Dime quién soy (Julia Navarro)

Reseña remitida por:

Mónica Vásquez Vetterlein

 

Dime quién soy (2010)

Julia Navarro (1953)

Penguim Random House

ISBN: 978-950-644-298-9

1.097 Páginas

 

Guillermo Albi, un periodista que apenas se las arregla para vivir, recibe el encargo de investigar y reconstruir la existencia de su bisabuela —Amelia Garayoa— de quien lo único que sabe es que era una mujer de estrato social alto, que se casó y tuvo un hijo —su abuelo— al que abandona siendo un recién nacido para seguir a un comunista del que se ha enamorado, pero también por tener la cabeza llena de ideales respecto a jugar un rol trascendente que justifique su existencia.

La novela tiene un ritmo ágil y vertiginoso en que los acontecimientos se suceden unos a otros con rapidez. La ruta que emprende Albi intentando reconstruir la historia de Amelia lo lleva a viajar a Buenos Aires, Roma, París, Londres, Berlín, Moscú, el Coayacán Mexicano en que vivió Trotski y de paso ir armando un puzle apasionante, a través de los relatos de personas que manejan las claves para conocer los pasos que en su vida dio Amelia.

Confieso que para continuar la lectura de las primeras páginas tuve que superar mi propia maternidad y la consecuente tentación de etiquetar a la protagonista como, simplemente, una mala madre que abandona a su hijo y a un marido, de una mala bonhomía a toda prueba por seguir una aventura sentimental, manipulada por ideales comunistas encarnados en el atractivo Pierre Comte.

Esa primera mirada se va complementando y dando paso a descubrir una historia de espionaje, desilusión, traición, amores, desamores y profundo dolor cuyo escenario es un siglo XX convulso. De la mano de Amelia sentimos el peso de la bota de Stalin, en una Unión Soviética en la que el paraíso comunista ha dado paso al terror; respiramos el dolor de una España desangrada en una guerra civil que ha enfrentado a padres e hijos como enemigos; temblamos frente a Hitler y los horrores de la segunda guerra mundial y vemos cambiar el mundo tal y como se conocía, de manera irrevocable. Los pasos de Amelia Garayoa, que recorrieron una vida de espionaje, riesgo y penurias se pierden en Berlín el 9 de enero de 1989, junto con la caída del muro. Será tarea del lector descifrar el nombre de la novela y así completar la historia.

Si alguna crítica merece el relato, es que el nivel de detalle con que Albi va reconstruyendo la vida de Amelia excede con creces lo que sus distintos informantes pudieran haber sabido. La intensidad y detalle del narrador en describir conversaciones, emociones, situaciones y personajes, hace que el recurso de forjar esta reconstrucción a través de relatos aparezca a momentos forzado. Parece olvidar que escribe a través de dichos de otros y su decir es más el del testigo presencial de cada momento. No obstante, lo anterior es una novela que no defrauda ni desalienta en la tarea de acometer la lectura sus más de 1.000 páginas.

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