Ignacio Fritz: “Es peludo hacer literatura fácil”

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Ignacio Fritz (Santiago, 1979), autor de Nieve en las venas y La hermandad Halloween, entre otros libros, participó este año en la antología de relatos de ciencia ficción Espacio Austral editada por Contracorriente Ediciones. Próximo a sacar una nueva novela a través de Das Kapital, nos conversa sobre géneros literarios, el estado de la crítica y las editoriales y sobre el pop mezclado con ciertas formas de enfermedad mental y locura.

Comencemos por lo nuevo. Contracorriente Ediciones, que diriges, acaba de publicar la antología de ciencia ficción Espacio Austral, recopilada por Sergio Gaut Vel Hartman. Cuéntanos sobre el libro, sobre Gaut Vel Hartman y sobre tu participación en el libro. 

El escritor Sergio Gaut Vel Hartman se contactó con nosotros en diciembre del año 2014. Nos tomamos un café en un viaje relámpago que hice a Buenos Aires y me pareció interesante la propuesta de realizar una antología de ciencia ficción que reuniera a autores argentinos y chilenos. Yo he estado interesado en la ciencia ficción últimamente, me gusta mucho Stanislaw Lem e Isaac Asimov, pero creo que estoy empantanado en un limbo de géneros, sin definir… Me cayó muy bien Sergio. Lo encontré un autor reservado, que no alardeaba de sus logros. Supe que había resultado finalista de un premio literario complicadísimo, el Minotauro, allá por el 2005. Tuvo mala suerte porque Planeta, que maneja el Minotauro, no quiso publicarle la novela finalista. Ahora último, en marzo, estuve en su casa en un almuerzo y me contó ciertas anécdotas que tuvo con su amigo Mario Levrero, el uruguayo que ahora está tan de moda. Sergio es un tipo interesante, y ha hecho una red con los escritores de ciencia ficción, de todo el continente. Cuando nos tomamos el café no me contó que la antología tendría a “estrellas” como Jorge Baradit. Me entregó el original y me di cuenta que había nombres conocidos, como Diego Muñoz Valenzuela y Óscar Barrientos Bradasic. Incluso un compañero mío en la “Zona de Contacto” estaba antologado. Con respecto a mi participación en la antología, en realidad Sergio me invitó y yo acepté encantado. Hace bastante tiempo que no aparecía en una. La última fue Letras rojas, de Ramón Díaz Eterovic, de cuentos policiales. Lo interesante de Espacio Austral es que tiene peso, consistencia, no es una antología formada con los mismos nombres de siempre, donde prima la amistad y se rotulan el género de moda por pura pose. Puede pensarse que la ciencia ficción está en boga, pero te diré que en Chile no se toma en cuenta. El caso de Baradit fue curioso, al igual que el primer Bisama y, por supuesto, el primer Mike Wilson. Si uno quiere leer ciencia ficción en Chile, o cualquier otra literatura de género, sea policial o terror, hay que investigar en las editoriales independientes, como Puerto de Escape, RIL o Forja, incluso en las editoriales fantasmas. Ninguna editorial con sede en el extranjero está interesada en publicar huevadas que no sean autoficciones o relatos de infancia con Pinochet de fondo. Una paja aburrida que debería ser superada. Hablar de la realidad es una lata.

Te vi el otro día en el programa de literatura del 13C, entre las lápidas de un cementerio, hablando sobre terror. ¿Cuál es tu relación con ese género? ¿Y tu relación con otros de los géneros llamados fantásticos?

Me gustan todos los géneros literarios, incluso el rosa. Todos tienen una técnica detrás que ha de ser superada, o mutada, pero eso te puede llevar a un limbo. De hecho, mi primer libro, Eskizoides, es de realismo sucio con género negro, incluso hay un cuento gore de un psicópata homosexual en el  Nueva York de los años 70. Me han dado la lata con que escribir literatura de género es no hacer literatura. Ya me lo dijo hace 15 años Pablo Azócar y mi último libro de cuentos, El festín de los engendros, que se supone que sale ahora en Das Kapital, juega con el splatterpunk y probablemente muchos dirán que es una mierda bien escrita. Un doctor en literatura que trabaja en El Mercurio me había dicho que sacara los cuentos más fantásticos, volados, de hombres lobo y vampiros. ¡Por favor! El costumbrismo debe ser superado de una vez. Me sulfuro cuando me pongo a pensar que la academia sigue estancada en el pasado. ¡Sigan hablando de Pinochet! ¡Sigan pajeándose con la historia de un pendejo que se quiere arreglar los dientes en un viaje al norte o de un ladrón del supermercado! Me aburre el realismo. De hecho ya no leo nada de eso. Hace mucho tiempo que veté a Mario Vargas Llosa, por ejemplo. Me encantaría llegar al nivel de Anne Rice o Stephen King, pero da lata en Chile, tan poco arriesgado y chato. Aquí nadie lee, y los mil sujetos que leen, prefieren la historia de amor de un loco con una vieja que se las da de adolescente. Qué sé yo. No hay literatura interesante en el mainstream chileno. Salvo Skármeta, yo ya no leo el establishment chileno.

Algunos de tus libros -pienso especialmente en La hermandad Halloween- aparte de los elementos fantasiosos y de pop, incluyen un elemento crítico y de reflexión que te diferencia de los autores de género. ¿Es deliberado? ¿Cómo trabajas eso?

El elemento crítico le da sustancia a la obra, fondo. Con La Hermandad Halloween se me pasó la mano, exageré porque estaba haciendo una ficción transgresiva que coqueteaba con lo fantástico. Hacer reflexionar al lector es un arma de doble filo. Yo quería contar la historia de una adolescente perdida, drogadicta, que estaba inserta en un pacto satánico que radicaba en trece películas pornográficas a cambio del apocalipsis mundial. Como te comentaba, es de doble filo porque ahora te pueden tildar de denso o antipático si haces pensar al lector, y ese lector, generalmente el que forma parte de las masas, no está ni ahí con reflexionar después de leer. Se quiere una obra de fácil asimilación, digerible. Mi producto puede que tenga contenido, pero preferiría de ahora en adelante realizar literatura de evasión para agrandar mi público y llegar a gran un nivel, no de nicho como ahora. Quiero ser un escritor de legiones. Para eso debo dejar de complicar la narración y hacerla fácil. Pero con lo fácil tienes menos recursos. Es peludo hacer literatura fácil.

En tus libros hay mucho de cultura pop, sobre todo gringa y noventera, medio de videoclub. ¿Cómo se da esa fijación? Y por otra parte, ¿por qué no incluir personajes pop chilenos? ¿O te parece que no hay tal cosa como un pop nacional?

Encuentro muy rasca el pop chileno, como serie de Canal 13 con Pablo Macaya de galán y la rubia no sé cuánto. Eso se debe a un prejuicio mío. Y ciertamente el pop lo es todo. Está en todas partes. Me llega más la onda yanqui, gringa, pero no por el lado fuguetiano, muy McOndo o “Zona de Contacto”, que es medio ahuevonada y gil. No me interesa esa onda gil de adolescente hueco que posa de perdido. Creo que soy un rezagado, un mutante de la “Zona de Contacto” que estuvo allí por error en los años 90 y que cometió el disparate de pelearse con los que cortaban el queque. Me interesan los años 90 porque fui feliz en esa época, y aunque actualmente también no la paso mal, me quedó la imagen de ese mundo con Kurt Cobain y los Beavis and Butthead y la MTV. Un cuento que publiqué en la Zona, Cámaras de televisión, la cineasta Tiziana Panizza dijo que era como Beavis and Butthead. ¡Todo un elogio! Fue en el taller de Azócar en 1999. Finalmente, la gente de la Zona no quería publicarlo por la violencia, sí, es violencia, pero en mi caso eso ha dado a entender que mi narrativa es terrorífica, splatterpunk digo yo. Me encantan los años 90. Si tuviera una TARDIS viajaría a 1996. En mi muñeca tengo tatuada la fecha 1996.

Diriges la editorial Contracorriente, que ha publicado libros sobre amor, ciencia ficción y hasta de autoficción, ¿cómo se da esa diversidad de criterios?, ¿y cómo ha funcionado?

En realidad creo que la editorial funcionó en un principio como vitrina para trabajos que yo considero valiosos. ¿Sabes por qué nació Contracorriente Ediciones? En febrero del año 2007 Penguin Random House decide hacerme firmar un contrato de edición por unos cuentos barrocos de image fiction. Pasó un año y el editor se echó para atrás, mariconamente, con contrato y todo, sin dar explicaciones. He tenido mala suerte. Algo similar me había ocurrido el 2003 con Ediciones B. El asunto es que el libro Hotel, que se llamaba Hotel Premiere, había sido leído por Cuarto Propio, pero el editor que lo leyó dijo las evasivas típicas y entonces me di cuenta que yo no podía depender de las editoriales, ni de los editores de esas editoriales. Lo conversé con los financistas y dijeron que podía ser un buen negocio, aunque yo a Contracorriente Ediciones no lo veo como un negocio, ni una forma de ganar plata. Yo publico la narrativa que considero valiosa y que por diversos motivos no es exhibida pues, no sé si no te has dado cuenta, pero en Chile el factor extraliterario es más importante que la obra. Mientras a más cenas vayas o asados, mejor te irá en la literatura chilena. Como dijo Bolaño en El gaucho insufrible, los escritores en Chile tienen casas grandes. Y yo agregaría que la literatura chilena es de Plaza Italia para arriba. De hecho, viéndole sin querer en cierta ocasión la bandeja de entrada de e-mail a un escritor de un “supuesto” prestigio, que hace novelas históricas ilegibles que nadie lee, una editora, una de esas periodistas que creen sabérselas todas, que sigue trabajando para una trasnacional desde hace años, le escribió, y lo recuerdo muy bien: “Te mostraré el Barrio Alto en esta cena”. Una mierda. En Contracorriente si encontramos al García Márquez de La Pintana, lo publicamos igual.

Desde tu primer libro (Eskizoides) hasta ahora, ¿cómo ha cambiado tu voz?

R: Yo creo que he ido empeorando. Mi primer libro fue ideado para ser un éxito de ventas, desde como yo pensaba que podría ser un éxito de ventas. Capaz que haya estado equivocado. Habría que preguntarle a un experto. Utilicé un lenguaje limitado y harta violencia y sexo. Harta acción. Todo muy de cine hollywoodense. La editorial la cagó porque sacó mil ejemplares que apenas se distribuyeron en librerías y quedaron en bodega. Aparte, le dediqué el libro a dos pelotudos de antología que no son nada mío. La voz sigue siendo la misma, aunque Pablo Azócar me hubiese dicho que yo cambiaría las temáticas cuando tuviera más edad. No, para nada. Por suerte. Qué lata escribir de parejas infieles, como Azócar. O rayar con Carver y Cheever y Onetti, como la Costamagna. Me sigue gustando lo que escribí a los 20 años. Tengo un imaginario en mi cabeza que trato de explicar con cada libro… Me he engolosinado con las palabras, uso más adjetivos, pero hay cierta fijación con el tánatos y el suicidio. Creo que he ido empeorando porque ahora mis libros son más complejos, difíciles. Ya no están ideados para la masa ignorante, como Eskizoides o Nieve en las venas. También metí la pata con la portada de Eskizoides. Ahora pondría el cuadro Revólver de Andy Warhol.

Una banda, una película u otra obra (que no sea un libro) que haya tenido un impacto decisivo en lo que escribes.

R: The Doors en música, o AC/DC. Pulp Fiction, de Quentin Tarantino, de película, o Martin, de George A. Romero. Me calaron profundo. Y toda la pintura de Basquiat.

Cuéntanos de algunos lineamientos de tu, permíteme llamarla así, poética. ¿Qué preguntas o imágenes o temas se reiteran en tus libros?

El tema del suicidio ronda en mi narrativa, además de la muerte que aparece de manera absurda. El sexo como búsqueda de placer y nada más que eso. El sinsentido, el pánico, la paranoia, cualquier tipo de enfermedad mental que haga concebir el mundo como una otredad melévola. Lo mío es el friquerío. Soy un escritor weirdo. Mis lectores están en el psiquiátrico, o jugando videojuegos. También está el tema del fin del mundo, el apocalipsis.

Una breve descripción de cómo son tus jornadas de escritura y lectura.

Escribo en la mañana, tipo 8:00 en punto, con un buen café. Tomo harto café. Cuando estoy en el proceso de factura de una novela o libro de cuentos, trato de avanzar mil palabras diarias, como mínimo. A mí me gusta escribir rápido, sin vacilaciones, pero también la pienso bien, la medito, no escribo sin pensarla. No soporto esos escritores lentos que tienen que demorarse años y años en la producción de una obra. A mí me basta con unos meses. Leo en la tarde alrededor de cuatro horas diarias. Al año leo más de cien novelas, de todo tipo. No participo en cértamenes literarios chilenos porque hay gato encerrado. Pero eso lo sabe todo el mundo.

¿Cómo ves el estado de la crítica literaria en Chile? ¿Lees crítica literaria?

R: Lamentablemente no existe crítica literaria en Chile, salvo la Patricia Espinosa, que es incorruptible. Es que no puede haber crítica si tal o cual editorial auspicia el medio masivo y luego hay una crítica a un autor de esa editorial que auspicia y la crítica es positiva por esa huevada. ¿Quién auspicia “Artes y Letras” o La Tercera? ¿Te has fijado? O que ciertas editoriales salgan en los medios porque el dueño o editor de esa editorial conoce al crítico, son amigos desde el colegio. Una oligarquía que no ha cambiado desde la época del parlamentarismo. Se da harto esa huevada en Chile. No es un juego limpio. A veces leo crítica, pero en realidad no me interesa. Me da lo mismo. Sé que lo mejor que se está cocinando en Chile ni siquiera es criticado. Además, es increíble como se compran a los periodistas aquí. Deberían reprobar en el ramo de ética.

¿Qué estás leyendo ahora?

La estoy pasando muy bien con Robert Bloch y Carlos Chernov.

Parece haber cierto consenso en torno a ciertas obras decisivas en la formación literaria en general (los clásicos de siempre: Cervantes, Homero, Borges, etc.): ¿podrías nombrar cinco títulos que no entren en esta categoría que hayan sido fundamentales para ti?

En realidad no tengo obras fundamentales en mi vida. Te podría nombrar cinco que me gustaron, pero jamás he tenido obras que me hayan formado. Yo no tengo formación. 1) Desayuno de campeones, Kurt Vonnegut. 2) En las montañas de la locura, H.P. Lovecraft. 3) Los confidentes, Bret Easton Ellis. 4) La casa infernal, Richard Matheson. 5) El bebé de Rosemary, Ira Levin. Y mil más.

¿Qué otros autores te interesan y crees que deberíamos entrevistar aquí?

Me interesa harto Pablo Rumel, autor de la recién salida Atentado celestial. Creo que deberían entrevistarlo, aparte de Sergio Alejandro Amira, autor de Mad Love 500. Con Rumel estamos en el proyecto de una sorpresa que remecerá la literatura policial chilena, que la elevará a territorios inexplorados, absurdos, lejanos al realismo expuesto por Gai o Ampuero. Él es el único que considero hoy por hoy, el 2016, como interesante, sin ego ni pendejadas idiotas, de divo al pedo. Y está alejado del amiguismo y corrupción, de las relaciones públicas, de las chupadas de corneta tan típícas en las nuevas generaciones de escritores jóvenes, de pandilla de cuarta, que Bolaño odiaría. De hecho con Rumel hemos formado el grupo literario de los esteparios. Algo sin importancia, como toda la literatura chilena.

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1 Comment

  • Bien que Ignacio saque a relucir lo pantanoso y endiablado que está el campo minado de la literatura shilena. Un gran porcentaje del Iceberg se compone de lamebotas y ganapanes, personas de la elite o cercanas a la elite, que están siendo encumbradas como lo mejor de lo mejor, pero debajo de esa masa de hielo hay una gran cantidad de autores que están abriendo y creando caminos nuevos, no son protegidos por mafias ni agrupaciones, están realmente del lado salvaje, a la intemperie.

     

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