La sed de sal (Gonzalo Hidalgo Bayal)

La sed de salLa sed de sal (2013)

Gonzalo Hidalgo Bayal (1959)

Tusquets Editores

ISBN: 9788490662311

328 páginas

La obsesión del protagonista es recrear con exactitud el viaje de Walter Alway en su Travel of Murania, un libro que pasó desde el museo del pueblo Casas del Juglar a un cuartel de zapadores y luego a la conocida cuesta de Moyano en Madrid, donde lo adquiere. Como demuestra el título esquivo que da origen al argumento de esta historia, el camino incierto que toman los libros en su deriva física (los libros no desaparecen del todo a menos que haya poder y fuego de por medio) es muy similar al derrotero de los que deciden caminar por caminar, o casi iguales al laberinto del que quiere encontrar las causas de los hechos o el origen de sus desdichas.

Publicado antes que Nemo (2016), La sed de sal (2013) se inmiscuye en los recursos de la novela negra pero salta mucho más lejos en sus elementos narrativos. En uno de los episodios iniciales del viaje, en el espacio del puente con el letrero que reza “Prohibido tirarse”, el protagonista es secuestrado, subido a una camioneta y encerrado en un calabozo. Sin saber por qué, como personaje kafkiano, comienzan las disquisiciones usuales del autor extremeño. ¿Ha sido encerrado por comer bayas en sus excursiones silvestres? ¿Ha roto las leyes particulares del Ayuntamiento en alguno de los senderos? ¿Ha tocado la sagrada propiedad privada? No lo puede creer.

Poco a poco, comienza a percatarse que es culpable de un horrible crimen. Por los gritos de “asesino” y las frutas podridas que bajan por la alcantarilla, se entera que es profundamente odiado (al mismo nivel o más que el sentenciado Mersault) y que ha asesinado, violado, vejado —y todos los verbos utilizables por la prensa— a una joven en la época de pandorgas y venerandas del pueblo. Gracias al estilo impersonal de Hidalgo Bayal, la víctima se llamará desde ahora “la joven desa”, como dice el pedazo de diario que alcanza a leer, hasta que surgen las conclusiones usuales del nombre completo, más allá de los recortes de prensa local; los frutos de la lógica que nace de un confinado que ignora la razón de su confinamiento.

Es esta joven desaparecida el nuevo rotor de los hechos. Desde ese momento, la epifanía del viaje queda en segundo plano y aparece otra novela. Brotan los personajes desde la vegetación que rodea el Arca de Noé, un habitáculo escondido en medio del bosque muraño que sirve como nueva celda para Travel, quien toma su nombre cuando empieza a relacionarse con otros que no lo tienen. Entre el flaco samaritano, el gordo guardián, el gordo bis, Noé León, el zotalito o el joven enamorado, el forastero de la mochila se entera que todos tienen o tuvieron que ver con la joven desaparecida en la vida anterior a su desaparición, pero que todos no tienen y no tendrán nunca que ver con la condición que le da su nombre. Desesperado, trata de defenderse de las acusaciones. Solo hasta el punto en que se reconoce como parte de una estrategia febril.

La novela de Hidalgo Bayal se mueve entre la incertidumbre de la trama y la necesidad de entender qué pasó. Astutamente, el autor remueve los temas noir y da intensidad a un lector encerrado entre los datos y ese precepto que dice que en los crímenes de sangre el que parece más estereotípicamente malo es el más malo, un defecto forense en el que la TV ayuda bastante. Más potente incluso es su trato de la idea sacra según la cual el impulsado por la sed de mal siempre vuelve al lugar del crimen.

Esta novela, al mismo tiempo que elude las respuestas, da vuelta el escenario e incita a la pregunta dolorosa acerca de la cantidad de inocentes tontos que duermen en cubículos mientras los audaces disfrutan y sufren saciándose con sal.

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