones sobre los formatos de cara a lo que pueda venir por ahí. En cualquier caso, para hablar un poco de ese primer número, se trató de presentar algunos enfoques filosóficos –bastante recientes– en torno a algunas de las mutaciones gnoseológicas que se empieza a entrever están cristalizando con las nuevas tecnologías: el problema de la automatización algorítmica visto desde Bernard Stiegler, Michel Serres y Antoinette Rouvroy, dos textos en torno a Donna Haraway (una autora que había quedado un tanto en el olvido pero que hoy está siendo revisitada), y dos traducciones de textos de Dominique Lestel, que reflejan bastante bien su perspectiva etológica “ampliada”, donde son pensadas ciertas dinámicas de agentes artificiales en entornos en transformación. El trabajo de Lestel, primera vez que se lo traduce al castellano (esto no significa nada por sí mismo, solo que su trabajo está teniendo mucha repercusión en escenarios disímiles). No sería exagerado decir que los intercambios con filósofos y filósofas chilenos/as sobre este número fue nula (a excepción de algunos comentarios sobre el “Preliminar”, que, en rigor, es otra historia). Pero sí tuvo acogida en gente ligada al diseño, donde fue posible tomar conocimiento fundamentalmente de dos proyectos vinculados a la reflexión sobre nuevas tecnologías: uno de un encuentro internacional sobre “Vestuario, cultura y tecnologías”, que se realizó en Santiago en junio de 2015 (con el título de “Vestibles”), y otro de un proyecto todavía en curso que tiene por título “Mediaciones algorítmicas para el agonismo”, encabezado por dos académicos del Departamento de Diseño de la Universidad de Chile (Diego Gómez y Mario Marchant). Ambos proyectos son realmente notables, el último todavía en desarrollo, y es de esperar que el primero continúe lo que ya abrió en 2015.

De suyo aparece como muy interesante el fenómeno de recepción: es posible que el arco de problemas abierto por los textos incluidos en la Adenda n°1 efectivamente no tenga mayor pertinencia en el contexto filosófico chileno actual, y que ese tipo de interrogaciones estén siendo reinscritas desde otros lugares. Sería interesante que esa pista pudiese efectivamente seguirse, y hay que decir que esto se ha podido medir gracias a la iniciativa de esa “revista”. En ningún caso será la premisa ni la fórmula a repetir (como si hubiese que obcecarse en un tema o algo por el estilo). Es más bien la abertura de una inquietud (o viceversa). Por de pronto el N°2 tendría que estar apareciendo en julio.

¿Cómo notan el panorama de editoriales independientes en Chile?

Como ya se ha dicho, sea la editorial que fuere, si no se parte desde un diagnóstico de la situación donde esos proyectos puedan no solamente reconocer sino que además reconfigurar las dinámicas que posibilitan y coartan su trabajo (y que habría que analizar cada vez de manera concreta), es bien difícil que no devengan simplemente aparatos de posicionamiento profesional o de negociación institucional. Habría que poner alguna esperanza en las editoriales así dichas “independientes”, potencialmente más susceptibles de intervenir la coagulación de los aparatos de posicionamiento y afines. Se ve que algunas editoriales –para hablar del área de filosofía– no tienen la menor noción de por qué serían necesarias interrogaciones de esa especie.

Con todo, quizá habría que darle tiempo a todo esto, a todo lo que pudiese ser hoy mismo un cierto “escenario” editorial (“independiente” o no, es una distinción difícil, algún bromista quizá diría que nunca se es del todo independiente ya que en último término la voluntad se encuentra enlazada a las pasiones), ver si los proyectos son capaces de mantenerse, de acuerdo a qué y para qué. Hoy en día formar una editorial no es difícil. Lo difícil es no volverse un títere de las estrategias en vigor. Si eso ocurre o se ve venir, proyectos menos precarizados por las instituciones siempre deberían poder contar con un repliegue. Entonces tal vez, para empezar a hablar de estas cosas, habría que más bien distinguir qué tan cerca de las sienes tienen la pistola de sobrepujas de acomodo institucional o profesional los proyectos editoriales hoy en día.

¿Qué planes editoriales se avecinan para Doble Ciencia?

En este momento tenemos en imprenta Escritos de Mauricio Malamud, un libro que compila un conjunto de textos de este filósofo comunista argentino relativamente desconocido. Asimismo estamos cerrando la compilación Althusser y América Latina, la cual reúne un conjunto de trabajos que reconstruye los itinerarios teóricos y políticos de la obra de Althusser en los distintos países latinoamericanos. En paralelo estamos traduciendo Althusser and his contemporaries, de Warren Montag, y planificando la traducción de The Gramscian Moment de Peter Thomas (Brill, 2009) y la edición de una compilación de escritos de Dominique Lestel, tomados de contextos diversos y aparecidos particularmente en francés durante la última década, la cual lleva como título Hacer las paces con el animal.

Mencionen algunas editoriales cuyos catálogos les llamen la atención.

El trabajo editorial de Doble Ciencia encuentra inspiración en un conjunto de experiencias editoriales caracterizadas por un fuerte sentido de la intervención. En el contexto europeo, Verso viene trabajando desde hace décadas en la difusión del pensamiento radical y de la historiografía crítica.  La serie Historical Materialism de Brill constituye un destacado ejercicio de traducción y difusión de las tradiciones marxistas contemporáneas. En esta misma constelación puede ser pensado el trabajo desarrollado desde años por la editorial española Traficantes de Sueños y las francesas La Fabrique y La Découverte

En el contexto latinoamericano, un conjunto de editoriales argentinas se destacan por ofrecer catálogos notables. Cabe mencionar al respecto a Cactus, que en los últimos años editó a Simondon, Deleuze, Guattari y Berardi. Lo mismo puede decirse de Tinta Limón, que se ha destacado por la traducción y publicación de Lazzaratto, Mezzadra y Lordon. La colección “Futuros próximos” de Caja Negra está compuesta por traducciones de autores que actualmente marcan el pulso de los debates políticos y culturales de nuestra contemporaneidad, como Groys, Flusser, Harman y Fisher. Este repaso no puede finalizar sin reconocer el trabajo desarrollado por Milena Caserola, cuyo catálogo contiene dos insumos fundamentales a los fines de calibrar una intervención efectiva en nuestro contexto teórico y político: El otro Marx de Óscar del BarcoVuestros años ochentas de Juan Manuel Núñez.

Compartan con nosotros algún vídeo que les haya gustado en el último tiempo.

En la Adenda n°1, sobre el final del texto “Preliminar”, hay un fragmento de una entrevista al artista y diseñador industrial cubano Ernesto Oroza, quien ha venido desarrollando en el último tiempo el concepto de “desobediencia tecnológica”. El rastreo que realiza hoy por hoy Oroza es tremendamente interesante, donde han ido apareciendo nociones como “arquitectura de la necesidad” u “objeto transparente” (esto último Oroza lo rescata de Boris Arvatov pero mucho podría tener que ver, por ejemplo, con la idea de “objeto técnico abierto”, que sería posible seguir en Simondon o en F. Léon). Aprovechamos esta invitación a compartir algún material audiovisual, precisamente para destacar el trabajo de Oroza y su idea de la desobediencia tecnológica:

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