Estilo rico, estilo pobre (Luis Magrinyà)

Estilo rico, estilo pobre (2015)

Luis Magrinyà (1960)

Debate

267 páginas

Estilo rico, estilo pobre se anuncia como otro de esos manuales de estilo que contienen la promesa de mejorar nuestra escritura. Y aunque tal vez lo haga, en este caso la cosa no va totalmente por ahí.

Estilo rico, estilo pobre parte como un compendio de las columnas que el autor, Luis Magrinyà, publicó durante años en el diario español El País. En ellas —al menos en las recopiladas— se dedicaba a poner su mirada sobre ciertos usos y giros que los hablantes del español iban poco a poco adoptando. Desde ese punto de partida es muy fácil darse cuenta que este no pretende ser un manual ni mucho menos, sino que más bien pretende expresas los devaneos de un hombre profundamente interesado en la lengua, llevados al papel . La gran diferencia entre una cosa y otra es que en estas columnas puede verse la molestia e ironía de su autor, su propio malestar que no se oculta ni contiene, pero también su alegría ante pequeños momentos de belleza.

El libro se detiene tanto en los excesos y carencias de nuestra escritura, como en los defectos que ha producido la adopción de giros propios de otros idiomas, del inglés predominantemente. Y no se contenta con pasar sobre ellos, sino que realmente se detiene y profundiza en cada caso, repletando las páginas con ejemplos tomados de la literatura, de autores tanto contemporáneos como clásicos y, sin dejar de ser cómico, con ejemplos de yerros tomados muchas veces de sus propios libros, quitando así cualquier pretensión grandilocuente.

Y es probable que en ese tono esté gran parte de lo ameno que se vuelve este libro que ya lleva un rato en circulación: Luis Magrinyà jamás se encarama en las alturas de un pulpito. All contrario, tras el libro subyace la idea de que no hay nada en el hablar y escribir rebuscado que signifique la existencia de un estilo propio, de un buen estilo o de un buen hablar o escribir. Demuestra que nuestras palabras más llanas, del uso diario, en general son las más adecuadas para decir con precisión eso que queremos decir.

Merecen especial atención los comentarios que el autor hace sobre la forma en que los escritores utilizan las acotaciones de diálogos, dando muestras de su agudeza como lector, antes que todo. Resulta un exámen concienzudo de los tópicos aceptados, los que funcionan y los que no, y finalmente en cómo todos los leemos o pasamos por alto.

En suma, es un libro de una temática muy específica y, por ende, dirigido a un público también muy específico: a aquellos realmente interesados en los problemas del uso de la lengua. A pesar de que comercialmente se le ha agregado como bajada de título la frase “Todas las dudas: Guía para expresarse y escribir mejor” como dije, este libro tiene poco y nada de guía; es devaneo mental, historia de las palabras, molestia y humor, alegría y belleza por la simpleza de las palabras bien usadas.

Probablemente sea recomendable solo para un tipo de lector muy particular, aunque me parece referencial para cualquier profesional de la edición.

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