El último room service (Daniel Chavarría)

El último room service (2016)

Daniel Chavarría (1933)

Tajamar Editores

ISBN: 978-956-366-003-6

225 páginas

 

El de Daniel Chavarría es un caso bastante curioso: uruguayo de nacimiento, ha desarrollado su carrera literaria en Cuba, país al que llegó en avión en 1969. No se trató de un vuelo comercial, sino que el autor raptó el avión y lo bajó en Cuba, escapando así de Colombia, donde estaba vinculado a las guerrillas. Y es como si su propia vida diera pie a una novela de aventuras muy pobladas de giros y sucesos extraordinarios. En Cuba devino en escritor, o tal vez logró materializar los intentos que antes no terminaran de dar frutos; solo él lo sabe con precisión. Por ello es que se define como un autor cubano —país que el año 2011 le otorgó su Premio Nacional de Literatura— nacido en Uruguay. En Cuba primero y luego en buena parte del mundo ha sido profusamente premiado por sus obras. Lo suyo es la novela de aventuras, la novela negra o la novela policial, de espionaje y contraespionaje.

El último room service es su primera novela editada en Chile. La historia es muy simple, al punto de que hace una promesa muy alta en cuanto a las posibilidades de hacer pasar por verosímiles sus acontecimientos. Un hombre, un cubano, pescador furtivo, barrendero, encuentra en su zona de pesca un gran tesoro, una cantidad importante de monedas de oro, suficientes como para hacerlo pasar de pobre a rico en ese mismo instante. Por supuesto, la felicidad no puede ser nunca cosa tan fácil, porque apenas Leopoldo Barreiro —el protagonista— se entera del real valor de estas monedas, fadriques españoles, monedas de un cuño realmente particular, urde un plan para escapar de Cuba, llevarse a su madre y, finalmente, hacer la vida feliz fuera de la patria. Pero las cosas no resultan como él se lo propone.

Ya no aspiraba a la felicidad. Se lo impedía la memoria del horror vivido. Solo con la captura de su presa obtendría una tenue esperanza de ganar cierta calma; pero se temía que cumplido tal objetivo, la vida se le convertiría en un intolerable vacío. El odio viejo y los fantasmas que visitaban sus sueños no lo dejarían dormir (página 19).

Una mujer, Eva, se interpone en su camino, se relaciona con él, lo engaña de formas que se desarrollan largamente en la novela y le roba todo lo que tenía a su haber. Esta novela es, entonces, no la historia del descubrimiento y sueño de aquel hombre en su intención por ser otro, por dejar la isla para poder buscar una vida distinta, sino que por el contrario, es una novela sobre la venganza de Leopoldo Barreiro para cobrar en carne propia no tanto el dinero, sino que todo el dolor que significó el engaño en el que cayó.

Lepoldo Barreiro destinó diez años al objetivo supremo de su venganza contra Eva Rathbone. La mayoría de esa década transcurrió en Cuba mientras planeaba la forma de emigrar a los EE.UU. con algunos recursos. Los toques finales le tomaron cinco meses desde su desembarco en Key West. Y ahora, coronado su propósito, daría por fin rienda suelta al viejo rencor (página 195).

Como decía, se trata de un argumento bastante simple. Sin embargo, gracias al oficio del autor, es una novela que logra salir adelante. Lo que más llama la atención es la arquitectura de la novela, sus largas elipsis que evitan cualquier desarrollo cronológico, que primero nos muestran al protagonista como un mudo, despojado de cualquier motivación, arrinconado en una cárcel sin que sepamos bien quién es. Lo vemos incriminarse y se nos presenta como el autor de un injusto secuestro. Más tarde conocemos sus motivos, los porqués de sus actos, y es ahí cuando presenciamos a una víctima, gracias a ese bien logrado efecto. Y más adelante, presenciamos los preparativos para la venganza y cómo esta se materializa, eso si es que podemos decir que existió la venganza que preparó y tanto anticipó.

Es una novela rapidísima, en la que su mayor pretensión no es otra que contar una historia amena, entretenida, ágil y violenta. Lo suyo no es la erudición, aunque el autor pueda parecerlo por sus referencias históricas muy propias de este tipo de libros. Al leerlo es fácil pensar en Salgari y sus novelas de aventuras y lugares exóticos. En Chile tendría su símil más cercano tal vez en un Rivera Letelier, otro contador de historias que escribe para un público amplio. Pero es así que, desde esa falta de pompa, de arrogancia, es que se ha construido una carrera repleta de reconocimientos en varios países y no solo en lengua española. Un escritor que ha sabido encontrar a su público y que recuerda los pocos elementos que son necesarios, cuando hay suficiente oficio, como para contar una anécdota que atrapa al lector.

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